OPINIÓN

Francisco Santos

Comenzó la campaña y también la guerra sucia

Debemos tener una campaña que le cuente y le muestre con testimonios a la gente lo que va a perder si gana Cepeda.
21 de marzo de 2026, 7:02 a. m.

Ya sabíamos que esa iba a ser la reacción. De lado y lado. Lástima, pensé que lo que Abelardo decía, el enemigo es Iván Cepeda, era verdad y se iba a comportar como lo había hecho hasta ahora. Pero no, su padre ya fue claro, el enemigo es Paloma, y sus seguidores, empezando por Enrique Gómez, ya comenzaron la guerra sucia contra Paloma, Oviedo e incluso Álvaro Uribe.

Lo de Iván Cepeda era de esperarse. El Pacto Histórico, el presidente Petro y, obviamente, Cepeda se nutren de la polarización, de la exclusión, de la ofensa y la descalificación. Cepeda, quien hasta las primarias de hace 15 días parecía un lord inglés socialdemócrata, ya sacó las uñas y con lo que dijo de Antioquia y de los antioqueños mostró su verdadero rostro.

De ellos, esa izquierda radical, solo podemos esperar lo peor, que ya con la movilización de la supuesta minga, que fue repelida en Medellín y debe ser contrarrestada en todas las ciudades, mostró para dónde van. Si no ganan, que ahora es posible, van a querer incendiar el país como en 2021, y no los debemos dejar. Bien por todos los que salieron a enfrentar a esos indígenas manipulados que para nada representan a los indígenas de Colombia. Son una minoría pagada, pero debemos estar prestos para reaccionar en toda Colombia.

Lo de Abelardo y sus seguidores sí me deja preocupado y, la verdad, un poco molesto. Nunca voy a reaccionar con agresividad, como ellos lo están haciendo, pero sí están mostrando una actitud que deja mucho que desear. Que los engañamos al pedirles votar por Paloma en la consulta. Ni más faltaba, Abelardo fue quien no quiso dejarse contar, por un lado, y, al contrario, como Petro y Cepeda, pidió no votar en la consulta. Los votos que se dieron en esa elección mostraron un centro y una centroderecha fuerte. Eso es lo que necesitábamos para mostrar fuerza y que lo de Cepeda no fuera inevitable. ¿Esa fuerza es mala? No, al contrario, demostró que ganarle a Cepeda es posible si en segunda vuelta nos unimos.

Abelardo, apelando a su discurso de outsider, sí recibió al alcalde de Medellín, Fico Gutiérrez, y al de Barranquilla, Álex Char, quienes no son outsiders para nada. Ahora, al ver que ningún partido se le va a sumar, reniega de ellos y dice que no los quiere en su campaña. No sé quién lo está asesorando, pero la lección de la descalificación de Oviedo parece no haberla aprendido. Una elección se gana sumando, y hoy, desafortunadamente, Abelardo y muchos de sus seguidores, no todos, en eso tengo que ser claro, no han entendido.Esa debe ser la campaña de Paloma. En Colombia el centro aún es importante, muy importante, y esa radicalidad lo asusta y lo aleja. Muchos piensan que es posible hacer una campaña como la de Milei en Argentina, pero se olvida que los Kirchner gobernaron por 20 años, mintieron por 20 años, arruinaron esa clase media en 20 años y mataron ese centro. Ya nadie creía en ese discurso que empobreció y acabó con el segundo país más rico del continente. Colombia aún no está allá.

Paloma tiene que llegarles al pensionado que vive de sus 2 o 3 millones de pesos, al maestro que vive de sus 4 o 5 millones y mostrarles lo que pasó en Venezuela y en Argentina. Casi que la campaña debe ser “aún estamos a tiempo” para evitar que esa pensión que hoy es de 500 dólares mensuales acabe siendo de 5 dólares, como en Venezuela. Al maestro y a quien gana un salario mínimo –e incluso al informal–, solo hay que hacerles entender que su ingreso, con el desorden que vendría siendo si gana Cepeda, se va a disminuir hasta volverse pírrico. Esa narrativa es válida, y no la sabemos contar. El relato de los venezolanos y de los argentinos debería estar inundando las redes para llegarles a esos votantes que pueden perder lo poco que hoy tienen. Los ricos se salvan, porque son los primeros que se van, como ya está sucediendo. Los pobres y la clase media se arruinan, pasan hambre y, como ya lo vivimos con el vecino país, se acaban yendo de Colombia.

En Venezuela y en Argentina ese horror demoró una década. Eran países ricos, mucho más ricos que Colombia. Acá con un gobierno de Cepeda estamos en default de deuda en dos o tres años, inflación brutal en ese mismo lapso y la pobreza creciendo. Esa narrativa, que, además, es real, debemos hacerla llegar a todos esos viejos pensionados, trabajadores públicos y de salario mínimo mostrándoles cómo un maestro gana 5 dólares al mes en Venezuela, un pensionado algo similar y un militar unos pocos dólares más.

Claro, el epicentro de la campaña debe ser de futuro, de optimismo, de la recuperación de la salud y de la seguridad, hoy perdida, entre otras cosas. Pero por debajo debemos tener una campaña que le cuente y le muestre con testimonios a la gente lo que va a perder si gana Cepeda para que no cometamos el error de los venezolanos o de los argentinos.

La recta final de esta elección comenzó y hoy soy optimista. Cauteloso pero optimista. No nos debemos descuidar.