Estas elecciones presidenciales abren, como nunca, una posibilidad histórica: elegir por primera vez a una mujer como presidenta de Colombia, en este caso, Paloma Valencia.
Llegar a la Casa de Nariño exige un trabajo incansable, disciplina y, sobre todo, un equipo sólido que comparta un mismo propósito: rescatar al país. La campaña de Paloma, como es de público conocimiento, está integrada por hombres y mujeres de las más altas calidades humanas y profesionales, todos unidos por un solo objetivo común.
En este equipo, las mujeres ocupan un lugar central y natural. ¿Cómo no iba a ser así, cuando se trata de abrirle las puertas de la Presidencia a una mujer?
Junto a Paloma brillan “las palomas de Paloma”, un grupo excepcional que demuestra que el liderazgo femenino no es un adorno, sino una fuerza indispensable.
Está María del Rosario Guerra, exministra y exsenadora, quien es la gerente de campaña: una mujer íntegra, de trayectoria impecable y temple probado. Ruby Chagüi, exsenadora, secretaria privada, madre ejemplar, resiliente y de una entrega total. Lucía Soriano, joven exviceministra, coordinadora de jefes de debate: brillante académicamente y con una preparación que pocos igualan. Laura Vaca, secretaria general del Centro Democrático —partido que le dio el aval principal—, también hace parte del equipo.
La coordinación programática y varios liderazgos sectoriales están, igualmente, en manos femeninas, así como la incorporación de la excandidata presidencial Vicky Dávila y de Alicia Arango, esta última jefa de campaña del candidato a la Vicepresidencia, entre otras muchas mujeres.
Con Paloma no solo se abre la posibilidad de que, por primera vez, una mujer ocupe la Presidencia. Con ella, todo el género femenino gana representación real en un gobierno que gobernaría con manos de acero para combatir sin tregua la criminalidad y la corrupción, y con manos maternales y cariñosas para impulsar una política social que proteja a los más vulnerables.
Es la combinación perfecta: firmeza y ternura, orden y empatía, la fuerza que Colombia necesita en este momento decisivo.
¡Adelante, mujeres! Ha llegado su hora de gobernar la patria. Aquí estamos, listos para acompañarlas.
P. D.: Soy amigo de Paloma desde 2013. Tenía 19 años cuando empecé a recorrer el país con ella. Conozco de primera mano sus cualidades personales, su inteligencia y, sobre todo, algo que me consta por experiencia propia después de más de una década: Paloma es la antítesis de la corrupción. Hoy, más que nunca, Colombia necesita exactamente lo que ella representa.
