
Viajes en 2026: lugares, precios y cómo se comportará el mercado
El año arrancó con un buen impulso para el sector turístico en Colombia, que sigue jalonando la economía y el empleo. Aunque la inflación encarece servicios como hospedaje y alimentación, el comportamiento del dólar favorece a quienes planean viajar al exterior.

Hacer planes para viajar afuera del país volvió a ser una posibilidad real para muchos colombianos, por cuenta de un dólar que ha estado durante el comienzo de 2026 casi 1.000 pesos por debajo de lo registrado en el mismo periodo del año pasado. Un impacto que no es marginal, pues el comportamiento del dólar podría implicar una reducción cercana al 15 por ciento en el costo total de un viaje internacional, aun considerando los incrementos generados por la inflación en los servicios turísticos. La cifra no es una equivalencia matemática exacta, pero sí una referencia clara del alivio que hoy siente el bolsillo del viajero.
“El año pasado, por esta época, teníamos un dólar alrededor de 4.200 pesos. Hoy la diferencia se puede leer como un descuento importante en términos reales, pese a que subió el costo de viajar en general”, explicó Olga Rendón, mentora de finanzas personales de la plataforma Salva tu Bolsillo.
Ese efecto se refleja con claridad en los tiquetes aéreos internacionales, que se liquidan en dólares y, por tanto, se abaratan en pesos cuando la tasa de cambio baja. El alojamiento sigue una lógica similar. En ciudades donde la hotelería fija tiene tarifas en dólares o euros, el viajero colombiano enfrenta hoy un desembolso menor al convertir esos precios a pesos. Una noche en un hotel de gama media en Miami o Madrid, que en 2025 implicaba un esfuerzo significativo, hoy resulta más accesible en términos relativos. Además, el ahorro se acumula cuando la estadía se extiende y se suman gastos diarios como transporte urbano, alimentación o actividades culturales, rubros que suelen pagarse con tarjeta y se liquidan a la tasa del día.
Ese beneficio no se distribuye de manera uniforme entre destinos. Viajar a países donde el dólar es la moneda local amplifica el efecto. “Nos conviene más viajar a países donde el dólar sea la moneda local, como Estados Unidos o Panamá. Cuando entran otras monedas, la relación cambia y depende mucho de lo que pase dentro de cada país. Eso hace que no todos los viajes se abaraten de la misma manera”, precisó Rendón.
Mientras que en destinos dolarizados el ahorro es más predecible, en ciudades donde la moneda local se fortaleció frente al dólar el beneficio se atenúa. Aun así, el balance general favorece al viajero colombiano en estos tiempos, especialmente en comparación con el último trimestre de 2025, cuando la tasa de cambio alcanzó picos más altos.
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Ahora bien, la comparación con el turismo interno tiene un contraste incómodo. En Colombia, los costos asociados a los servicios turísticos han aumentado por factores internos. El incremento del salario mínimo, los recargos laborales y los costos operativos presionan las tarifas finales. Rendón lo advirtió desde una perspectiva estructural: “Aquí los costos siguen subiendo. Hay que pagar más en hoteles, restaurantes y servicios de hospitalidad. Eso hace muy difícil competir cuando afuera hay destinos bien estructurados que hoy son más baratos”.
El resultado es una paradoja que las cifras empiezan a mostrar. En temporadas altas, destinos nacionales como Cartagena o Santa Marta pueden implicar un gasto diario comparable o superior al de ciudades internacionales con mayor oferta y competencia. Y esa comparación aparece de manera recurrente en los cálculos de los viajeros que evalúan opciones con una tasa de cambio favorable.
Esto, lógicamente, obliga a matizar el entusiasmo, ya que el dólar bajo abre una ventana clara para el turismo emisivo, al tiempo en que redefine las decisiones de consumo dentro del país. Para la industria turística colombiana el reto no pasa únicamente por el precio. La experiencia, la calidad del servicio y la diversificación de la oferta empiezan a pesar más en un contexto donde el factor cambiario deja de jugar a favor del destino local.
Todo esto coincide con el momento de fortaleza estructural del turismo colombiano. De acuerdo con el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), en su Informe de Impacto Económico 2025 elaborado junto con Oxford Economics, el sector proyectó una contribución de 21,6 mil millones de dólares al PIB nacional, equivalente al 5,1 por ciento de la economía, además del sostenimiento de cerca de 1,3 millones de empleos, el 5,7 por ciento del total nacional.
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Ese peso explica por qué variables como la tasa de cambio tienen efectos amplificados. El mismo informe del WTTC estimó que el gasto de turistas internacionales alcanzaría un máximo histórico de 10,5 mil millones de dólares, en un contexto de alta demanda global y mayor conectividad. En otras palabras, el turismo colombiano llega a este ciclo cambiario con una base sólida, luego de su sorprendente recuperación pospandemia.
Desde el frente sectorial, el análisis se concentra en cómo ese dinamismo convive con un entorno monetario distinto. Recientemente, desde la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (Anato), recordaron que Estados Unidos representó el 24 por ciento de los visitantes extranjeros que llegaron a Colombia en 2025, manteniéndolo como el principal mercado emisor.
Para Paula Cortés, presidenta ejecutiva del gremio, el impacto de ese flujo va más allá de las cifras. “Si tenemos en cuenta que un turista estadounidense permanece en Colombia en promedio entre cuatro y cinco noches y multiplicamos ese tiempo por su gasto, estamos hablando de una cifra muy importante para el mercado. El turismo es uno de los motores del empleo y de la economía del país, y Estados Unidos sigue siendo uno de nuestros mercados estratégicos”. precisó.
Pero el fortalecimiento del peso puede tener un efecto adverso. Para viajeros provenientes de países con monedas distintas al dólar, Colombia puede resultar más costosa que hace un año, lo que influye en decisiones como la duración de la estadía o el tipo de servicios contratados. En ese punto, Cortés subrayó que la variable monetaria no actúa sola. “Más allá de las disposiciones migratorias, lo que realmente impacta es la percepción internacional del país, que puede incidir en la decisión de viaje y en la comercialización de paquetes turísticos, especialmente para las agencias receptivas”.
Desde ProColombia, la lectura institucional conecta esas tensiones con una transformación más amplia del sector. Su presidenta, Carmen Caballero, destacó que “Colombia vive un momento excepcional en el turismo internacional. En apenas tres años llegaron al país más de 19 millones de visitantes no residentes y se generaron más de 24.000 mil millones de dólares en divisas, lo que confirma al turismo como uno de los motores de la economía nacional”.
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Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, Colombia registró 646.770 reservas aéreas internacionales, que representan un crecimiento del 6,4 por ciento frente al mismo periodo del año anterior, según cifras de Anato. Más del 70 por ciento de estas reservas corresponden a viajes de placer, seguidos por visitas a amigos y familiares (15,3 por ciento), grupos (7,5 por ciento) y negocios (6 por ciento). Uno de los datos más relevantes es la duración de las estancias: el 25,7 por ciento de los viajeros internacionales planeó visitas de más de 21 noches, mientras que casi el 40 por ciento compró sus tiquetes con más de cuatro meses de anticipación, lo que refleja un mayor nivel de planificación. Bogotá, Medellín y Cartagena concentran más del 91 por ciento de las reservas, aunque se destacan crecimientos en destinos como Bucaramanga (+42,3 por ciento), Pereira (+39,1 por ciento), Santa Marta (+25,8 por ciento) y Cúcuta (+25,7 por ciento). Esto evidencia un interés creciente por regiones distintas a las tradicionales.




