OPINIÓN

Redacción Semana

El naufragio del control

Navegar la incertidumbre exige un cambio de piel.
18 de enero de 2026, 10:00 a. m.

Recuerdo cuando empecé mi vida laboral. Todo parecía controlado, armado, planeado. Hacíamos revisiones de negocio cada dos meses corriendo números y mirando esas famosas métricas que permitían ajustar el rumbo si el barco iba por mal camino.

Hubo un tiempo en que ser líder consistía en trazar líneas rectas sobre mapas estáticos. Nos enseñaron que el éxito era una cuestión de previsibilidad, un tablero de ajedrez donde cada pieza se movía según una lógica inamovible. Pero ese mundo ha muerto, y muchos directivos siguen intentando gobernar las cenizas.

Alicia, una amiga del corazón, no entendía cómo su jefe decidió despedirla después de 15 años en la empresa porque sus números no dieron lo que se esperaba. Me llamó desconsolada y la verdad es que no entiendo cómo en una situación como la que vivimos en los últimos años se espera que las proyecciones sean exactas. Me dolió por ella porque es una mujer inteligente y visionaria, pero creo también que los ciclos se cumplen. Así que bien por ti, Alicia.

Hoy, la incertidumbre no es un invitado incómodo que espera en la recepción, es el aire que respiramos. Y en este nuevo ecosistema, los líderes que se aferran a la rigidez no son pilares de fortaleza, sino estructuras de cristal que estallan ante la primera vibración del entorno. No están preparados, no saben cómo reaccionar cuando el tablero de control del sistema no responde a lo que hay que hacer en la vida real.

La verdadera disrupción no nace de la tecnología, sino de la renuncia. Debemos renunciar a la arrogancia de creer que podemos domar el caos. El liderazgo contemporáneo se parece menos a un arquitecto que sigue un plano y mucho más a un surfista que interpreta la ola cuando va llegando. No hay algoritmos que reemplacen la intuición curtida en la batalla, ni planes estratégicos que sobrevivan al impacto de una realidad que muta mientras dormimos. Hay que respetar la experiencia, porque un surfista que no ha entrado al mar tampoco va a saber que ola lo puede matar.

Observemos la metamorfosis de quienes han prosperado en mitad del incendio. No lo hicieron construyendo búnkeres de procesos, sino derribando las paredes de su propia jerarquía. Entendieron que, cuando el suelo tiembla, la microgestión es un suicidio asistido. En su lugar, optaron por la transparencia radical, esa que incomoda porque nos obliga a decir en voz alta que no tenemos todas las respuestas. Existe una fuerza magnética en la vulnerabilidad de un CEO que admite que el norte se ha movido, pero que confía plenamente en la brújula moral de su equipo para encontrar el nuevo camino.

Para mí, si no hay confianza en el equipo no hay manera de sobrevivir a estas realidades tan inciertas que nos dan los gobiernos y los entornos geopolíticos arrítmicos. Hay que escuchar, navegar y tener la cabeza abierta para entender otras realidades.

La seguridad ya no es un estado financiero, es un estado psicológico. El líder disruptivo no es quien evita la tormenta, sino quien se convierte en el centro de gravedad que mantiene a los demás unidos cuando el horizonte desaparece. Mientras las organizaciones tradicionales se asfixian intentando validar cada decisión en comités infinitos, las compañías que dictan el ritmo del mañana han aprendido a delegar el coraje. Han entendido que el propósito no es un cuadro en la pared de la oficina, sino la única ancla capaz de sostener un barco cuando los instrumentos de navegación han dejado de funcionar.

Navegar la incertidumbre exige un cambio de piel, exige líderes que prefieran la agilidad sobre la perfección y la autenticidad sobre el protocolo. Porque en este escenario volátil, la mayor imprudencia es intentar ser prudentes de la misma forma en que lo éramos ayer. Al final del día, el mercado no premiará a los que mejor planificaron su defensa, sino a los que tuvieron la audacia de bailar mientras el mundo cambiaba de melodía.

Gracias, Alicia, por inspirarme y estoy segura de que tu ciclo ahora con más sabiduría te va a llevar a retar tus propios números y logros. El control absoluto está naufragando y tú lo supiste siempre. Hablamos en diciembre.