General retirado Eduardo Enrique Zapateiro.

Opinión

2026, el año de la descontaminación política de Colombia

Hoy abundan los candidatos a la presidencia, pero desde ya debemos evaluarlos, mirando con detalle su trayectoria personal, profesional, ocupacional.

General en retiro del Ejército Nacional Eduardo Enrique Zapateiro Altamiranda
2 de marzo de 2025

Colombianos, sé que al leerlo se escucha muy tóxico, pero estoy seguro de interpretar a muchos compatriotas con el título del presente artículo. Sin embargo, este es un llamado a aquellos que ejercen una de las actividades más importantes de una nación, la política, para que reflexionen en lo que estamos pidiendo los ciudadanos hoy.

Los colombianos nos cansamos de tanta palabrería de todos aquellos que, con su canto de sirena, les prometieron el cielo y la tierra a muchas personas que querían de verdad ver un cambio y creyeron en los del Pacto Histórico, la Colombia humana, la Paz Total y compraron el sueño de la ‘Colombia potencia mundial de la vida’. ¡Por Dios!… creyeron que era un hecho, pero como dice el refrán de nuestros abuelos, “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

No los voy a cansar leyendo todo aquello que hemos venido observando a lo largo de estos desastrosos dos años y 8 meses de desgobierno total. Más bien, la intención es poder tocar sus conciencias e invitarlos a cuidar nuestro país y no seguir la misma rutina de mirar para la izquierda, derecha, centro, centro derecha, centro izquierda y mucho menos hacia atrás con retrovisores, que solo han servido para distraernos y nos han traído al punto en el que hoy nos encontramos.

Necesitamos mirar hacia adelante; concentrarnos en el futuro que queremos construir para Colombia, solo así podremos juntos, como una sola hermandad, ver, escuchar y entender con la razón y no con pasión, quién es el líder que necesitamos, el cual debe estar acompañado de personas que amen a nuestro país y que estén de verdad comprometidos a servirle con cuerpo, conocimiento y alma, para ver materializado de una vez por todas, el sueño de todos los que por muchos años hemos querido ver una Colombia grande, soberana, libre, segura, tranquila, pujante, grandiosa, rica en todo tipo de despensa, un país donde podamos vivir como verdaderos ciudadanos, donde impere el respeto por la vida y la dignidad de las personas, la autoridad, la justicia, la ley y solo así iniciemos a construir todo lo que por las ambiciones personales, ideologías estúpidas y malas costumbres se fue destruyendo.

He asistido a muchas reuniones, conversatorios, convenciones, congresos, seminarios, paneles, foros y la verdad el común denominador de los asistentes es la preocupación creciente por temas como la seguridad, la salud y la economía, los cuales venían funcionando sin mayores problemas, aunque como siempre, con oportunidades de mejora, y de un momento a otro, todo se fue deteriorando por caprichos e ideologías de una persona, acompañado como es lógico de otras que solamente pensaron en ellas y no en el bien común, que es lo que ordena la Constitución Política de Colombia. En ese orden de ideas, la mayoría de los colombianos vemos un futuro incierto, pero que esta misma realidad que hoy enfrentamos nos debe motivar a todos a pensar en país hoy más que nunca.

Cuando salgo a mis actividades cotidianas y familiares, me encuentro con muchísimas personas, las cuales al verme me saludan y preguntan bastante preocupados: “General ¿que vamos a hacer?” … y yo les respondo así: trabajar todos, unidos y comprometidos por nuestra nación. “Pero ¿qué hay que hacer General?” … Les respondo: Entender primero, que elegir a un presidente de la República, es una gran responsabilidad. Que nunca más nos podemos equivocar en este derecho que tenemos de elegir a quien a sus espaldas y acompañado por otro grupo de personas, liderarán y conducirán los destinos de la patria.

Todo esto que estamos experimentando y que es de muchísimo cuidado nos debe llevar a trabajar muy duro para no volver a caer en el mismo error de escuchar solo con la pasión y no con la razón. Nos debemos enfocar en estos nuevos comicios en los proyectos de gobierno, que presentarán todos y cada uno de los candidatos a ocupar ese digno cargo. Hacerles saber que no queremos escuchar, ni mucho menos presenciar peleas entre ellos, eso es lo que nos distrae de lo verdaderamente importante, que son sus propuestas serias, claras, concretas, viables, razonables, alcanzables; que se puedan desarrollar en su cuatrienio y proyectar hacia el futuro. Que de una vez por todas acabemos con la perversidad de la venta de falsas esperanzas y solo así, podremos ver en esa persona, una luz al final del túnel oscuro en el que nos dejamos meter.

Hoy abundan los candidatos a la presidencia, pero desde ya debemos evaluarlos, mirando con detalle su trayectoria personal, profesional, ocupacional; mirar si esa persona ha sido un ciudadano o ciudadana correcta en su vida, con un don de gente y de conducta irreprochable, educada, trabajadora con unos perfiles bien definidos, una persona con un gran sentido de pertenencia por su país, con principios éticos, valores morales, de buenas costumbres, una persona digna de representarnos y de la cual nos sintamos orgullosos.

Por todo lo anterior les pido, con todo respeto, humildad y con amor patrio, como general de la República de Colombia, como soldado de la patria y como un ciudadano más de nuestro país, que no solo seleccionemos muy bien al hombre o la mujer que será nuestro próximo presidente, sino que con igual detalle nos fijemos en quienes serán nuestros legisladores (Senadores y Representantes). Porque en nosotros estará cimentado el camino y el futuro inmediato de nuestra nación. Llegó el momento de ponerle fin a la contaminación política de Colombia.

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