Película
‘Un dolor real’: en este drama de destellos cómicos, un viaje redefine lazos familiares, reflota traumas y agita afectos
Escrita y dirigida por Jesse Eisenberg, esta inteligente y sentida película mira a la generación X desde dos primos judíos estadounidenses que viajan al hogar de su abuela polaca y a un tour a un campo de concentración. En un trasfondo de memoria y Holocausto, estas vacaciones abren grietas y reviven aquello que (ya casi no) los une.
Es curioso como las vacaciones pueden ser, a la vez, un descanso y un absoluto agotamiento. Y sea cual sea la versión que se viva, la relajante o la extenuante, o las dos al tiempo (es posible en unas vacaciones), usted no será jamás el mismo. Ese es el chiste.
Dentro del universo mismo de vacaciones, especialmente cuando se atraviesan los cuarentas, unas revuelven fibras particulares. Suelen involucrar personas que conocemos a nivel profundo hace mucho y que nos conocen hace mucho... familiares. Han visto nuestros dolores y nosotros hemos sido testigos de los de ellos (directa o indirectamente); han lanzado sus juicios, así como nosotros hemos lanzado los nuestros. Y si bien hay amor, también hay bagaje de lo compartido en el pasado, lo genial y lo duro.
Vacacionar significa tiempo juntos, y ahí se hacen evidentes las distintas personalidades, las discrepancias. Y así como da pie a momentos únicos que nacen de los propósitos trazados conjuntamente, también hace inevitables los choques y las conversaciones complicadas. Viajar con padres, con hermanas, o, en el caso de A Real Pain / Un dolor real, viajar con primos, es una locura...
El plan que se proponen los personajes interpretados por Kieran Culkin (Benji) y Jesse Eisenberg (Dave), en esta producción de 90 minutos que llega esta semana a carteleras del país, que ganó el mayor premio en Sundance y que viene recogiendo nominaciones clave en la temporada de premios (Kieran Culkin venía de ganar el Emmy 2023 a mejor actor en drama, por Succession, y se llevó el Globo de oro 2025 al mejor actor de reparto en Comedia/Musical, por esta película, que seguramente le significará una nominación al Óscar), reúne todos los ingredientes del viaje transformador, memorable, no propiamente por razones felices. ¿Implica esto que no haya destellos de felicidad en el camino? No necesariamente. En los claroscuros está la experiencia humana, y esta película triunfa en reflejarlos.
Lo más leído
En Un dolor real, Eisenberg conectó inspiraciones de su vida para contar una historia sentida, con drama y con gracia y otros cuantos matices interpersonales más. La muerte de su tía nacida en Polonia, a los 101 años, y un aviso en un periódico de un tour a un campo de concentración lo pusieron a pensar, a escribir, y de su cabeza y corazón salió esta creación, que le augura un futuro más allá de la actuación (en la que mal no le ha ido hasta ahora).
La trama de su película sigue a dos primos, los Kaplan, de carácter más bien opuesto, que viajan juntos a Polonia, a conocer la ciudad natal de su abuela, una sobreviviente del Holocausto, fallecida hace pocos meses. También van a tomar uno de los tours de campos de concentración que se ofrecen en ese país. La idea es conectar y rendirle tributo a esa mujer que evadió la lógica exterminadora para que ellos vivieran.
David (Eisenberg) tiene una esposa y una hija pequeña, que empieza extrañar desde que se sube al avión; es algo ansioso, reservado, y trabaja para una compañía de publicidad digital. Benji (Culkin), por su lado, no sabe bien qué hace. Es díscolo, espontáneo, extrovertido, vive del comentario gracioso y la acción inesperada, en su existencia efervescente. Pero, lo vamos viendo, también habita una profunda depresión. Sube muy alto, aterriza muy bajo.
Y así coinciden ambos, después de un buen tiempo, para caminar los pasos de la abuela que compartían, una mujer recia “de pies elegantes”. La abuela, se nos dice, siempre quiso más a Benji; tenía un código para comunicarse con él que nadie más tuvo.
El viaje empieza con el vuelo de ambos Nueva York a Europa, pero solo luego de una introducción que los desnuda a los dos, a uno en su insistencia y al otro en su escapismo. Y luego, pronto, en la dinámica grupal en Polonia, que los ve luego visitar el campo de concentración, se dibuja cómo estos primos diferentes se relacionan con otras personas y cómo ese relacionamiento impacta su relación.
Siempre hay un trasfondo, y este se va descubriendo, y reflota cuando debe (no será espoileado).
A modo de comentario, es probable que Culkin haya ganado más notoriedad precisamente porque su personaje es el atravesado por una depresión y una zozobra tremenda, recubierta de iluminación genuina. Su interpretación es demasiado certera y merece lo que le ha llegado y lo que le viene. A lo largo de la película, su Benji entrega destellos de amor, de brillantez, de cariño, pero también es capacidad de arruinar cualquier ambiente feliz con dos gestos o palabras desobligantes.
Del lado de Dave, la entrega de Eisenberg es especialmente conmovedora en un momento en el que, luego de su primo Benji arruina la cena grupal con un destello de sinceridad, y se retira de la mesa, Dave se sincera ante el grupo sobre su primo. No puede callarlo más, se ve expuesto en público, en necesidad de ofrecer explicaciones al resto, y no tiene más que soltarse y revelar el subtexto que aún entre ellos no han confrontado. Dave ama a Benji, y en muchos momentos quisiera ser como él, pero también le es imposible soportarlo, a ese primo capaz de iluminar un cuarto en dos segundos pero también de sacarle el aire en el mismo lapso y dejar todo en ruinas.
Y lo será hasta que hablen cosas duras. Y aún así, las respuestas de Benji no serán la que Dave espera o quiere escuchar. Benji no tiene un plan. Benji no tiene un plan, excepto, en esos días, tratar de conectar con el primo que, cuando era niño, lloraba por todo, cuando “sentía de verdad”.
Hay personas así, hay relaciones así. Las conocemos. Las queremos con el alma. Les deseamos lo mejor en medio de su existencia indefinidamente tormentosa. A veces somos nosotros, a veces es nuestro mejor amigo, a veces es nuestro hermano o primo. Siempre será una persona familiar. A Real Pain aborda este espacio, que se hace imperdible en sus muy creíbles claroscuros.