Sofy Casas

Opinión

El derrumbe del entramado judicial contra Álvaro Uribe

Uribe es el trofeo que la extrema izquierda quiere izar para afianzar su venganza, al querer verlo derrotado y sacarlo de su camino. La justicia no puede ser utilizada como un instrumento de guerra política.

Sofy Casas
4 de abril de 2025

El caso que ha perseguido a Álvaro Uribe Vélez durante más de siete años, y que ha resultado ser uno de los mayores montajes judiciales en la historia reciente de Colombia, se está desmoronando bajo el peso de la verdad. Tras años de acusaciones, testimonios falsos y manipulaciones flagrantes, los pilares sobre los que se sustentaba el proceso contra el expresidente están colapsando uno a uno. El entramado fabricado por Iván Cepeda y ciertos sectores del poder político está cayendo por su propio peso, dejando al descubierto una manipulación de la justicia sin precedentes. Es un escándalo de dimensiones insostenibles.

La base sobre la que se construyó el caso contra Uribe fueron los testimonios de exparamilitares que, al parecer, habrían sido coaccionados, sobornados o manipulados para declarar en su contra. En un giro sorprendente, varios de estos testigos han comenzado a desmontar las mentiras que se tejieron para fabricar el caso.

El testimonio de Elmo José Mármol es una de las piezas fundamentales en esta trama. En 2012, Mármol envió una carta a la Corte Suprema de Justicia en la que afirmaba que Iván Cepeda le había ofrecido beneficios judiciales a cambio de dar un falso testimonio contra Uribe. Mármol también lo señaló en plena audiencia, en la que reconfirmó su testimonio. Este testimonio no solo demuestra la manipulación detrás del caso, sino que revela la estrategia de Cepeda para utilizar la justicia como un arma política.

Giovanni Alberto Cadavid, otro de los exparamilitares que tuvo un papel crucial en las acusaciones contra Uribe, también declaró que recibió ofertas de beneficios, incluido un posible asilo político, a cambio de testificar en su contra. Estas revelaciones ponen de manifiesto que los testimonios que sustentaban el caso estaban construidos sobre mentiras y promesas de favores judiciales.

El caso se debilita aún más cuando analizamos el testimonio de Máximo Cuesta Valencia. Si bien fue considerado un testigo clave, Cuesta recientemente declaró que nunca fue contactado por Iván Cepeda para ofrecerle beneficios, lo que contradice otras versiones que decían lo contrario. Este tipo de inconsistencias pone en evidencia la fragilidad del caso y deja claro que la versión oficial no tiene bases sólidas. Esto demuestra la incoherencia de un testigo clave.

Uno de los testimonios más reveladores ha sido el de Juan Carlos Sierra, alias el Tuso Sierra. Este exparamilitar, que fue utilizado por Cepeda para crear una narrativa en su contra, mostró al país uno de los momentos más oscuros de esta manipulación judicial. De acuerdo con el Tuso, en 2009, Iván Cepeda y la senadora Piedad Córdoba lo visitaron en una cárcel federal en Washington, Estados Unidos, y le ofrecieron gestionar un asilo político para su familia en Europa, a cambio de que testificara contra Uribe, su hermano Santiago Uribe y su primo Mario Uribe Escobar. Este testimonio no solo muestra la manipulación de testigos, también cómo la política y los intereses personales de algunos actores estuvieron por encima de la justicia. Este ofrecimiento de asilo político en países como Suiza y Francia es la evidencia más clara de que el caso contra Uribe nunca fue sobre la verdad, sino sobre un montaje político.

Otro personaje funesto mencionado por alias el Tuso fue Danilo Rueda, excomisionado de Paz, quien, según sus denuncias, fue la persona encargada de gestionar el trámite de asilo para su familia. Rueda, con su intervención, se convirtió en uno de los operadores clave detrás de la trama, facilitando la manipulación judicial mediante la promesa de un futuro mejor para los exparamilitares a cambio de sus testimonios falsos. La implicación de Rueda confirma lo que muchos ya sospechaban: el caso de Uribe nunca fue una lucha por la justicia, sino una guerra política disfrazada de proceso judicial. ¿Por qué la justicia no ha tomado acciones contra Rueda?

Uno de los personajes que mejor ilustra la manipulación es Pablo Hernán Sierra. Este exparamilitar, quien ha sido señalado como un testigo clave, negó rotundamente haber sido amenazado por Álvaro Uribe. Al contrario, Sierra tildó a Iván Cepeda de ser el “enemigo número uno” del expresidente. Alias Pipintá fue el principal responsable de la fabricar la narrativa en contra de Uribe, comenzando a manipular testigos y creando historias falsas con fines políticos. Este exparamilitar fue quien, en primer lugar, se reunió con Cepeda y comenzó a hablar mal de Uribe, lo que fue el inicio de todo el entramado. Fue precisamente él quien le presentó a Cepeda a otro “testigo”, quien resultó ser el famoso “testigo estrella” de Cepeda, Juan Guillermo Monsalve, uno cuya credibilidad ha sido gravemente cuestionada.

Ante las evidentes contradicciones en los testimonios y la falta de pruebas, la Corte Suprema de Justicia abrió una investigación a algunos de estos exparamilitares por presunto falso testimonio. Sin embargo, el Tribunal Superior de Bogotá decidió incluir a estos mismos exparamilitares en el proceso judicial contra Uribe. Esta decisión plantea serias dudas sobre la imparcialidad del sistema judicial colombiano y abre interrogantes sobre los intereses políticos que están detrás de este proceso.

Hoy, esta infamia se está desmoronando bajo el peso de la manipulación, las falsedades y las contradicciones. Esta pantomima orquestada por Iván Cepeda, en que se muestra claramente que sí existe un cartel de falsos testigos para llevar a Uribe a la cárcel, se les está cayendo a pedazos. Las evidencias de manipulación de testimonios, la oferta de beneficios, dádivas y asilo político a cambio de mentiras, y las declaraciones contradictorias de los testigos, dejan claro que el caso nunca fue sobre la justicia, sino sobre un ataque político y personal a Uribe.

Uribe es el trofeo que la extrema izquierda quiere izar para afianzar su venganza, al querer verlo derrotado y sacarlo de su camino. La justicia no puede ser utilizada como un instrumento de guerra política. Es hora de que la verdad salga a la luz y los responsables de este entramado sean llamados a rendir cuentas. El abogado Jaime Granados debe llevar este caso a instancias internacionales para proteger no solo los derechos del expresidente, sino también los de todos los colombianos en el futuro. La caída de este caso debería servir como una lección sobre el abuso del sistema judicial con fines políticos.

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