OPINIÓN

Alejandro De Bedout Arango

La Virgen de los sicarios

Se le acabó el libreto y se le agotó el tiempo. Ya no hay ‘paz’ que oculte el olor a azufre de sus gestiones.
17 de abril de 2026, 11:13 a. m.

A Fernando Vallejo se le agotó la tinta antes de tiempo. Su Virgen de los sicarios era apenas una figura de yeso a la que los muchachos de las comunas le rezaban para que la bala no se torciera. Pero hoy, la ‘Virgen’ ya no es una estatuilla en una repisa; hoy tiene oficina en el Congreso, camionetas blindadas del Estado, escoltas y responde al nombre de Isabel Zuleta. Esa virgen a la que hoy le rezan alias Douglas, Pesebre, Tom, Vallejo, Lindolfo...

Ya no es el consuelo místico de un sicario en una esquina; es una senadora que, según las denuncias, se convirtió en la patrona y protectora oficial de quienes tanto daño le han hecho a Medellín.

Esta crónica de la infamia no arranca en el Congreso, sino en los pasillos de la cárcel de Itagüí. Un lugar que debería ser de reflexión, prevención y silencio, pero que bajo la sombra de Zuleta mutó en una sucursal de ‘la oficina’ para el crimen organizado. ¡Hágame el bendito favor! Una congresista de la República levantando el teléfono para frenar operativos de la Fuerza Pública y dándoles órdenes a los directivos del Inpec para que les devuelvan a los capos lo que la ley les había quitado.

¿En qué momento el Estado pasó de perseguir bandidos a tener una secretaria privada para ellos en el Senado?

Lo que reveló la exministra de Justicia, Ángela María Buitrago, es escandaloso y preocupante; contó, con nombre y apellido, cómo recibió presiones y chats que parecen redactados por un lugarteniente. Zuleta, con esa prepotencia que la caracteriza, la tildaba de ‘enemiga de la paz’ simplemente porque la ministra quería que se cumpliera la ley. A ese nivel de degradación nos arrastraron: aquí el que cumple la norma es el malo, y la que intercede por el delincuente es la heroína de una supuesta paz urbana que solo ellos entienden.

Y cómo olvidar el infame tarimazo o, más bien, el ‘zuletazo’ en plena Alpujarra. La senadora Zuleta fue la que movió los hilos, la que gestionó los permisos y la que pretendía que todos nosotros les agacháramos la cabeza. Ver a los cabecillas de las bandas más sanguinarias, tipos con las manos curtidas de sangre, pavoneándose por el corazón administrativo de Medellín, fue una bofetada en la cara de cada víctima.

Pero a todo marrano le llega su Nochebuena, y a la senadora se le empezó a quemar el libreto. El desenlace de esta historia lo van a escribir los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Hoy tiene cuatro indagaciones encima. Se le cayó la máscara de activista ambiental para dejar ver el rostro de una mujer que, según las investigaciones, usó su investidura para negociar beneficios jurídicos y prometer libertades a cambio de favores que solo en la oscuridad y por debajo de la mesa se pactan. El tiro le salió por la culata.

La senadora Zuleta no bajó a los infiernos para rescatar almas; bajó para abrirles la puerta a los demonios, darles estatus político y legitimarlos.

Esa supuesta paz urbana no es más que un pacto de sangre y sombras, una hoguera donde usted, senadora, pretendió incinerar a Medellín para salvar a sus protegidos. Pero el fuego no perdona, y hoy las llamas de su propio cinismo le lamen los talones. Usted eligió ser el puente de oro de la delincuencia y hoy ese puente se le desmorona bajo el peso de la justicia.

Se le acabó el libreto y se le agotó el tiempo. Ya no hay ‘paz’ que oculte el olor a azufre de sus gestiones. No habrá parrandas vallenatas ni fueros que la salven de la justicia y del rigor de la Corte. Prepárese, porque el destino tiene una ironía implacable: usted quedará hacinada y más enredada compartiendo barrotes con los mismos criminales que ayudó a soltar, con los mismos que le quemaron la paz a esta ciudad.

Aquí no necesitamos ‘patronas’ de bandidos, necesitamos justicia. El círculo de la infamia se cierra hoy con una sentencia que el país entero susurra: la Virgen de los sicarios hoy tiene curul, pero pronto, muy pronto, tendrá celda.