
Opinión
Petro y su consulta: un intento desesperado de perpetuarse en el poder
No podemos quedarnos en silencio mientras petristas recorren el país a punta de mentiras para debilitar nuestras instituciones. No se trata de ideologías ni de partidos políticos: se trata de proteger el futuro democrático de Colombia.
El presidente Gustavo Petro no tolera la independencia. No la soporta en el Congreso, no la acepta en los medios y, mucho menos, la respeta en quienes pensamos diferente. Su última jugada, disfrazada de consulta popular, es un intento descarado de pasar por encima de las instituciones y someterlas a su voluntad.
No es la primera vez que un gobierno en América Latina usa este tipo de estrategias para dividir a la sociedad y desacreditar a las instituciones democráticas. Cada vez que un líder populista se enfrenta a límites constitucionales, su respuesta es la misma: atacar, deslegitimar y buscar mecanismos alternativos para imponer su agenda. Ahora, Petro pretende vender la idea de que su consulta es un acto de democracia, cuando en realidad es una embestida contra el equilibrio de poderes y la Constitución.
El expresidente de la Corte Constitucional, Luis Guillermo Guerrero, ha sido claro: esta consulta es antidemocrática y autoritaria. No busca darle voz a la ciudadanía, sino crear un plebiscito sobre la gestión presidencial para trasladar sus fracasos a las instituciones. Es un truco político, un chantaje público para deslegitimar al Congreso y hacer creer que los problemas del país se resuelven con un acto de manipulación masiva.
La democracia no se construye con discursos incendiarios ni con consultas amañadas. Se construye con debate, con respeto a la separación de poderes y con instituciones fuertes que garanticen el bienestar de todos, no solo de quienes están en el poder. Petro ha demostrado que su respeto por la democracia es selectivo: la usa cuando le conviene y la desprecia cuando le pone límites. Quiere que en el Congreso seamos notarios de sus decisiones y ha caído de la manera mentirosa y peligrosa al tildarnos de quererle dar un “golpe blando”.
El país no puede caer en esta trampa. Esta consulta no es sobre reformas ni sobre mejorar la vida del país. Es sobre el intento de un presidente por evadir los contrapesos, buscar culpables para justificar su fracaso y mantenerse en el poder. Quiere hacernos creer que la democracia está en peligro porque el Congreso no le aprueba todo, cuando la verdadera amenaza es su desprecio por las reglas del juego.
Las instituciones debemos resistir este embate. La Corte Constitucional, el Congreso y la sociedad civil tenemos la responsabilidad de frenar esta deriva populista y aún estamos a tiempo. Colombia no puede permitir que, en nombre de una falsa democracia, se desmonte el Estado de derecho. La historia nos ha enseñado que cuando el poder no tiene límites, la libertad es la primera víctima.
Este es el momento de defender la democracia con firmeza. No podemos quedarnos en silencio mientras petristas recorren el país a punta de mentiras, para debilitar nuestras instituciones. No se trata de ideologías ni de partidos políticos: se trata de proteger el futuro democrático de Colombia.