Diana Saray Giraldo Columna Semana

Opinión

Los niños víctimas, en el último lugar del acuerdo

Es hora de exigirles a las Farc que indemnicen a todos estos niños a los que les rompieron sus almas y sus vidas.

Diana Saray Giraldo
5 de abril de 2025

“A mí me violaron tres guerrilleros de las Farc cuando tenía 7 años. Uno de ellos estaba enfermo y por eso me dio una infección. Como no teníamos recursos, mis papás no me llevaron al médico y eso se me fue al riñón. Cuando me llevaron al médico, ya era muy tarde, perdí el riñón”. Quien habla es María, que en entrevista con Caracol Radio contó cómo fue violada en medio de la masacre de La Chinita, ocurrida en Apartadó en 1994. Pero no fue el único dolor vivido por María. Los guerrilleros volvieron a la finca en la que vivía con su papá, a quien exigieron el pago de una extorsión. Como no pagó, a María le quemaron una mano con gasolina. Y, otra vez, fue víctima de violación. María ha tenido ocho cirugías para reconstruir su vagina. Recuerda cómo su papá tenía que esconderla debajo de hojas de plátano para que Victoria Sandino no la reclutara.

María fue acreditada como víctima por la Unidad para las Víctimas, pero no ha recibido un solo peso, solo este mensaje: “…le informamos que en atención a la disponibilidad presupuestal con la que cuenta la Unidad para las Víctimas… para este año no es procedente materializar la entrega de la medida indemnizatoria”. Así, año tras año.

Para Johanna, el horror llegó siendo pequeña también. Aunque prefiere no contar a qué edad fue reclutada, dice que lo peor se inició cuando tenía 11 años y fue abusada por los guerrilleros una y otra vez. La obligaron a abortar dos veces. La última vez que habló con un medio de comunicación y contó su historia mataron a su hermano. El mensaje es claro: o se calla, o matan a toda su familia.

La historia de Deisy la conoció el país porque no pudo más con el cinismo de las Farc. Ante la decisión de la senadora Sandra Ramírez de denunciar por injuria y calumnia a todo aquel que se atreva a señalarla de haber sido parte activa en los crímenes que se cometieron contra menores por las Farc, decidió hablar. Ella misma fue víctima de quienes hoy niegan sus crímenes. A Deisy se la llevaron a la fuerza a los 11 años. La violaron infinidad de veces, entre ellos Pablo Catatumbo. Según relata, Sandra Ramírez la ponía en fila junto con otras niñas de 10, 11 y 12 años para que los comandantes de las Farc las abusaran. En una de esas violaciones le quebraron los huesos de la mano y le fracturaron la mandíbula a golpes.

Por vencer el miedo y hablar, Deisy y sus cinco hijos no tienen donde vivir. El dueño del lugar donde vive la echó. Aunque ha sido buena inquilina y jamás ha tenido problemas, “no quiere líos con esa gente”.

La lista de mujeres (y hombres) que sufrieron abusos siendo niños es de miles. La JEP ha establecido que al menos 18.677 niños fueron víctimas de abuso sexual por las Farc.

La historia de todos ellos es la misma: están en el completo abandono. Su mayor dolor es ver cómo sus victimarios, gracias al acuerdo de paz, gozan de privilegios inimaginables para sus víctimas.

No es que estuviera mal que el acuerdo de paz con las Farc les hubiera permitido a los antiguos combatientes entrar a la vida civil con una renta básica, protección y el perdón de sus culpas. Es lo que corresponde en un proceso así, es el acuerdo al que se llega cuando un Estado acepta que no pudo vencer a una organización ilegal, y esta, por su parte, decide cesar su guerra a cambio de beneficios. Pero estos acuerdos se dan bajo el cumplimiento de tres premisas: verdad, justicia y reparación.

Esta Jurisdicción Especial para la Paz que determinó el acuerdo ha reconstruido verdad. En eso avanzamos, pero ocho años después no existe la primera condena que permita hablar de justicia. No obstante, la ausencia de reparación es la mayor deuda.

En este acuerdo de paz, las víctimas quedaron en el último lugar. Y, lo que es peor, están tan olvidadas y abandonadas que sus victimarios niegan su existencia y, cuando se atreven a hablar, sufren las peores consecuencias.

“Siento una gran indignación, una tristeza profunda, porque estos son unos criminales de lesa humanidad. Ellos nos abusaron, violaron, asesinaron, nos desplazaron. Tanto daño que hicieron y ahora sentados de congresistas, haciendo la ley de la República, mientras las víctimas de ellos estamos sufriendo y tratando de luchar cada día. Nosotros, sus víctimas, somos invisibles”, dice Deisy.

“Ver que esa gente se gana todo el dineral en el Congreso, y a uno como víctima solo le dicen ‘no hay presupuesto’. Nunca hay presupuesto, pero sí hay presupuesto para pagarles a los que me abusaron, a los que me quemaron la mano, a los que me hicieron daño; sí hay dinero para darles escolta, carro y yo creo que hasta vivienda. Eso es muy triste”, dice María.

Aquí no se trata de quién es el victimario. La misma historia ocurre con quienes fueron víctimas de los paramilitares. Pero no podemos permitir que mientras perpetradores de los peores crímenes, como Rodrigo Londoño, Sandra Ramírez o el mismo Mancuso, se paran en tarimas a dar lecciones de moral, sus niños víctimas estén en el completo olvido.

Es hora de exigirles a las Farc que indemnicen a todos estos niños a los que les rompieron sus almas y sus vidas.

P. D.: Si quiere ayudar a Deisy a tener un hogar digno donde ya nadie la pueda sacar, entre a www.vaki.co y escriba “un hogar seguro para Deisy”. Ahí puede donar y ayudar en este sueño de darle una casa, donde ya nadie más pueda echarla por atreverse a hablar.

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