Cuando celebraban su reelección como congresistas, Wadith Manzur y Karen Manrique recibieron la noticia de que la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia había proferido orden de captura en su contra. La Corte ordenó que fueran llevados a la cárcel, al considerar que hay indicios suficientes para determinar que habrían negociado contratos en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) a cambio de apoyos al Gobierno.
Por este inmenso desfalco son investigados también los congresistas Liliana Bitar, Julián Peinado, Juan Pablo Gallo, Juan Diego Muñoz y Martha Peralta, y ya se encuentran tras las rejas el expresidente del Senado Iván Name, el expresidente de la Cámara Andrés Calle, los exministros Luis Fernando Velasco y Ricardo Bonilla, y la exconsejera de Regiones Sandra Ortiz. Esto sin contar al propio director Olmedo López y a su subdirector Sneyder Pinilla, además de asesores y contratistas. Hoy están prófugos Carlos Ramón González, exdirector del Dapre, y César Manrique, exdirector de la Función Pública.
Cuesta creer que esta inmensa red de corrupción de la que formaron parte funcionarios del más alto nivel del Gobierno hubiera operado por simple iniciativa de Olmedo López, cuyo único cargo relevante había sido ser secretario de Ambiente de la alcaldía de Itagüí. Es difícil creer que se movió casi un billón de pesos en contratos fraudulentos, aprobando créditos de la nación, declarando una emergencia inexistente, por pura iniciativa de un director y un subdirector de poca monta, Sneyder Pinilla, exalcalde de Sabana de Torres (Santander). ¿Estos funcionarios tenían el poder de hacer correr tras sus ambiciones al gabinete presidencial y a la mano derecha del presidente?
¿Quién diseñó la estrategia de desfalco de recursos, que se repitió de forma sistemática en toda Colombia? ¿Para qué se necesitaba ese monto desbordado de recursos a pocos días de las elecciones regionales?
A veces parece que el país creyera que el desfalco de la UNGRD se resume en los carrotanques de Uribia. Por el contrario, estos contratos de carrotanques, alquiler de maquinaria amarilla y hasta construcción de muros de contención se repitieron en Sucre, Santander, Boyacá, Tolima, Bolívar y Arauca, por citar algunos. Las ollas comunitarias, por ejemplo, fueron 1.130, por 159.000 millones, distribuidas en todo el país, y ni siquiera se sabe si se ejecutaron. Nada de esto está siendo investigado. ¿Por qué la Fiscalía quiere cerrar este caso con los carrotanques y con los principios de oportunidad de Olmedo y Sneyder?
La periodista Paula Bolívar, quien destapó el escándalo, cuenta en su libro El desastre de los decentes que le preguntó varias veces a Olmedo cómo llegó a la UNGRD. “Olmedo López se queda en silencio… y escribe: ‘financiación, campaña presidencial, Cámara y Senado’. Encierra las cinco palabras y dice: –Eso es otro mundo… ¿Esas palabras qué significan? –Son misiones de militante”, se lee en el libro. Olmedo deja claro que se trata de algo demasiado delicado y que hablar de la razón de su nombramiento en la UNGRD pone su vida y la de varias personas en riesgo.Hay dos detalles que no se pueden perder de vista. Detrás de López ha estado el sombrío senador conservador Carlos Trujillo, quien impulsó la carrera de Olmedo cuando lo nombró su secretario en la alcaldía de Itagüí. Curiosamente, Trujillo se convirtió en el amo y señor de las votaciones en Uribia, un municipio en el que ni siquiera lo conocían, y epicentro de toda la corrupción de gestión del riesgo.
Trujillo fue uno de los grandes aliados de Petro en su campaña. Sin embargo, hasta hoy no hay una sola prueba que lo vincule a este escándalo. ¿Fue este senador quien pidió poner a Olmedo al frente de la UNGRD?
El segundo detalle es el papel que desempeñó Carlos Ramón González. El hoy prófugo y Olmedo López se conocen desde hace décadas, cuando militaron en el M-19. López le ha dicho a la justicia que solo cumplió órdenes de Carlos Ramón, su jefe político. Pero no es solo Olmedo el que lo llama jefe. En distintos chats, Sneyder Pinilla se refiere a él como “el jefe” o “el grande”. ¿Fue Carlos Ramón quien puso a Olmedo en la UNGRD?
La exconsejera de Regiones Sandra Ortiz dijo a Noticias Caracol: “A mí me dieron una instrucción en Presidencia, me la dio Carlos Ramón”. Sneyder y Olmedo han dicho que fue González quien dio la orden de entregarles 4.000 millones de pesos a Name y a Calle a través de Sandra Ortiz.
Ortiz y González eran muy cercanos. La exconsejera de Regiones tenía una amistad profunda con Luz Dana Leal, la esposa de Carlos Ramón. Es Ortiz quien consuela a Luz Dana ante una supuesta infidelidad de Carlos Ramón y quien está pendiente de cómo evolucionan los problemas de salud del prófugo exdirector. Tan cercanos eran, que Ortiz los invitó a pasar juntos el fin de año de 2023, aunque no lo hicieron.
A pesar de la evidente información que posee Sandra Ortiz, la Fiscalía no quiso otorgarle beneficios. Consideró que no tenía información relevante para aportar.
En el libro de Bolívar, Olmedo habla de un eslabón perdido en la historia de la avioneta de la campaña a la presidencia y que fue el que consiguió el dinero para que Petro ganara en segunda vuelta. Se refiere al contrato con la Sociedad Aérea de Ibagué (Sadi) para vuelos chárter durante la campaña, que no fueron reportados; por eso el CNE determinó que se volaron los topes. ¿Quién es ese eslabón perdido?
Nadie está buscando la pieza que falta y el camino a ella, Carlos Ramón González, hoy baila salsa en Nicaragua libre, gracias a la gestión que le prestó la misma Embajada de Colombia para que pudiera volarse.
