Opinión
El papel femenino en la transición energética
Invertir en la preparación de mujeres para ser ingenieras eléctricas, electrónicas y afines es una apuesta inteligente por un futuro energético más justo, diverso e innovador. Necesitamos su conocimiento técnico y visión transformadora ante la urgente necesidad de una transición energética.

Por décadas, el sector energético ha sido considerado un terreno predominantemente masculino. Las imágenes que suelen venir a la mente cuando pensamos en redes eléctricas, paneles solares o turbinas eólicas, rara vez incluyen mujeres. Sin embargo, en un mundo donde la transición energética es una urgencia y no una opción, no podemos darnos el lujo de dejar por fuera el 50 por ciento del talento humano. La participación de las mujeres en este campo no es solo una cuestión de equidad, sino una necesidad estratégica para lograr un futuro más sostenible, justo e innovador. Su capacidad de conexión y empatía, dada por su naturaleza, es necesaria en este momento para la mitigación del cambio climático.
Según datos de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA), las mujeres representan solo el 32 por ciento de la fuerza laboral en energías renovables a nivel mundial, y este número disminuye aún más cuando hablamos de cargos técnicos y de liderazgo. Según datos del Ministerio de Educación Nacional, de los estudiantes matriculados en el primer año de programas académicos STEM, 31,5 por ciento eran mujeres. Esta baja representación no se debe a falta de capacidad o interés, sino a barreras estructurales, estereotipos persistentes y la ausencia de referentes visibles.
Pero hay buenas noticias. En la medida en que las industrias se transforman para responder a los desafíos del cambio climático y la seguridad energética, se abren nuevas oportunidades para que más mujeres participen activamente en la transición. Las energías renovables, en particular, ofrecen un terreno fértil para la inclusión. Este sector, más joven y menos arraigado en estructuras tradicionales, permite construir desde cero modelos más equitativos, inclusivos y diversos. De hecho, entre mayor especialización, los ingresos pueden ser más representativos.
En Colombia, por ejemplo, se están dando pasos importantes. El Plan Energético Nacional proyecta una diversificación de la matriz energética con una fuerte apuesta por fuentes renovables como la solar y la eólica. Esto implica una creciente demanda por ingenieras capacitadas en diseño, instalación, operación y mantenimiento de sistemas energéticos inteligentes. ¿Quiénes ocuparán estos puestos si no preparamos desde ya a más niñas y jóvenes en disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)?
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Desde mi experiencia liderando una organización en el sector energético, he podido ver de cerca cómo las mujeres no solo aportan conocimiento técnico, sino también una visión transformadora. Me apasiona ayudar a las empresas a reconectarse con su entorno, a transformar la forma en que consumen y producen energía y a integrar la sostenibilidad como motor de negocio. En cada proyecto veo cómo la energía, cuando se gestiona con consciencia, puede convertirse en una herramienta de conexión con el planeta, con las personas y con el propósito empresarial.
Las mujeres tienen la capacidad —y la sensibilidad— de liderar esa transformación. Lo he vivido con mi equipo, donde ingenieras comprometidas con la transición energética trabajan cada día no solo con eficiencia técnica, sino con una profunda comprensión del impacto social y ambiental de cada decisión. Las he visto dialogar con comunidades, diseñar soluciones que reducen costos sin sacrificar sostenibilidad y liderar procesos que inspiran a más mujeres a imaginarse a sí mismas dentro del sector.
Pero el cambio no se da por inercia. Necesitamos políticas públicas que fomenten la participación femenina en carreras técnicas; becas y programas que inspiren a las niñas desde la educación básica; mentorías entre mujeres del sector energético para fortalecer redes de apoyo y un compromiso real de las empresas para generar entornos seguros, equitativos y de crecimiento profesional para sus colaboradoras.
La transición energética no es solo un reto tecnológico, es también un cambio cultural. Un cambio que requiere nuevas formas de pensar, de liderar, de conectar. Y en esa transición, la energía femenina no es una cuota: es una fuerza vital.
Invertir en la preparación de mujeres para ser ingenieras eléctricas, electrónicas y afines no es un favor, es una apuesta inteligente. Una apuesta por un futuro energético más justo, más diverso, más innovador. Es momento de encender esa chispa. Y que brille con fuerza.
Alexa Oviedo, gerente de O3 Smart Cities