OPINIÓN

Claudia Varela

Generoso intelectual

Hacerlo bien, incluso cuando no te gusta, consiste en encontrar tu propio formato.
1 de febrero de 2026, 11:15 a. m.

La época en que solo los extrovertidos eran los reyes de la fiesta tiende a desaparecer. Hoy, muchas veces, los que no escuchan, sino que se dedican solo a hablar y a contar historias de sí mismos, son leídos como egocéntricos y poco empáticos.

Sin embargo, hay claramente escenarios donde a veces es mejor quedarse callado, no adular a otros y escuchar más. Pero, definitivamente, conectar con otros y hacer parte de las redes profesionales se vuelve una obligación si quieres seguir creciendo o, al menos, que no te olviden cuando suban el salario.

Existe una idea errónea de que el networking es un deporte diseñado exclusivamente para extrovertidos, una especie de competencia de carisma donde gana quien más manos estrecha, más cumplidos ofrece y, al final, más lambón es.

Para muchos de nosotros, la sola palabra evoca una mezcla de ansiedad y absoluta pereza. Sin embargo, si despojamos al concepto de su envoltorio corporativo, lo que queda no es otra cosa que la capacidad humana de tejer vínculos. No se trata de “venderse”, sino de permitir que los demás sepan que existes y qué valor aportas al mundo. Y si no al mundo, al menos a la compañía donde estás.

Mientras escribía esto, pensé en Elena, a quien conocí hace un par de años como una desarrolladora de software realmente buena. Elena es de esas profesionales que pueden resolver en una tarde lo que a un equipo entero le toma una semana. Su código es limpio, casi poético, pero la idea de asistir a una conferencia de tecnología o participar en un after office le resulta agotadora.

Durante años, Elena creyó que su trabajo hablaría por sí solo, pero se dio cuenta de que, aunque su trabajo era impecable, permanecía dentro de una burbuja. Las mejores oportunidades no llegaban a su escritorio simplemente porque quienes las gestionaban no sabían que ella era la pieza que les faltaba. ¿Y adivinen quiénes se ganaban las mejores vacantes?

La buena noticia es que, para crecer, Elena no cambió su personalidad, no cambió su esencia; cambió su estrategia. En lugar de forzarse a ser la más sociable del salón, empezó a practicar un networking de baja intensidad, pero alta precisión. Comenzó a compartir pequeñas soluciones técnicas en foros especializados y a responder dudas de colegas de forma genuina.

Ella no buscaba fama, buscaba ser útil. Con el tiempo, esas interacciones que no le resultaban naturales crearon una red de confianza tan sólida que, cuando decidió cambiar de rumbo profesional, no tuvo que enviar su hoja de vida desesperadamente; su red ya estaba trabajando para ella, recomendándola en círculos a los que ella nunca habría entrado por voluntad propia.

La clave que Elena descubrió, y que todos podemos aplicar, es que la importancia de conectar reside en la generosidad intelectual. Ese concepto se lo escuché hace poco a un crack en liderazgo y, la verdad, me gustó. Cuando dejas de ver el networking como una transacción y empiezas a verlo como una curiosidad por el trabajo ajeno, la presión desaparece. No hace falta ser el alma de la fiesta; basta con ser la persona que envía un artículo interesante a un antiguo compañero o que agradece a un autor por un libro que le ayudó.

Hacerlo bien, incluso cuando no te gusta, consiste en encontrar tu propio formato. Para algunos será un café uno a uno, donde la profundidad suple a la cantidad. Para otros, será mantener un perfil activo pero discreto en redes. El networking que más conecta no es el que hace más ruido, necesariamente, sino el que construye puentes lo suficientemente firmes para que, cuando llegue el momento de cruzarlos, el camino ya se conozca.

No dejes que tu personalidad o tu propia esencia te encierren y permitan que los que hacen más ruido te lleven por delante. Haz las preguntas correctas, rodéate de la gente que te aporta y jamás pierdas el impulso de ser generoso intelectualmente. Valoro cien veces más a quien se interesa de manera real por lo que te pasa y te pregunta qué más puedes hacer para crecer, que aquellos que adulan sin siquiera estar convencidos del piropo laboral que están dando.

Por más corazones genuinos que conecten de manera espontánea y hagan que el networking no sea una obligación, sino un placer navegable.