OPINIÓN

Claudia Varela

Mientras haya tiempo

El deseo no es un premio ni una distracción: es una intervención emocional que transforma el estado de ánimo, fortalece vínculos y, muchas veces, renueva la energía para seguir luchando.
8 de marzo de 2026, 9:20 a. m.

Hoy quiero destacar una mujer cuyo proyecto me enamoró. Ella se llama Juana y tiene 30 años, una energía que raya entre la timidez, el buen corazón y que se quiere comer el mundo. Llegó a nuestro desayuno en patineta con su casco en la mano, diciendo que se le había quedado el celular, pero que no le importaba. Que a veces simplemente se desconecta un fin de semana y se dedica a conectar con ella y su deporte.

Juana Rojas Mayol es la directora de la Fundación Make-A-Wish. Su misión es cumplir los sueños de niños entre 3 y 17 años que enfrentan enfermedades que ponen en riesgo sus vidas.

Make-A-Wish es una organización que devuelve esperanzas, que logra sonrisas, que va en contra del tiempo para una familia y para un niño que a veces solo sueña con un helado de vainilla. Ahí es donde todo adquiere otro sentido. Juana, con sus palabras y su misión, me dejó pensando en cuánto tiempo perdemos en cosas superfluas mientras hay almas que sueñan con ver el mar.

En esta conversación con Juana, con un buen té y un café de mañana, encontré una idea que me dejó pensando y por eso escribo hoy sobre Juana y la Fundación. Ella me dijo: “Mientras haya tiempo”, hacemos posible el deseo. Esa frase es toda la verdad que vivimos día a día. Nunca hay tiempo para las cosas importantes y la vida se nos vuelve una carrera personal corriendo y haciendo.

Para estos niños y sus familias, esa conciencia no es filosófica ni abstracta; es concreta, diaria, médica. Y, sin embargo, lejos de paralizarlos, se convierte en motor para soñar sin limitaciones.

La organización forma parte de una red global —Make-A-Wish International— presente en decenas de países, y en Colombia ha encontrado una manera profundamente humana de conectarse con nuestra realidad. Cada deseo concedido no es un espectáculo; es un proceso íntimo que involucra voluntarios, médicos, familias y comunidades enteras. El deseo no es un premio ni una distracción: es una intervención emocional que transforma el estado de ánimo, fortalece vínculos y, muchas veces, renueva la energía para seguir luchando. Hoy quiero hablar de Make-A-Wish para reflexionar en qué nos enseñan estos niños. En cómo los sueños son tan personales y en cómo hay mujeres tan poderosas como Juana que dedican su vida a sensibilizar a otros para que ayuden a niños a soñar cuando todo se ve tan triste. Muchos médicos le dicen a su equipo que tienen tres días para cumplir su misión. Esto es increíble cuando muchas veces tres días se nos van sentados en un computador resolviendo temas con objetivos puramente financieros y ni nos damos cuenta de que son tres días menos de vida.

La lección que me dio Juana es clara, hay que trabajar con el corazón, haciendo lo que más nos gusta y la vida no se mide en tiempo, sino en significado.

Y es que mientras haya tiempo, hacemos posibles los deseos. Eso es lo que mueve todos los días a Juana y a su equipo. No van en busca de remedios que curen el cuerpo, pero persiguen algo que ponga una sonrisa en el alma. Make-A-Wish Colombia promete ilusión, sonrisas y una esperanza de no tener límites. Me encantó conocer a Juana, entender que hay almas que viven con un propósito claro y quiero resaltar corazones poderosos en un mes que conmemora la valentía de muchas mujeres por la igualdad de derechos. Necesitamos muchas más Juanas que entiendan que, mientras haya tiempo, se pueden seguir cumpliendo sueños.