Ni Petro ni ninguno de los que saquearon la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) se imaginaron que, al final del gobierno, serían necesarios esos recursos para lo que está sucediendo en Córdoba. Hoy, sin un peso para ayudar a esa población, miran cómo decretar una emergencia económica que cobre un impuesto al patrimonio a las empresas.
El ministro de Hacienda, Ávila, pasará a la historia como el peor ministro de todos los tiempos. Primero, es un 'yes man’ de Petro: a todo le dice que sí. Segundo, dejará al país con la deuda, como porcentaje del PIB, más alta de la historia y, además, logró subir el costo de la deuda a niveles no coherentes con la calificación de riesgo del país.
Colombia es un país que requiere inversión extranjera para mejorar el empleo y las condiciones de vida de muchos colombianos que viven del rebusque o de la informalidad. Para que llegue esa inversión se requiere volverse un país atractivo para esos inversionistas. El impuesto al patrimonio es todo lo contrario. Además, la mayoría de países con los que competimos no tienen ese impuesto. Esto hará que los recursos se vayan hacia otras latitudes.
Hoy en día hay ocho congresistas más investigados por lo ocurrido en la UNGRD; estos seguramente terminarán imputados, al igual que el presidente de la Cámara y el del Senado, y quienes manejaban esa entidad al principio del gobierno. Algunos de ellos son oriundos y tienen su caudal político en los departamentos y municipios donde han ocurrido desastres e inundaciones: qué paradoja.
No se entiende por qué la Corte Suprema de Justicia se demora en la imputación de cargos a estos congresistas, ya que están próximos a ser reelegidos. Lo lógico es que no puedan participar en las elecciones.
La razón por la cual estos bandidos se birlaron los recursos de la UNGRD es la facilidad de hacerlo. Al ser una entidad que atiende calamidades y eventos catastróficos inesperados, su forma de contratación debe ser ágil: no hay licitaciones y, por ende, hay menos controles. Mejor dicho, encontraron en esa entidad una mina de oro para hacer el desfalco.
Entre los carrotanques inservibles, las ollas comunitarias, las ambulancias y lanchas de municipios sin agua, entre otros, lograron saquear la entidad. Afortunadamente, el robo fue tan descarado que terminaron cayendo su director y otros cómplices.
Petro resultó siendo un fiasco como gobernante y como administrador. Nunca, en los cuatro años, logró crear un equipo de trabajo relativamente bueno; degradó el cargo de ministro a niveles nunca vistos, batió récords en número de ministros por cartera, y no dejó, en los cuatro años, una sola obra que mostrar, habiendo tenido el presupuesto más grande de la historia.
Tristemente, los recursos que se consigan para ayudar a los damnificados seguramente serán mal utilizados. Estamos ad portas de unas elecciones en las que el Gobierno quiere mantenerse en el poder y, para eso, está dispuesto a hacer todo lo necesario. Por eso, será complicado que lleguen las ayudas a quienes las necesitan.






