Se le llama la diplomacia del lobo guerrero. Ha sido utilizada en muchos otros países, y en Colombia el actual embajador de China, Zhu Jingyang, la utiliza para mostrar el poder de su país y, de paso, amedrentar a quienes se oponen a sus políticas o a quienes los critican.
El embajador, que, entre otras, me tiene bloqueado en Twitter, ya lleva tres sablazos en el último año, dos en contra del Gobierno de Abelardo De La Espriella y uno en contra del presidente del gremio industrial, la Andi, Bruce Mac Master. Esta agresividad es nueva en Colombia, y ya entraremos a analizar los casos, pero no es nueva en el mundo o en la región, lo que muestra a un país que pasó del poder supuestamente blando de la nueva ruta de la seda –ellos la llaman la Iniciativa de la Franja y la Ruta– al poder duro del chantaje y de la presión propia de un imperio, que, no nos digamos mentiras, es lo que China ya es.
Algunos ejemplos de esta diplomacia del lobo guerrero muestran que no es un embajador proactivo o agresivo. Es una política creada en Beijing para mostrar poder y reacción. En Brasil está el caso más duro de este tipo de diplomacia agresiva, que ya es normal, la verdad, y no es sino ver lo que Gustavo Petro dijo en sus trinos o lo que el mismo Donald Trump dice en los suyos. Sin embargo, la diplomacia china tenía otra característica que en el mundo de las redes cambió de forma y de fondo.
En Brasil, un país en el que el embajador de China es más poderoso que el gobernador de São Paulo, un hijo del presidente Jair Bolsonaro, Eduardo, criticó en marzo de 2020 –pleno inicio del covid– a China. Dijo que China era una dictadura, ocultaba el origen del covid y lo comparó con Chernóbil. El embajador Yang Wanming contestó diciendo que Eduardo había contraído un “virus mental”, pidió una retractación y la embajada china retuiteó un mensaje de un brasileño que dijo que la familia Bolsonaro era “un veneno para Brasil”. El incidente diplomático creció hasta que el mismo presidente Bolsonaro bajó la temperatura del enfrentamiento. Sin embargo, el antecedente había quedado claro. Un año después, China ayudó, usando toda su influencia, a sacar al canciller Ernesto Araújo del cargo, pues era un obstáculo para el crecimiento de la influencia china en Brasil.
Lo mismo sucedió con el embajador Lu Shaye, quien en pleno covid acusó a Francia de dejar morir a sus ancianos en las residencias geriátricas y luego insultó al investigador francés Antoine Bondaz: primero de ser un “granuja” y un día después de ser un “trol ideológico” y una “hiena”. Lo más grave ocurrió dos años después, cuando Lu, en plena guerra de Ucrania, desconoció los países que habían nacido de la disolución de la Unión Soviética. La Cancillería china dijo que respetaban la soberanía de esos países, una retractación a medias, y nunca sancionó a Lu, quien se mantuvo en el cargo hasta 2024, lo que muestra que su diplomacia agresiva es parte de la política exterior china.
Nos tocó ahora a nosotros en Colombia aguantar esa diplomacia del lobo guerrero. Luego de los cuatro años de amor con Petro, y no es sino ver las declaraciones oficiales, ahora arrancan con dos trinos agresivos del embajador. Uno por la ayuda y el segundo por no ser convocados a una reunión de agradecimiento de la ayuda por el terremoto. Si le sumamos lo que pasó con Mac Master, quien por defender a los productores nacionales fue acusado de hacer un “show”, o los medios, de ser unos “estúpidos” por preguntar sobre la censura en Deep Seek, la inteligencia artificial china, tenemos que entender que hay un embajador protagonista de esa diplomacia que se va a enfrentar con el Gobierno y su cercanía a Estados Unidos.
El canciller Omar Bula tiene clara esa nueva disputa geoestratégica que enfrenta a los dos grandes poderes del mundo y cómo esa batalla se va a dar en América Latina. Ha escrito sobre eso y en especial ha sido muy duro con China en opiniones en redes sociales. Luego de ser nombrado canciller, moderó su discurso de manera clara y dijo que quería tener una “relación pragmática con respeto y beneficio mutuo”. Por eso sorprende la agresividad de Zhu y deja entrever una relación más confrontacional por parte de China cada vez que Colombia tome decisiones que ellos consideran incorrectas o que los perjudiquen.
Obviamente, la que más les interesa por su significado político y su efecto internacional es la posible y casi que segura salida de Colombia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, algo que se ve venir, pues hoy aporta poco en términos reales y sí genera tremendo malestar en el Gobierno de Estados Unidos, con quien De La Espriella está totalmente alineado.
Esto presenta una gran oportunidad: listo, USA, me salgo de la Franja, ¿y usted qué me da? La transaccionalidad de la actual administración americana abre esa puerta, que sería mejor si el presidente llega a Washington con una propuesta integral para el Escudo de las Américas, concertada con los otros países de la región, que no puedan rechazar.
Zhu dio el papayazo. ¿De La Espriella, Bula y Araújo lo van a aprovechar? Amanecerá y veremos.
