Población
Crisis de nacimientos en Colombia, expertos hablan sobre las consecuencias que tendrá este cambio demográfico
Ante el desplome de la tasa de natalidad en el país, expertos hablan sobre los escenarios que plantea el cambio demográfico y su impacto a corto, mediano y largo plazo.

Laura Díaz tiene 31 años, es bogotana, filósofa de profesión, editora de textos académicos y tiene muy claro que no quiere ser madre. Las razones detrás de su decisión se basan principalmente en la situación económica que atraviesa el mundo y la cual impacta directamente en la calidad de vida de todos. “Tenemos precariedad laboral, poco acceso a la vivienda y hay una desesperanza generalizada sobre nuestro poder adquisitivo. Para darle una vida digna a un hijo es necesario tener tiempo y dinero, y no es justo con ese hijo tener una madre ausente por estar trabajando todo el día”.
Las razones de Carolina Novoa, periodista, escritora y health coach, son distintas. Ella tiene 37 años y desde muy joven supo que no quería ser madre. Comenzó en la televisión a los 17 años y desde entonces ha dedicado su vida a su profesión. “Para desarrollar mi misión de vida en la escala que yo quiero, debo volar alto y eso no es posible con un hijo; primero, porque no quiero perder mi libertad, y segundo, porque no quiero que ese hijo se vea afectado por mi profesión. A uno como mujer no lo define tener un hijo, nos define nuestra esencia como seres humanos. Las personas deben aprender a respetar la decisión tanto de las que tienen hijos como de las que decidimos conscientemente no hacerlo”, comenta Novoa.
Sobre la decisión de no ser padre, Daniel Alejandro Báez, de 22 años, comenta: “Cuando estaba en mi adolescencia, mi hermana quedó embarazada de gemelos y el padre no se hizo responsable. Esa situación implicó que yo asumiera un rol paterno en la crianza de mis sobrinos. Les enseñé a leer, a caminar, los cuidé y por eso no me siento con ganas de repetir esa experiencia”.

Las razones detrás de decidir no ser madres o padres en el mundo actual son múltiples. De acuerdo con la investigación Donde come uno ya no comen dos: así ha bajado la tasa de fecundidad en Colombia, desarrollada por Nubia Janeth Ruiz, doctora en Demografía, profesora del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Humanas y vicerrectora de Investigación y Extensión de la Universidad Nacional, “la decisión de tener hijos está altamente determinada por la manera como viven las personas en edad reproductiva. Por ejemplo, un entorno seguro, el nivel de ingresos o posibilidades de un futuro estable, así como otras características geográficas, políticas y culturales”. El impacto de la incertidumbre.
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Según ese estudio, “la incertidumbre respecto a la vida misma hace que la decisión de tener hijos o no sea cada vez más una reflexión influenciada por las características económico-sociales de las parejas jóvenes, en particular de las mujeres. Los determinantes morales y religiosos respecto a la reproducción han venido perdiendo fuerza en la sociedad, y hoy pesa más la condición económica y las expectativas de futuro que tiene la población joven en edad reproductiva”.
Independientemente de las razones, la realidad es que los nacimientos en Colombia siguen cayendo. Según las cifras preliminares reveladas por el Dane esta semana, en los resultados de estadísticas vitales, nacimientos y defunciones acumulados, en 2024 nacieron 445.011 bebés, lo que indica que por primera vez esta cifra cae por debajo de los 500.000 desde que comenzaron los registros en 1998. La tasa para 2023 estuvo por encima con 515.549 nacimientos y para 2022 se situó en 575.600.

Aunque la cifra aportada por la entidad para 2024 aún es provisional, ya indica una caída de 70.538 nacimientos frente a 2023, una reducción del 13,7 por ciento en un solo año. Según el mismo reporte, la tasa de fecundidad, es decir, el indicador que mide el número de nacimientos por cada 1.000 mujeres entre los 15 y 49 años, se ubicó en 32, lo que refleja una disminución de 21,3 nacidos vivos respecto a 2015. En cuanto a los departamentos, Bogotá se destaca con la edad media de fecundidad más alta del país, alcanzando los 28,3 años en 2024, mientras que Magdalena presenta la más baja, con 26 años.
Frente a la información aportada por el Dane, Juan Andrés Castro, director del Área de Demografía y Población del Centro de Investigación sobre Dinámica Social (Cids) de la Universidad del Externado, en conversación con SEMANA, señaló que este panorama no debe verse de una “manera catastrófica ni apocalíptica”, sino, al contrario, es un escenario que invita a “repensar los modelos de desarrollo. Este puede ser un momento clave para replantear el sistema educativo, en el que también se liberan cargas y presiones en el sistema de salud en las edades menores y en los sistemas de protección. Esta es una nueva realidad a la que nos debemos enfrentar”.
La caída en la cifra de nacimientos no es totalmente negativa, dado que también muestra un descenso de embarazos adolescentes en el país. Por edad, la mayor reducción se presentó en el grupo de jóvenes de 15 a 19 años, con una baja del 51,1 por ciento, lo que representa 33,8 nacimientos menos por cada 1.000 mujeres. En el grupo etario de 10 a 14 años se registró igualmente una disminución considerable: en 2024 la fecundidad en esta edad se posicionó en 1,6, mientras que en 2020 fue de 2,2 y en 2015 era de 3,1. Esta última cifra llama la atención, especialmente si se tiene en cuenta que en el país cualquier acto sexual con menor de 14 años es considerado violencia sexual. “Por fin vemos caer esa cifra y a todas luces eso es un factor deseado porque en esa edad y bajo ninguna circunstancia debe haber un embarazo”, comenta Castro.
Frente a las oportunidades que trae consigo la transformación demográfica en el país por cuenta de la reducción de nacimientos, Hernando Zuleta, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, señala que “esta disminución en la natalidad está asociada con una caída en la tasa de dependencia de menores de edad. La tasa de dependencia es la relación entre el número de individuos en edad de trabajar y el número de individuos que no están en edad de trabajar. Si bien la tasa de dependencia de adultos mayores está subiendo un poco, la tasa de dependencia de menores está cayendo rápidamente y esa caída en la tasa de dependencia genera posibilidades para que los hogares aumenten su nivel de ingreso, sus años de educación y sus ahorros, fundamentalmente”.

Otro punto importante para tener en cuenta, de acuerdo con Zuleta, es que “en general, cuando se reduce el número de hijos por familias, aumenta la inversión en educación, salud, alimentación, lo cual favorece la productividad a mediano plazo y el bienestar de los niños”. Una oportunidad más, a nivel nacional, es que “en la medida en que tenemos menos niños entrando a educación preescolar, podría haber un incremento en el presupuesto por individuo, esto implica que podría mejorar la calidad de la educación escolar en el país”.
A pesar de que la caída en la natalidad en el país presenta un abanico de oportunidades, también plantea diversos retos. Zuleta asegura que, ante este escenario de baja natalidad, “si no se hacen las cosas bien, los futuros colombianos tendrán que cargar con una mayor deuda pública. La reducción de la población joven y el aumento de personas mayores generarían una mayor demanda de servicios de salud, lo que pondría presión sobre los recursos públicos y privados destinados al cuidado de la salud”.
Otros retos que se asoman ante el desplome de la natalidad tienen que ver con las proyecciones de población, que, según Castro, “no es una cosa menor, dado que estas proyecciones son el insumo con el cual se transfieren los recursos de las entidades territoriales. Además, esta tendencia de baja natalidad implica tener menos personas en edad productiva y mano de obra, lo cual llevaría a que el sistema pensional se vuelva aún más frágil y comience a tener problemas de sostenibilidad”, concluyó.