Joaquín Abad es un periodista cuyos cuestionamientos a las versiones oficiales, a base de sesudas investigaciones, le han costado que la mafia lo amenace de muerte y que la gran prensa, para no incomodar al poder, soslaye libros como Las putas de Franco, Los novios de Sofía, Letizia, una biografía no autorizada y otros sobre las relaciones entre ETA y Pablo Escobar o la corrupción en el PP y el PSOE.
Ahora, con Los novios de Felipe VI, pone el foco en un personaje a quien los españoles han visto casi que a diario por 50 años y les merece una alta aprobación, pero es en buena medida un perfecto desconocido, por su carácter sobrio y reservado. Parece que el libro termina por confirmarlo.
En el año 2000, Abad oyó el primer rumor de que el entonces príncipe de Asturias era gay y se dedicó a recoger información. El resultado: 290 páginas saturadas de detalles de su vida romántica y sexual oculta, antecedidos por las circunstancias que pudieron originar su conducta. El libro expone que su infancia fue marcada por la ausencia de su padre, Juan Carlos I, ya fuera por sus deberes de rey o por ser un infiel en serie.

Así, creció muy influenciado por una madre sola, Sofía, de quien heredó la introspección y el gusto artístico. Junto con sus hermanas, Elena y Cristina, se crio en un mundo de mujeres. Oírlas a las tres comentar el atractivo o el buen vestir de los hombres pudo llevarlo a desarrollar una sensibilidad y un vínculo fuera del estándar con el mundo masculino. Empero, la mayor enseñanza de Sofía fue ocultar las emociones, así que, para el periodista, la vida del rey se resume en una lucha silenciosa entre deber y deseo.
Empezó a explorar su sexualidad desde los días en el colegio madrileño Santa María de los Rosales, donde conoció a Álvaro Fuster. Con él se podía abrir sin las imposiciones de su rango y tenía comprensión, lo que desem-bocó en un lazo sentimental que perdura.

Para Abad, su majestad sostiene con el empresario una real relación de pareja, es el amor de su vida, mientras que los demás han sido aves pasajeras. El segundo hombre más importante en la vida del rey, Pepe Barroso, también proviene de la infancia y los unen la estética y el humor. La esposa de Barroso descubrió que eran amantes y se divorciaron. Pepe sigue siendo del círculo íntimo del monarca junto con Fuster.
A los 18 años, inició una amistad especial con un cadete mallorquín en la Academia Militar de Zaragoza. Que siempre estuvieran juntos generó suspicacias y los superiores reprendieron al príncipe. A raíz de eso, el rumor del gusto de Felipe por los varones trascendió por primera vez su ámbito privado.
Tras la milicia, inició romances con hombres del mismo tipo de los 38 amantes que Abad asevera haberle descubierto a la reina Sofía en sus frecuentes viajes a Inglaterra: de alto nivel, adinerados, guapos, cultos, amantes de la belleza y discretos. El paso por la Universidad de Georgetown (1993-1995), le permitió cierto anonimato, aunque no se libró de sospechas de que lo suyo con Lucas Almeida y Matthew Halls era más que una amistad de mochileros bien.

Al argentino Martín Araújo lo conoció en un evento benéfico y se quisieron mucho hasta que se devolvió a su país. Con el brasileño Gabriel Nascimento el flechazo se dio en el Metropolitan Club de Nueva York y se veían en apartamentos de amigos comunes. Del politólogo suizo Lucas Meyer quedó prendado en una cumbre diplomática en Ginebra y de Lucca Della Rovere durante unas vacaciones en Toscana. Del affaire con Thomas Schneider le quedó de recuerdo el ejemplar de Meditaciones, de Marco Aurelio, que recibió como regalo con una dedicatoria: “Para aquel que no es libre, pero, aun así, elige”.
El modisto Lorenzo Caprile se lo presentó su hermana Cristina. Casi que al instante leyó que a Felipe le atraían los hombres, apunta Abad, y le dijo: “¿Tú también estás cansado de parecer siempre impecable?”. Esa irreverencia, que lo tratara como a alguien normal, fue lo que lo cautivó de Caprile y de sus demás posibles amantes masculinos. Los dos amores gay más famosos que Abad le endilga al rey son los cantantes Alejandro Sanz y Miguel Bosé, cuya total discreción y falta de presunción por ser tan cercanos a él, destaca. Con ellos se fundía en tríos sexuales, agrega el texto.

Por su parte, Juan Carlos, de quien se dice que durmió con 1.500 mujeres, ansiaba verlo con modelos o aristócratas rubias, sugería candidatas y forzaba encuentros que Felipe eludía. Pasados los 30 años, su vida sentimental y chismes, como que era amante de Alberto de Mónaco, preocuparon al Palacio de la Zarzuela, que le conseguía novias por una agencia de modelos. “Chicas guapas de la tele”, era el pedido.
El príncipe quería a Isabel Sartorius, pero Sofía hizo que la dejara, temerosa de que la drogadicción de su madre afectara a la monarquía. Tras la ruptura, la joven resultó embarazada de una hija, cuyo padre es Felipe, opina Abad.
Los cortesanos entonces lo ligaron con Eva Sannum. También se relacionó con Bárbara Cano, María Zurita, Kendall Matthews, Gigi Howard, Stephanie Ducharme e Inés Sastre, entre otras. Varias de ellas le aseguraron al periodista que era encantador, “pero no me tocó un pelo”. Cuando urgía el matrimonio apareció Letizia Ortiz.
Este noviazgo y su desenlace en boda (2004) también fueron orquestados por la corte, explica Abad. La periodista de Televisión Española se adecuaba por su belleza, buena imagen y porque aceptaría la doble vida de Felipe, dado que también era promiscua y ambiciosa como para aceptar a cambio un lugar en la historia.

En los primeros años de casados desempeñaron fácilmente sus roles, pero desde el nacimiento de su segunda hija, Sofía, llevan vidas separadas. Aunque ella conocía las andanzas de su esposo, se enfadó al saber de la relación muy física y pasional que sostenía con Borja Vázquez. En venganza, corrió a los brazos de su cuñado, Jaime del Burgo, con el que planeaba irse a vivir. La subida al trono, en 2014, atajó la separación e hizo que Felipe moderara sus encuentros con hombres, pero los sigue teniendo.
A los 58, prefiere los jóvenes 20 o 30 años menores. Todo, advierte Abad, con la protección de una prensa que sabe la verdad, pero prefiere evitar que la expulsen de palacio en retaliación por revelar su cara desconocida.
