
Opinión
Nadie habla de esto
El Gobierno tiene poco espacio para ajustar las cuentas, a menos que se dé la pela y enfrente los problemas realmente difíciles, como amerita su investidura.
El verdadero problema de Colombia es macroeconómico, pero como no mueve masas, el Gobierno se está rajando y las bodegas no lo comprenden. Estamos peligrosamente perdiendo el foco. Me explico.
El país va hacia el barranco fiscal. No solamente el año pasado la administración Petro tuvo que hacer malabares para hacer parecer que no habíamos violado la regla fiscal; la realidad es que el descalabro del manejo macroeconómico del país es flagrante y, lo peor, al cierre de 2025 será aún más grave.
Mientras el jefe de Estado hace alardes de su vasto conocimiento económico y, al mismo tiempo, denigra de la econometría —la herramienta matemática que traduce la verborrea en realidad—, falla en lo más básico: que le cuadren las cuentas.
Para entender la gravedad de lo que está pasando, hay que reconocer que el Gobierno tiene poco espacio para ajustar las cuentas, a menos que se dé la pela y enfrente los problemas realmente difíciles, como amerita su investidura. La realidad es que más de la mitad de los ingresos del Gobierno están comprometidos constitucionalmente: un tercio va para el pago de la deuda, otro tercio para transferencias y el resto para el funcionamiento del Estado y programas sociales. Hay poca maniobra fiscal. Por lo tanto, como cuando en un hogar se está gastando más de lo que se gana, hay que tomar medidas. En tal escenario, estas son las opciones: se renegocia la deuda, se cambian las transferencias, se recortan los programas sociales, se le da tijera al gasto público o se cobran más impuestos.
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Déjeme tocar cada punto. Renegociar la deuda es imposible, y mucho menos violando la regla fiscal. Para ir a los bancos a que nos presten y nos cobren tasas razonables, debemos mostrar buen comportamiento, ser buenos pagadores y, sobre todo, tener personas idóneas al timón. No las tenemos.
Segundo: revisar el tema de las transferencias. Complejo. Para hacerlo, debemos cambiar la Constitución. Los gamonales políticos regionales han sido extremadamente fuertes y, vía sus representantes en el Legislativo, nos han llevado a que más de un tercio del presupuesto vaya directamente a las regiones sin que nadie pregunte qué está pasando con esos dineros o si están siendo bien manejados. Ahí debemos reconocer que desde los medios nos ha faltado más fiscalización regional donde hacen fiesta con la plata, se la embolsillan y pocas son las Gobernaciones que realmente sirven.
Tercero: modificar los programas sociales. Muy difícil. Con eso los políticos ganan votos; es la máquina para lograr compromisos y vender la tan trillada como falsa “justicia social”.
¿Qué queda? Impuestos.
Si este fuera un Gobierno responsable, daría la discusión sobre los impuestos de una manera responsable. Y eso es dejando de lado a los trabajadores y a las empresas formales. Colombia tiene una de las tasas de recaudo impositivo más bajas entre los países de su capacidad económica, pero esto no es culpa de que los que ya pagan impuestos paguen poco ni de que los ricos no estén pagando. No. Es porque la mayor parte de la economía nacional es informal y la gente no está pagando impuestos. Esa es la realidad. Le duela a quien le duela.
Pero nadie se lo va a contar así, porque espanta votantes, porque no sirve para hacer campaña. Porque a nadie le importa la clase media de Colombia.
Es tan culpable del descalabro de las finanzas públicas el Gobierno Petro como los candidatos que no presentan soluciones sobre este, el verdadero problema del país. No se trata solo de trinar y mostrarse indignado, se trata de saber del tema económico. Y saber mucho.
¡Pilas!