OPINIÓN

Jorge Barón

El ajedrez vicepresidencial

Estos comicios evidencian que los vicepresidentes podrían jugar un mayor rol en la elección del primer mandatario.
20 de marzo de 2026, 2:18 p. m.

Hace ya unas semanas se celebraron las elecciones al Congreso de la República y las consultas interpartidistas, lo que dio pie al anuncio oficial de las campañas presidenciales para elegir sus respectivos vicepresidentes, un hecho que desembocó en polémicas y fracturas entre diferentes campañas presidenciales que van a competir en esta primera vuelta. Si bien la figura del vicepresidente por años ha representado matrimonios políticos o alianzas simbólicas para obtener más poder, justamente estos comicios dejan ver que los vicepresidentes podrían jugar un mayor rol en la elección del primer mandatario.

En un principio, es crucial destacar la propia definición y funciones de este cargo. Según la Constitución, el vicepresidente es el encargado de sustituir al presidente en sus funciones cuando este no cuente con las capacidades físicas o mentales para asumir el cargo. En tiempos anteriores, su participación era muy limitada; sin embargo, en la Colombia contemporánea se les han dado funciones ministeriales a estos funcionarios, por lo que su valor no solo es simbólico, sino también funcional, de acuerdo con sus conocimientos.

En ese sentido, es menester analizar a las fórmulas vicepresidenciales que actúan como captadores de votos que irónicamente representan las deficiencias de los candidatos presidenciales. En primer lugar, tenemos a Juan Daniel Oviedo, el vice de Paloma Valencia. Un hombre que se convirtió en el representante del centro político y cuenta con una amplia votación, alejada de las maquinarias tradicionales.

Su rol consiste en atraer al centro político y a los indecisos, quienes, a pesar de no congeniar con el Centro Democrático, pueden convertirse en votantes solo por tener la presencia de Oviedo. Esta dupla ha sido la más polémica de las presentadas. Esto se debe a la ideología de Oviedo, que es incompatible con la candidata del uribismo.

No obstante, en los últimos días se ha visto que congenian bastante, incluyendo a los demás miembros de la amplia consulta, como se observó en el evento realizado en el Gran San o en la Registraduría. De hecho, tanto en la encuesta desarrollada por SEMANA en días pasados como en la de RCN del día de ayer, se muestra un exponencial crecimiento en Paloma Valencia y una oportunidad de superar a Iván Cepeda.

En segundo lugar, tenemos al exministro José Manuel Restrepo, quien representa el tecnicismo que le falta a Abelardo de la Espriella. El Tigre se ha caracterizado por llevar una campaña de eventos, discursos, eslóganes y una estrategia digital. No obstante, ha sido criticado en varias ocasiones por su falta de tecnicismo y propuestas concretas; es así como, al incluir a Restrepo, busca subsanar esa debilidad y mostrarse como un candidato más moderado y serio.

Fajardo, por su parte, escogió a Adriana Bonilla, exsecretaria de Educación de Bogotá, quien no resulta ser un recurso para ganar más votos, sino una técnica que complementa las habilidades de Fajardo para desarrollar una política pública efectiva en materia de educación.

Por último, Iván Cepeda, el llamado heredero de las Farc, repite la estrategia de su predecesor y recluta a Aida Quilcué, actual senadora. Ella representa a la población indígena, mostrando así la diversidad e inclusión en el proyecto político del Pacto. Esto ocurre a pesar de la exclusión que le hizo el actual presidente a Francia Márquez, probándole a las minorías que su valor es exclusivamente electoral.

En conclusión, queda claro que las principales campañas presidenciales, excluyendo a Fajardo, escogieron a sus respectivos vicepresidentes con el objetivo de subsanar sus deficiencias políticas y ganar más adeptos que se sitúan fuera de su esfera política. Por lo cual, el valor del vicepresidente resulta tomar mayor protagonismo que la misma figura del presidente. Asimismo, han empezado una competencia mucho más agresiva. Sin embargo, es importante destacar que en el centro-derecha y la derecha se presenta una fractura importante, la cual puede afectar tanto a la campaña del Tigre como a la de Paloma.

Esta Guerra Fría entre ambas partes, en las que empiezan a atacarse los unos a los otros con indirectas que solo generan división en la derecha, es completamente insostenible. Esto podría dar como resultado la victoria de Iván Cepeda. Es así como le pido encarecidamente a la derecha que no fomente las luchas entre hermanos partidistas, ya que tanto Paloma como el Tigre representan un muro de contención contra el comunismo.