Sociedad
Año 2025 o el advenimiento de la distopía. Parte III: ¿La distopía es ahora?
Antes que la resignación, Juan Manuel Ruiz Jiménez plantea en esta tercera y última entrega que es momento de ponernos de pie, idear una utopía nueva y luchar por hacerla llegar. Esperar indolentemente a que el mundo se derrumbe en torno nuestro no es opción.
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En la Parte I, se exploró el origen de la utopía; en la Parte II, se relató el paso de la utopía a la distopía. Ahora, en esta tercera y última entrega, se mira a los ojos a nuestra oscura actualidad y a lo que demanda de sus ciudadanos.
¿No son abrumadoras las resonancias que tienen esas distopías con nuestro presente? Es inquietante que en los tiempos que corren estemos experimentando tantos de los síntomas y mecanismos de control social en ellas expuestos. Creo que el temor hacia lo incierto del porvenir siempre ha habitado al ser humano, y verosímilmente está ligado a nuestra condición existencial de vulnerabilidad inherente a nuestra finitud. Y, por supuesto, está relacionado con nuestra eterna sensación de carencia y al deseo subsecuente a esta con que inicié mi reflexión. Dicho esto, es una anomalía histórica específica a los dos últimos siglos el que se haya desvanecido el sentimiento utópico y haya sido tan radicalmente reemplazado por el distópico. Es como si las visiones esperanzadas ya no fueran compatibles con nuestra contemporaneidad.

Es como si las visiones esperanzadas ya no fueran compatibles con nuestra contemporaneidad
En efecto, desde inicios del siglo XX hasta hoy, nos hemos visto inundados de distopías en el cine, la televisión y la literatura. Por citar unos pocos ejemplos, vale la pena mencionar las películas Metrópolis (1927), THX 1135 (1971), La Naranja Mecánica (1972), Blade Runner (1982), Brazil (1985) o Akira (1988). Asimismo, cabe evocar los productos audiovisuales más contemporáneos como Gattaca (1997), Black Mirror (2011), Los Juegos del Hambre (2012), The Handmaid’s tale (2017) y la reciente película Civil War (2024), casi todas adaptaciones de novelas distópicas.

Lo que quiero hacer notar es que, si en la contemporaneidad siguen proliferando las obras de corte distópico, no es debido a un efímero efecto de moda; sino porque todos hoy nos sentimos íntimamente conectados al lenguaje y modos de pensar de la distopía, es decir, nos sentimos intensamente amenazados, y no faltan las razones. Para limitarnos a los últimos años, el desencadenamiento del covid-19 es la prueba de que o bien no nos estamos relacionando debidamente con el medioambiente -si su origen es animal, como el murciélago-, o bien hay un manejo irresponsable de las tecnologías biológicas -hipótesis de fuga de un virus experimental del laboratorio de virología de Wuhan-. Aunado a esto, el problema del cambio climático ya no es un pronóstico, sino una realidad. En este momento en que escribo, bosques y barrios enteros arden en California y está probado que el año 2024 fue el más caliente desde la era preindustrial.
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Fuera de esto, las tensiones geopolíticas han llevado a explosiones de violencia fenomenales. Si bien los casos más preocupantes son el genocidio en Gaza tras los ataques terroristas de Hamás, junto con la situación de apartheid en que viven los palestinos a manos del Estado de Israel desde hace decenios, y las guerras en Ucrania y Sudán, según lo anotó en junio del 2024 el informe de Paz Global, hay 56 conflictos actualmente, el pico más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

Asimismo, la ONG Armed Conflict Location señaló que la violencia política en el mundo aumentó en 25% entre el 2023 y el 2024. Queda pues evidenciado que se está retornando a una creciente lógica de la fuerza para arreglar los diferendos nacionales e internacionales, acompañada de un retroceso global de los derechos humanos y los valores democráticos. Dentro de este marco hay que prestarle particular atención a tres focos de confrontación alarmantes, como lo son la creciente tensión entre Estados Unidos y China en torno a Taiwán, la desbordada violencia en el Medio Oriente, en cuyo horizonte está una posible guerra total entre Israel e Irán, y por supuesto, la guerra entre Ucrania y Rusia, los cuales han reavivado los temores de un conflicto bélico a gran escala, con posibilidades de guerra nuclear. Y para coronar el conjunto, las tres mayores potencias militares del planeta tienen hoy a su cabeza a personajes delirantes de poder, inmensamente autoritarios y con ínfulas expansionistas, como lo son Trump, Putin y Xi Jinping. Y, aunque esto pudiera sonar descabellado hace unos años, el caso más preocupante es el de Estados Unidos, en donde está surgiendo una nueva configuración de poder y sociedad. En efecto, a partir del 20 de enero del 2025, Estados Unidos empezó a ser directamente gobernado por una oligarquía, a la cabeza de la cual está Trump, oficialmente el primer delincuente convicto quien, amparado por su cargo, goza de una desvergonzada impunidad.

Hace unos días, en Instagram, el profesor de la Universidad de California en Berkeley, Robert Reich, observó que nunca en la historia de ese país hubo tal concentración de multimillonarios en el gobierno. Efectivamente, identifica 13 billonarios en la administración Trump, de entre los cuales está Elon Musk, el hombre más rico del mundo y dueño de las empresas Tesla, Starlink, X y Space X, ocupando el recientemente creado Departamento de la Eficiencia Gubernamental. Para tener una idea del poder de Musk, no sólo accedió a una posición en el gobierno, desde la que se vaticina tendrá más influencia que el propio vicepresidente Vance, sino que, como lo publicó el grupo Bloomberg el 11 de diciembre de 2024, su fortuna asciende a 421 mil millones de dólares, superando ampliamente el PIB de Colombia del 2023, que fue de 336 mil millones de dólares.
Asistimos pues a una alianza del gobierno estadounidense con la tecno-oligarquía de Silicon Valley, y a este respecto hay que decir que jamás en la historia un puñado de hombres había tenido tanta riqueza como la que detentan hoy los dirigentes de las colosales empresas tecnológicas GAFAM (Google, actual Alphabet, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft), como lo son Musk, Zuckerberg y Bezos, cuyos capitales individuales sobrepasan el PIB anual de Grecia o Perú. En suma, se ha gestado una combinación digna de las más oscuras distopías, pues al músculo autoritario del poder estatal estadounidense, se le han incorporado los largos tentáculos del capital corporativo multinacional y las trampas adictivas que son las plataformas tecnológicas planetarias. Esto agravará las escandalosas desigualdades que denunció Oxfam el 15 de enero de 2025, informando que, desde inicio de este siglo, la riqueza de los cinco hombres más ricos del mundo se duplicó, mientras que casi 5 mil millones de personas se empobrecieron.
Se ha gestado una combinación digna de las más oscuras distopías, pues al músculo autoritario del poder estatal estadounidense, se le han incorporado los largos tentáculos del capital corporativo multinacional y las trampas adictivas que son las plataformas tecnológicas planetarias
En este contexto, el acceso de los tecno-oligarcas al gobierno estadounidense es particularmente peligroso porque mediante sus plataformas tecnológicas están llegando a un control completo de los flujos vitales de la sociedad: no sólo median la compra y venta de la casi totalidad de mercancías y servicios del planeta (Amazon), sino que moldean a su conveniencia las opiniones y formas de pensar de las personas (Meta y X). En ese sentido, al aliarse con el gobierno estadounidense, han conquistado un lugar privilegiado para echar abajo todo obstáculo que hasta ahora les impedía monopolizar los mercados (Amazon) y manipular la opinión pública (Meta y X), como lo son las normativas de regulación de monopolios y de verificación de contenidos falsos e incitación al odio. Y es bajo el pretexto cínico de fomentar la libertad de expresión, que Zuckerberg y Musk esconden su verdadera agenda, que consiste en darle libre flujo a la desinformación, llave maestra para manipular y exacerbar las emociones de los usuarios, polarizar y radicalizar sus opiniones, con el objetivo de que estas se traduzcan en votos por los candidatos políticos que, de ser elegidos, les favorecerán para acrecentar aún más sus monopolios.

La presidencia Trump se ha inaugurado con un matoneo expansionista a Groenlandia, Dinamarca, México, Canadá y Panamá, y amenazas de alza de tarifas tanto a China como a los aliados europeos. Ya iniciaron las deportaciones de migrantes encadenados, al tiempo que Musk apoya abiertamente a los partidos de extrema derecha como el AFD de Alemania, con discursos, propaganda en X y posibles donaciones. A la luz de este apoyo a partidos de herencia nazi y fascista, Musk tuvo todavía el cinismo de hacerse pasar de inocente con su velado saludo nazi para celebrar la investidura de Trump. Por todas estas razones, los lectores de distopías tenemos la extraña sensación de que las proyecciones negativas que pronosticaban sus autores ya no están situadas en un incierto futuro, sino que están, aquí y ahora, rompiendo el cascarón y saliendo del huevo.

El 27 de enero, China hizo gala de un asombroso salto tecnológico en el ámbito de la inteligencia artificial, con su chatbot del laboratorio DeepSeek, logrando un rendimiento comparable al de ChatGPT y demás chatbots de las gigantes empresas tecnológicas estadounidenses, pero a un costo mucho más bajo. Esto llevó al pánico bursátil en las bolsas de Estados Unidos, a la mayor caída de valor accionaria en la historia en una sola jornada (Nvidia cayó 17%) y a un mensaje claro por parte de China: la hegemonía tecnológica del gigante norteamericano ha llegado a su fin. Con ello se inicia una carrera feroz por el dominio de la inteligencia artificial entre esas dos potencias, y, por el momento, no se vislumbra un claro vencedor.

Dicho esto, es precisamente esa angustia por alcanzar la supremacía tecnológica lo que puede llevarlas a la desmesura en el desarrollo de la inteligencia artificial, y se corre más que nunca el riesgo de que en cualquier momento, alguno de los dos países cruce el tan temido umbral hipotético de la “singularidad tecnológica” sobre el que el nobel de física, conocido como el padrino de la inteligencia artificial, Geoffrey Hinton, ha hecho tantas advertencias. Ese umbral a partir del cual la inteligencia artificial, al tornarse superior a la humana, se vuelve imprevisible, autónoma y por ende capaz de escapar del control de sus creadores. Como no ha dejado de repetirlo Hinton y muchos conocedores de la inteligencia artificial, crear una superinteligencia no-humana en la Tierra es un riesgo existencial para la humanidad.

Pero si bien no estamos aún ahí, hay un peligro más próximo y no menos terrorífico, pues tenemos ahora a esos dos gigantes, mirándose como duelistas el uno al otro prestos a disparar, enfrentando dos modelos políticos temerarios, dos formas de distopía y lo cierto es que no se sabe cuál es más peligrosa: si la de China, cuyo partido comunista se verá cada vez más fortalecido gracias a los avances de sus flamantes empresas tecnológicas, anunciando con ello un régimen de control planetario de ecos orwellianos; o el de la tecno-oligarquía estadounidense que acaba de entronizarse.
Todo lo anterior lleva pues a pensar que el futuro es ahora y que el año 2025 marca el advenimiento de la distopía. Dicho esto, el ser humano es una extraña criatura que, cada cierto tiempo, necesita sufrir para despertar, y muchas veces perder lo que tiene para volverlo a valorar. Quizá la suma de todas estas desgracias y amenazas que nos acechan hoy sea el electrochoque que necesitábamos para reanimar nuestro ingenio, salir de nuestro letargo y prevenir la catástrofe. Creo firmemente que es en estos instantes de miedo cuando más se necesita salir de la parálisis y pensar alternativas de acción que se opongan a las fuerzas ciegas de la codicia, la ignorancia, el imperio de la fuerza y la deshumanización. Es en este umbral de la distopía en que debemos ponernos de pie, idear una utopía nueva y luchar por hacerla llegar. No es el momento de resignarse y esconder la cabeza como avestruces cobardes, esperando indolentemente a que el mundo se derrumbe en torno nuestro. Porque ahora y siempre, el deber de las mentes lúcidas y de los hombres y mujeres de buena voluntad ha sido el de pensar y defender la libertad.


El ser humano es una extraña criatura que, cada cierto tiempo, necesita sufrir para despertar, y muchas veces perder lo que tiene para volverlo a valorar. Quizá la suma de todas estas desgracias y amenazas que nos acechan hoy sea el electrochoque que necesitábamos para reanimar nuestro ingenio
Así, en la oscuridad de nuestra época quiero terminar mi reflexión evocando la voz luminosa de Stefan Zweig, quien, en su biografía de Erasmo, nos llama a no perder la esperanza:
“La creencia en un apaciguamiento posible de la humanidad renace siempre, y esto sobre todo en los momentos de feroz discordia, pues el hombre no podrá jamás vivir ni hacer nada sin esa consoladora esperanza de progreso moral, sin ese sueño de concordia final, (…) sin la creencia en una más alta humanidad” .
*Escritor y docente investigador a tiempo completo de filosofía y literatura en La Universidad del Norte.