OPINIÓN

José Miguel Santamaría

Establecimiento al desnudo

La firmeza en las convicciones no es extrema derecha.
20 de febrero de 2026, 10:00 a. m.

Mientras en Perú el Congreso vuelve y destituye al presidente por presuntos casos de corrupción, dándonos un ejemplo, en Colombia el establecimiento sigue postrado ante Petro. Los líderes de opinión y los gremios, salvo algunas excepciones, terminaron apoyando el aumento del salario mínimo del 23,7 %, después de que el Consejo de Estado había abierto la puerta al suspender temporalmente el decreto.

Desde antes de que Petro ganara las elecciones de 2022, ya muchos cacaos, gremios y líderes se habían arrodillado. Hoy, pasados más de tres años, vemos el daño tan grande que ha hecho este Gobierno, no solamente en términos económicos y democráticos, sino morales.

Desde el mismo 2022, sabíamos de los ríos de dinero que se gastaron en la campaña, de las pruebas de que se habían superado los topes y de que, por cuenta de esto, la Constitución, en su artículo 109, dice que el presidente elegido pierda la investidura. Hoy, aunque el Consejo Nacional Electoral ya lo confirmó, ni siquiera se ha empezado la investigación en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

A pesar del pasado oscuro de Petro, de la oscura financiación de su campaña y de su cercanía a los grupos narcoguerrilleros, fueron muchas las personas que pensábamos que eran correctas y que nos defendían y terminaron trabajando en su Gobierno y rindiéndose ante sus incongruencias, sus descaradas pérdidas y, por supuesto, sus malas decisiones, que tanto les cuestan hoy a los colombianos.

Pero, al parecer, no hemos aprendido la lección. Petro sigue haciendo daño por donde va dejando su huella, sin que el establecimiento sea capaz de confrontarlo: en el salario mínimo, en el sistema de salud, en el aumento desproporcionado del Estado y en querer gobernar sin aceptar los pesos y contrapesos que nos da la Constitución.

No estoy diciendo que hoy Petro y su Gobierno no reciban críticas por su gestión; claro que las hay. Y, aunque algunas de las barbaridades que trató de sacar adelante fueron trancadas por algunos dignos congresistas, la realidad es que, como siempre, el régimen se acomoda y se asusta con la piel.

Es por eso que hoy, a pocos meses de las elecciones presidenciales, estamos ante el mayor riesgo de toda nuestra historia republicana. Estamos a tres doritos de elegir como presidente a un personaje como Iván Cepeda, que nos va a llevar directo a ser un régimen comunista, igual a Cuba: esa es su ideología y eso es lo que pregona. Pero nosotros, los colombianos, por ser aguas tibias y por acomodarnos, no nos hemos dado cuenta.

La firmeza en las convicciones no es extrema derecha. Defender los principios democráticos, las buenas costumbres y la moral cristiana no ha pasado de moda; todo lo contrario. El discurso —o, más bien, la clase de geopolítica— de Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, en Múnich, ante los gobiernos europeos, lo dejó claro.

Nunca es tarde para actuar ni para defender lo que debemos defender. Vamos a defender la democracia en estas elecciones, que empiezan con las parlamentarias el 8 de marzo. Votemos por quienes tienen convicciones firmes y no por quienes se acomodan en cualquier parte.