Antes del 14 de febrero, miles de empresas en Colombia cumplen una obligación legal: consignar las cesantías de sus trabajadores. Es un proceso rutinario, casi automático; aunque la Ley 2466 habla de algunas modificaciones, la reglamentación está en proceso y este año la consignación de esta prestación sigue de la misma manera y exigencia como en años anteriores.
El impacto que tienen estos recursos en la vida de las personas debe ser profundo y duradero. Más que un dinero que en múltiples ocasiones se toma como parte de los ingresos recurrentes de una persona en la formalidad, debe convertirse en ahorro destinado para su propósito, que al final debería ser parte del patrimonio de las personas. Sin embargo, resulta importante una pregunta de fondo para los empleadores y quienes administran el ahorro de esta prestación: ¿estamos usando las cesantías solo para cumplir la norma o como una verdadera herramienta de bienestar y estabilidad económica?

De acuerdo con el informe al cierre del año 2025 de la Asociación Colombiana de Administradoras de Fondos de Pensiones y de Cesantías (Asofondos), los trabajadores retiraron $11,7 billones en cesantías: $4,1 billones, equivalentes al 35,6 %, por terminación de contrato laboral; $3,3 billones para mejora o liberación de deuda de vivienda; y $2,9 billones para la compra de vivienda. En conjunto, estos últimos dos conceptos representaron aproximadamente el 54 %, mientras que el 8,5 % restante se destinó para educación.
Esto es un reflejo de que esta prestación se ha convertido en un respaldo financiero no solo para cuando la gente se queda cesante. Es evidente que la mayoría de las personas está utilizando el ahorro como parte de su patrimonio o una ayuda esencial para su educación o la de sus familiares.
De acuerdo con las cifras anteriores, las cesantías están representando un vehículo de ahorro que se convierte en seguridad, arraigo y la posibilidad de proyectar un futuro con mayor tranquilidad. También es un factor determinante para la movilidad social, que sigue siendo uno de los principales desafíos del país y responde a una ecuación en la que confluyen educación financiera con propósito de ahorro, acceso al crédito con tasas competitivas y una oferta suficiente de soluciones habitacionales.
Esto es un llamado para que las entidades financieras que administran ahorro de los colombianos no solo tengan en cuenta el comportamiento de las personas a niveles transaccionales, sino que sus apuestas en el mercado deben acompañarse de capacitación y asesorías enfocadas al bienestar social que, para efectos de este análisis con propósito patrimonial, deberá enmarcar un lenguaje que culturice a la población acerca de la importancia de utilizar sus ahorros en vivienda o educación.
Apoyo financiero
Desde mi labor en el Fondo Nacional del Ahorro hemos consolidado un portafolio integral que articula educación financiera y soluciones de crédito, para que el ahorro se convierta en cierre financiero real para las familias. Así, fortalecemos el ciclo económico desde su origen que es la generación del ahorro, dinamizando el sector constructor y el mercado inmobiliario a través del acceso al crédito y la generación de nuevas unidades habitacionales.
De esta manera, desde el FNA apoyamos el ciclo económico del sector desde el largo plazo, financiando hasta el 90 % del valor de la vivienda, con el objetivo institucional de llegar hacia esquemas de financiación del 100 %, y ofrecemos condiciones preferenciales para los hogares de menores ingresos, con tasas desde UVR + 0 % para quienes devengan hasta dos salarios mínimos. Desde el sector constructor, con nuestro crédito para proyectos habitacionales, también iniciaremos la oferta a los créditos asociativos enfocados en mejoramientos.
Nuestras fuentes de fondeo propias, provenientes de la administración de más de $13 billones entre cesantías y ahorros voluntarios, son eficientemente administradas, con el propósito de generar bienestar social a través de políticas convertidas en líneas de crédito, con las tasas más bajas del mercado. Así, aseguramos a nuestros afiliados el reconocimiento de sus cesantías con intereses competitivos para que sus recursos no pierdan valor en el tiempo.
Por eso, el llamado a los empleadores es claro: facilitar el traslado de las cesantías al Fondo Nacional del Ahorro va mucho más allá de cumplir una obligación legal o de respetar el derecho del trabajador a elegir. Es una decisión que contribuye a construir patrimonio, estabilidad y futuro. Porque cuando el ahorro se gestiona bien, deja de ser un trámite y se convierte en hogar.
De cara a 2026, el desafío es seguir impactando para que más colombianos conviertan su ahorro en oportunidades reales de vivienda y bienestar. Nuestro objetivo como principal administrador del ahorro en el Gobierno nacional será trabajar para que nuestras líneas de crédito continúen teniendo vocación social a través de tasas competitivas que conviertan ese ahorro en patrimonio, con cuotas cada vez más cercanas a la capacidad de pago, para que las personas dejen de pagar arriendo y pasen a ser propietarios.
Esto solo se logra combinando acceso al crédito con Scoring diferencial, promoviendo la capacitación financiera enfocada en la utilización del ahorro como objetivo patrimonial y garantizando cierres financieros a través de los créditos constructor y asociativo. De esta manera, se promueve que las cesantías o cualquier recurso destinado al ahorro pueda generar bienestar social. Este mensaje no solo es una directriz que nos guía en el FNA, es un compromiso social que debe acompañar a todo el sector financiero.










