OPINIÓN

Claudia Varela

Todavía se puede ser romántico

Es difícil imaginar que una empresa sea esa conexión perfecta que encaja con tu idealización del amor de la vida.
18 de octubre de 2026 a las 10:00 a. m.

Paula es una eterna soñadora. Cree en las almas gemelas, en el hilo rojo, en los amores eternos y en la otra vida donde conoció a su pareja. Cree por tanto que las cosas funcionan en doble vía y que el compromiso mutuo existe hasta la eternidad.

Su jefe, la ha invitado en múltiples ocasiones a que viva más sin tanto romanticismo, al menos en lo profesional. Y es que Paula confía en todos y cree firmemente que la compañía en la que trabaja es su alma gemela laboral.

Este término ella lo usa con frecuencia y se refiere a alguien o algo (institucional puede ser) que le genera ese amor tan grande como para afirmar que hay una conexión profunda y diferente. Yo le pregunté cómo podía ella llevar a tal nivel su relación laboral. Ella me lo explicó de la manera más genuina posible. Me dijo simplemente que ella era un ser completo y que las cosas venían a pasarle porque así lo quería el universo. Y que ella trabaja donde trabaja porque viene a sumarle a su propósito.

Ella se levanta diariamente convencida de que lo que hace es algo así como una bendición. Está tan segura de esto que trata de convencer a su jefe de que la empresa es como su alma gemela. Debo reconocer que cuando me lo contó la primera vez yo quedé un poco sorprendida y aún yo, que soy romántica, me puse algo escéptica. Es difícil imaginar que una empresa sea esa conexión perfecta que encaja con tu idealización del amor de la vida. Pero vi a Paula tan convencida que decidí escucharla y observar más. Además, quién soy yo para bajarla de su sueño.

Le pregunté también si nunca tiene problemas. Me dijo que todo el tiempo, porque maneja un área de recursos humanos, y la gente es bien difícil de entender. Pero ella en lugar de perder la paciencia o de trabajar solo por el sueldo logra entender que está propiciando espacios de trabajo para chicos jóvenes, para nuevas familias, para personas que quieren cumplir sueños. Cuando escucho a Pau siento que debería haber mas seres como ella en las empresas.

Siempre habla de “nosotros” cuando se refiere a su empresa. Su sentido de pertenencia es tan alto que realmente se siente como accionista. Trabaja feliz, la sufre, pero siempre tiene una sonrisa, porque entiende su trabajo más allá de la transferencia que le llega mensualmente, que por supuesto a todos nos alegra el día.

Su jefe aprendió a entenderla, a pesar de ser un ser racional y más bien frio y está empezando a permear la cultura de su equipo con las vibras positivas de Pau. Al final todos quieren ayudarla (bueno casi todos, porque siempre existe el que no le cree) y ella fluye feliz en el mundo, creyendo de verdad que su empresa es su complemento. Y lo más lindo es que entiende que con su trabajo puede impactar a otros y eso ya le alegra el día.

El caso de Paula suena bastante exótico, pero puede ocurrir. En artículos académicos o investigaciones de expertos esto es el sentido de pertenencia de un empleado a una organización. Aunque el de Paula es llevado al extremo, por supuesto. Si tu no te sientes parte de algo es muy difícil que le metas la actitud porque siempre será una relación transaccional donde se espera recibir incluso antes de dar.

Si Paula pensara solo en ella, en su carrera, en cómo venderse, seguramente pierde el foco de lo que es importante para ella. El sentido de pertenencia es la base para encontrar más Paulas en el planeta. Es muy difícil encontrar a alguien con tanto corazón y pasión, pero seguro puede haber muchas almas que se sientan felices donde están. Personalmente me encanta cuando veo un mesero que sonríe, un portero que saluda con ganas, alguien que lleva un café y hace un buen comentario y un gerente que sabe su misión con la gente que le reporta, por ejemplo.

Yo me la juego por el romanticismo si eso me permite vivir con más pasión hasta el ultimo de mis días. ¿será que todavía se puede ser romántico?.