Sin saber todavía si la demanda contra el aumento del salario mínimo va a prosperar, las empresas y los negocios tienen que acomodarse a esta nueva realidad. Por eso, hice unos números sencillos de cómo impacta este aumento en una compañía tipo, con las siguientes características:
- Costo de ventas: 40%.
- Gastos de personal: 30% de las ventas.
- % de empleados con salario mínimo: 80 %.
- Servicios: 10% de las ventas.
- Arriendos: 10% de las ventas.
- Impuesto de renta: 35% de la utilidad.
Para todos los demás rubros se asumirá el aumento de la inflación causada durante el año 2025; es decir, 5,1 %.
De esta manera, y asumiendo que la compañía tiene una utilidad del 10 % sobre las ventas y quiere mantener esa misma utilidad conservando el poder adquisitivo del dinero (es decir, ajustándose a la inflación), los resultados muestran que el aumento necesario en el precio de los productos para llegar a ese mismo resultado estaría alrededor de entre el 11 y el 13 %.
Como se puede ver, es matemáticamente imposible no subir los precios de los productos para asumir el nuevo costo laboral, todo esto sin tener en cuenta otros factores como:
Existen salarios en la compañía que, aunque no son salario mínimo, son cercanos a este y, por lo tanto, deben subir un porcentaje mayor que la inflación: no pueden quedar por debajo del mínimo.
Durante este año empieza a operar la disminución de horas laborales y el aumento de las horas nocturnas, lo que también traerá un incremento adicional en los costos laborales. Para una compañía con estas características, ese costo implicaría un aumento adicional de precios de entre el 4 % y el 6 %.
En este sencillo modelo no estamos teniendo en cuenta los costos generados por la emergencia económica, como el aumento del IVA en algunos productos, el impuesto al patrimonio y otros.
Como se puede ver, la situación para las empresas es complicada. Para sobrevivir, tienen que tomar decisiones: habrá productos cuyos precios podrán subir en esos niveles sin afectar las ventas, pero también habrá otros que, por su naturaleza, no se pueden encarecer. En esos casos, la compañía tendrá que recortar parte del personal o disminuir su operación para mantener costos estables.
Existe otra cantidad de variables que impactan el resultado de las compañías, por ejemplo, si exportan parte de su producto, ya que la revaluación del dólar puede ser otro grave problema; o si los compradores están atados a alguna restricción legal que les hace imposible comprar los productos con el aumento necesario.
Al final, la realidad económica es que los empleados tendrán ‘lo comido por lo servido’: se les aumentará el salario, pero también subirán los costos de su vida diaria. Obviamente, a unos más que a otros. Los más perjudicados serán los informales, los que salen todos los días a buscar el diario: encontrarán todo más caro y necesitarán conseguir más ingresos.
Es claro que aumentará la informalidad y, por ende, la pensión y la salud de los colombianos se verán impactadas. Mejor dicho, el famoso efecto cascada será una realidad: perderán más de lo que ganan.





