Jorge Enrique Vélez, columnista invitado

OPINIÓN

¿Chávez vive?

Desde aquel día en que el presidente de Colombia ordenó, en directo, la transmisión de un consejo de ministros —un hecho que generó amplias repercusiones—, las similitudes con Hugo Chávez se han hecho más evidentes.

Jorge Enrique Vélez
2 de abril de 2025

Durante la campaña electoral que llevó al actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, al poder, hubo una pregunta recurrente en debates y entrevistas: ¿Si Petro ganaba, Colombia se convertiría en Venezuela? Este temor tenía una lógica detrás, dado el estrecho vínculo que Petro tuvo con Hugo Chávez y la influencia de su modelo de gobierno.

Muchos hechos demuestran hoy que aquel temor no era infundado. Es innegable que varias políticas y decisiones del actual gobierno guardan similitudes con lo ocurrido en Venezuela. No obstante, es importante reconocer que los contextos son distintos, y en Colombia, la separación de poderes ha sido, hasta ahora, un blindaje que impide al presidente desmantelar una democracia de más de 200 años, como sí sucedió en el país vecino.

Aun así, muchos —incluyéndome— creemos que las intenciones de Gustavo Petro apuntan en esa dirección, pese a que él lo niegue. Lo que sí es innegable es que, día tras día, Petro se asemeja más a Hugo Chávez, no solo por ciertas actitudes autoritarias, sino por decisiones que parecen calcadas de las que tomó el expresidente venezolano. Basta con analizar algunas de las medidas implementadas en el último año para notar cómo el Gobierno colombiano sigue un libreto muy similar al de Chávez.

Desde aquel día en que el presidente de Colombia ordenó, en directo, la transmisión de un consejo de ministros —un hecho que generó amplias repercusiones—, las similitudes con Hugo Chávez se han hecho más evidentes. Durante su gobierno en Venezuela, Chávez utilizaba frecuentemente los medios de comunicación, tanto públicos como privados, para emitir discursos, destacándose su famoso programa Aló, presidente, que podía durar varias horas.

Algo similar ocurre hoy con los consejos de ministros del presidente Petro, que se transmiten en vivo por televisión nacional. Al igual que Chávez, Petro encadena los canales públicos y, en ciertos casos, privados, obligándolos a emitir sus mensajes bajo el argumento de que es la mejor forma de comunicarse con el pueblo y abordar temas de política, economía y asuntos de interés nacional.

La única diferencia, por ahora, es que Chávez también utilizaba cadenas radiales para garantizar la máxima difusión de sus discursos en todo el territorio venezolano. No sería sorprendente que, en el futuro, los consejos de ministros en Colombia también sean transmitidos obligatoriamente por las emisoras del Estado y privadas, con el argumento de que el espectro radioeléctrico es propiedad del gobierno, como ya lo ha manifestado Gustavo Petro.

Otra de las acciones más representativas de Hugo Chávez en Venezuela fue la intervención total de los gremios productivos. Es importante recordar cuando declaró abiertamente la guerra a estos sectores, a los que calificaba como representantes de la oligarquía. En uno de sus discursos más conocidos afirmó: “Vamos a ver quién puede más: si ustedes, burgueses de pacotilla, o quienes queremos la patria”, y acto seguido agregó que los empresarios habían “destruido Venezuela y dejado un país destrozado”.

Desde plazas públicas y medios de comunicación, Chávez notificó a los líderes empresariales que su gobierno libraría una lucha contra ellos, una confrontación en la que utilizó a las organizaciones sindicales como aliadas estratégicas.

Llama la atención que, en Colombia, el presidente Gustavo Petro mantiene un discurso similar en sus consejos de gobierno, atacando a la oligarquía con frases como: “Nunca habrá paz en Colombia con dirigentes empresariales que crean que esclavizando al trabajador se genera riqueza”.

Esta retórica se ha visto reforzada con la expedición de la Resolución 52 del Ministerio de Agricultura, la cual pretende imponer controles sobre los gremios agropecuarios, dándole al gobierno la facultad de intervenirlos, remover a sus directivos y acceder libremente a su información. No es casualidad que el sector intergremial haya manifestado su rechazo, calificándolo como “un nuevo intento del Gobierno por limitar la vocería legítima de los gremios y restringir el ejercicio de sus labores”.

Todo esto parece apuntar a un objetivo claro: la Federación Nacional de Cafeteros. En repetidas ocasiones, el Gobierno ha intentado tomar el control de esta entidad sin éxito, debido a la solidez y autonomía de los cafeteros colombianos. Petro ha acusado públicamente a la Federación de ser un símbolo del “robo del café por parte de la oligarquía”, y en el pasado intentó organizar una asamblea con las bases cafeteras para apoderarse de la entidad, sin lograrlo.

Ahora, con esta resolución, lo que no pudo hacer por otros medios parece intentar lograrlo vía administrativa. El Ministerio de Agricultura busca intervenir los gremios y remover a sus directivos, particularmente a aquellos que no se sometan a las directrices del gobierno.

Más allá de las implicaciones gremiales, esta estrategia podría tener un trasfondo político. No sería extraño que la intervención de los gremios que manejan fondos parafiscales termine sirviendo como excusa para redirigir esos recursos hacia actividades políticas, fortaleciendo la campaña de la consulta y las elecciones de 2026.

¿Se puede descartar por completo que Chávez sigue vivo? La respuesta parece evidente cuando se analizan las acciones del actual presidente de Colombia, cuyo estilo y liderazgo reflejan muchas de las prácticas del exmandatario venezolano. Sus actuaciones no pueden pasarse por alto, y más allá de la intervención en los medios de comunicación y los gremios productivos, es probable que en los próximos meses implemente otras medidas inspiradas en la ideología del socialismo del siglo XXI.

Petro y Chávez comparten una visión política de izquierda, basada en el discurso de reducir la pobreza y la desigualdad, una narrativa que, en la práctica, ha servido como un sofisma de distracción para perpetuarse en el poder. Al igual que en Venezuela, el presidente colombiano ha recurrido a un discurso populista, apelando a los sectores más pobres de la sociedad y enfrentándose a las élites económicas y políticas para justificar la implementación de políticas intervencionistas. Ejemplos recientes de esto han sido su intento de control sobre los medios de comunicación y la intervención en los gremios productivos.

Sin embargo, a diferencia de Venezuela, en Colombia la separación de poderes ha servido como un contrapeso que, hasta ahora, ha impedido que estas estrategias avancen sin resistencia. La intervención en los medios y en los gremios seguramente tendrá un límite, pues no cabe duda de que el Consejo de Estado tomará decisiones en defensa de la libertad de expresión y de asociación.

Por todo esto, y mucho más, la sombra de Chávez sigue presente en Colombia a través de la gestión del presidente Petro.

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