OPINIÓN

Julio Londoño Paredes

Un régimen monárquico en Nicaragua

Es extraño que Estados Unidos haya tolerado durante tantos años la dictadura de Ortega.
24 de julio de 2026 a las 9:00 a. m.

Aunque no se crea, todas las dictaduras hacen elecciones y los dictadores se precian de eso. Para mencionar algunos, Fidel Castro, en Cuba, decía que el sistema electoral del país era el más limpio y transparente del mundo; algo parecido repetía frecuentemente Nicolás Maduro; y Sadam Hussein, poco antes de su derrocamiento realizó elecciones “limpias y libres” en las que fue reelegido con el 95 % de los votos.

Lo que resulta curioso es que un dictador manifieste abiertamente que no habrá elecciones en su país. Eso es lo que ha dicho Daniel Ortega en Nicaragua, que ha utilizado el sencillo método de reformar la constitución para mantenerse en el poder, sin que hubiera sido objeto de una censura suficientemente vigorosa de Estados Unidos y otros países. Solo hasta ahora, después del pronunciamiento de Ortega, lo ha hecho el secretario de Estado, Marco Rubio.

Es curioso que, habiendo sido Estados Unidos tan radical en contra de regímenes como los de Venezuela y Cuba, haya sido tolerante con Ortega en Nicaragua, no obstante la persecución a sus opositores, la violación flagrante de los derechos humanos, la represión contra el periodismo y la Iglesia católica, sus diatribas contra Estados Unidos y sus vínculos con Rusia y el régimen cubano. Por algo debe ser.

¿Será porque Nicaragua fue prácticamente una colonia norteamericana durante un siglo y que incluso obedeció la orden de Washington en 1913 de pretender el archipiélago de San Andrés para controlar el Caribe occidental?

¿Porque durante las migraciones centroamericanas hacia los Estados Unidos, los nicaragüenses eran minoría y los migrantes pertenecían a los tres países del Triángulo del Norte, ya que millares nicaragüenses habían sido empujados hacia Costa Rica?

¿Acaso por la posición geográfica de Nicaragua que siempre ha sido una ruta para la comunicación interoceánica por el río San Juan y el Lago Nicaragua, desde un oleoducto hasta un canal que un chino dijo recientemente que construiría?

¿De pronto porque Ortega se ha plegado en ocasiones discretamente a ciertas exigencias de los Estados Unidos?

Por cualquier razón que sea, la actitud de Washington con Nicaragua, al menos desde el 2007, para no decir desde 1979, no deja de ser sorprendente. Al paso que vamos, Ortega no solamente será sucedido por su copresidenta-esposa, sino que es posible que sus hijos estén en la línea de sucesión, como en las monarquías europeas del siglo XVIII.

A Luis XVI en Francia y a sus cortesanos no se les pasó por la cabeza convocar elecciones para definir su sucesor. Y eso que sólo reinó 18 años, mientras que Ortega lleva 19. Posiblemente 47, ya que desde el triunfó de la revolución sandinista, con él a la cabeza, controla al país.

Pero no hay que extrañarse, en América Latina esos casos se presentan con alguna frecuencia. Cuando un mandatario utiliza el mismo recurso de modificar la constitución para concluir ‘su obra’ o consolidar el régimen.