La inteligencia artificial generativa, una rama de la IA que crea contenido como texto, imágenes, código, música o video tras aprender patrones de grandes conjuntos de datos, ya no es una promesa futurista ni un privilegio reservado para grandes centros tecnológicos. Hoy está en el corazón de la conversación global como una oportunidad histórica: convertirse en una herramienta real para amplificar el liderazgo femenino y transformar la gestión pública con propósito.
Durante décadas, las mujeres han tenido que abrirse camino en entornos diseñados sin ellas. Han liderado con menos recursos, menos tiempo y mayor escrutinio. En ese contexto, la IA generativa no llega a reemplazar talentos ni a borrar trayectorias; llega a nivelar el terreno. Automatiza tareas repetitivas, optimiza procesos, organiza información y libera tiempo. Tiempo que, para muchas mujeres, es el recurso más escaso y más valioso.
La IA no tiene género, pero su impacto sí puede tenerlo. En situaciones en que una emprendedora utiliza estas herramientas para estructurar un plan de negocio, analizar datos o proyectar escenarios financieros, accede a capacidades que antes requerían grandes equipos o inversiones. Asimismo, cuando una líder pública incorpora la IA para tomar decisiones basadas en evidencia, anticipar riesgos o mejorar la comunicación con la ciudadanía, fortalece su gestión y su credibilidad. Y cuando una mujer joven se forma en estas tecnologías, no solo aprende a usarlas, sino a no quedarse atrás.
En un país que exige instituciones más cercanas, eficientes y transparentes, la innovación pública dejó de ser una consigna para convertirse en una necesidad. En Cundinamarca, esta visión se ha venido consolidando desde una gestión que entiende la tecnología no como un fin, sino como una herramienta al servicio del bienestar colectivo. La inteligencia artificial, bien entendida y correctamente gobernada, permite analizar información en tiempo real, reducir ineficiencias y liberar talento humano para tareas de mayor valor.
Aquí, el liderazgo femenino marca una diferencia. Una forma de dirigir orientada a la evidencia y a las personas, una forma estratégica, sin perder sensibilidad social. La tecnología no desplaza este liderazgo: lo potencia. Permite decidir con más información, comunicar con mayor claridad y actuar con mayor oportunidad.
Un ejemplo de esta convergencia se observa en sectores tradicionalmente asociados a esquemas comerciales clásicos, como los juegos de suerte y azar. La adopción de IA generativa aplicada al marketing empresarial está transformando estas dinámicas de manera responsable con campañas mejor segmentadas, mayor comprensión del consumidor y estrategias más eficientes, sin perder de vista los límites éticos ni la función social que cumple este sector en la financiación de la salud y otros programas públicos.
Sin embargo, el debate no puede quedarse en la fascinación tecnológica. La IA también reproduce sesgos y puede amplificar desigualdades si no se lidera con criterio. Por eso, hablar de inteligencia artificial y poder femenino es hablar de acceso, formación y decisión. No solo de aprender a usar herramientas, sino de definir para qué y para quién se usan.
El verdadero desafío no es tecnológico, es cultural. Implica asumir que la innovación también nos pertenece. Porque el futuro no será solo digital o inteligente: será más equitativo, o no será.
Maribel Córdoba es gerente general de la Lotería de Cundinamarca










