Cuando el Banco de la República pone una meta de inflación del 3% no lo hace por capricho, lo hace después de muchos análisis y estudios donde se concluye que para una economía como la colombiana es lo más racional. No estar cerca de ese dato genera demasiados riesgos.
Los principales y más reconocidos economistas se han cansado de decir y explicar que la inflación es el peor impuesto para las clases menos favorecidas, y que una economía con inflaciones altas es la que disminuye en mayor medida su poder adquisitivo. Los ingresos bajos son impactados mucho más por cualquier aumento de precio de un producto de primera necesidad o que esté en la llamada canasta familiar.
Pero la inflación no solo impacta al colombiano del común, lo hace también en otros sectores de la economía y de las finanzas públicas.
Colombia tiene en su economía muchos precios de bienes y servicios atados a la inflación. Entonces si esta es mayor, los precios de esos servicios también lo van a ser. Esto implica que así exista un aumento mayor en los salarios, el poder adquisitivo seguirá igual porque también suben los precios de los bienes y servicios.
Como la principal función de la junta del Banco de la República es tener controlada la inflación, si ésta empieza a alejarse de la tasa base (3 %), la junta tendrá que subir la tasa de referencia. Esto lo hace como una manera de bajar el consumo y de enfriar la economía. Pero esta subida de tasas implica que los créditos tendrán también mayores tasas, y que los bancos, para conseguir recursos en captación, tendrán que dar mayores tasas de interés. Al final, todo se vuelve un efecto cascada donde todo termina por subir (precios y tasas de interés de los créditos) gracias a la subida del salario mínimo. Y al final, como siempre, el mayor perjudicado es el ciudadano común, el que se supone se iba a beneficiar con el incremento salarial.
Si las entidades financieras tienen que subir la tasa de interés para conseguir recursos, el Gobierno nacional también lo tiene que hacer. Las tasas de interés de los Títulos de Tesorería (TES) suben en la misma proporción al resto del mercado. Inclusive, suben más dependiendo de las necesidades de caja del Gobierno.
Por cuenta del aumento de las tasas de interés locales, empieza a haber un desbalance con las tasas externas de la misma calificación de riesgo. Es por eso que muchos inversionistas de portafolio ingresan recursos para invertir en pesos.
Esto genera una demanda de pesos y por ende una revaluación de la moneda, y a medida que estos inversionistas invierten en pesos y la moneda se revalúa, obtiene mayor tasa de interés en dólares. El efecto es doble.
El carrusel no se acaba ahí. Los exportadores son los más perjudicados. Imagínense que por cuenta de la inflación y del aumento desmesurado de los salarios, se les aumentan los costos de producción. Les vale más producir sus productos, y por cuenta de la revaluación, van a recibir menos pesos por sus exportaciones. Hoy en día muchos sectores exportadores están pasando aceite por cuenta de esto.
Existen otras mil razones para mantener una inflación controlada. Por eso la independencia del Banco de la República y su lucha contra la inflación es fundamental para tener una economía sana.
