Aurelio Suárez Montoya. Columna Semana

Opinión

Petro convirtió las consultas en negocio y artimaña electorera

Las condiciones propicias para crear empleo digno y formal solo podrán darse mediante una genuina concertación entre Gobierno, empresas, sindicatos, academia y fuerzas políticas. Convocar una consulta con sesgo divisionista es razón más que suficiente para, de concretarse, abstenerse de participar en una farsa con mezquinas intenciones, muy al estilo Petro.

Aurelio Suárez Montoya
5 de abril de 2025

Idear consultas populares es una práctica inveterada de Gustavo Petro. Es constante en su trayectoria hacer encendidas proclamas al pueblo, al “constituyente primario” para decidir, y sacar provecho de este instrumento de la “democracia directa y participativa”, por encima de instituciones u organizaciones.

Lo ha hecho como precandidato presidencial en 2009, en el Polo Democrático; en marzo de 2018, en una denominada de “Inclusión Social para la Paz”, y en marzo de 2022 con el Pacto Histórico. Hoy apela a ella como presidente en ocasión de la caída de la reforma laboral, que cumplía compromisos del TLC con Estados Unidos y la Ocde.

En cada una de ellas, Petro sacó unos votos a los cuales sumó los de sus rivales, quienes, como Carlos Caicedo en 2018 o Francia Márquez en 2022, estaban derrotados de antemano. El total de lo recogido en cada consulta le sirvió de plataforma para enfrentar a los candidatos de los demás partidos en las primeras vueltas presidenciales. La gráfica lo muestra.

En 2009, Petro, además de intrigar en la Embajada de Estados Unidos para buscar la incidencia extranjera en la correlación de fuerzas dentro del Polo, de conminar a Samuel Moreno para que lo apoyara y de proponerle a César Gaviria una posible alianza con los liberales, logró que el segundo congreso partidario en febrero aprobara una consulta abierta, no circunscrita a su militancia.

La ganó en septiembre contra Carlos Gaviria y fueron definitivos los votantes externos, no pocos provenientes de los partidos tradicionales, inclusive santistas. Obtuvo 234.244 votos, la consulta llegó a 483.493 y al final, en la primera vuelta, subió a 1.331.267. Aprendió el truco.

En marzo de 2018, inventó, el día de las elecciones al Congreso, una consulta con dos “precandidatos”: Petro y Carlos Caicedo. Su objetivo era derrotar a la Coalición Colombia, en cabeza de Sergio Fajardo, y definir quién se enfrentaría a Iván Duque. Como Fajardo se negó a cualquier cotejo con los demás precandidatos y estos accedieron, se le concedió tal ventaja a Petro, que sacó 2.853.731 en la consulta con Caicedo. En total hubo 3.531.838 votos, lo que le sirvió para llegar en la primera vuelta a 4.855.069. Así desbancó a Fajardo y en segunda vuelta perdió por una diferencia de 2.338.891 votos, que atribuyó al fraude.

En 2022 repitió. Con la conformación del Pacto Histórico y una lista cerrada para el Congreso en marzo, “disputó” la respectiva candidatura, en un evento tan artificioso como el de 2018, que contenía hasta al “pastor” Saade. Canalizó 5.573.894 votos en total, lo que lo catapultó con el mayor resultado para la primera vuelta presidencial con 8.527.768 y luego ganar en segunda a Rodolfo Hernández, con 11.291.986.

Las consultas tienen el encanto financiero de la jugosa reposición de votos. En 2010 no fue tanto, pero en 2018, cuando anticipó la campaña un año al inscribirse por firmas, lo que también hicieron Fajardo, Marta Lucía Ramírez y Vargas Lleras, le significó más de $13.500 millones, a $4.714 por voto, y en 2022 superó los $28.000, a razón de $6.372. Tales sumas fueron un plante para la primera vuelta presidencial, donde, al pasar a segunda, se volvió a fondear. Más de $45.000 millones han obtenido las campañas de Petro por esa vía.

Quiere repetir la dosis para 2026. Valido de la derrota en el Congreso de la reforma laboral y del artículo 104 de la Constitución, inició el proceso de una consulta popular, con los mismos argumentos demagógicos de siempre, solo que ahora cuenta con $700.000 millones de la Hacienda. Se diseñará un cuestionario de preguntas con respuestas obvias para atraer al mayor conglomerado posible, que sirva de base para la campaña del Pacto Histórico o del Frente Amplio, como anuncia. Se reforzará con las sesiones públicas de los consejos de ministros, en papel de agitadores.

Petro ya está en campaña, rodeado de Benedettis, sin interés por la reforma laboral y sabe que no pasará el umbral exigido de 13,6 millones de votos. Es el señuelo para aumentar las caudas en aras de prorrogar al petrismo hasta 2030.

Las condiciones propicias para crear empleo digno y formal en Colombia solo podrán darse mediante una genuina concertación entre Gobierno, empresas, sindicatos, academia y fuerzas políticas. Convocar una consulta con sesgo divisionista es razón más que suficiente para, de concretarse, abstenerse de participar en una farsa con mezquinas intenciones, muy al estilo Petro.

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