Nos encontramos en un año de desafíos estructurales para empresarios y directivos, un escenario donde el liderazgo positivo y la capacidad de hacerse cargo han dejado de ser opciones para convertirse en imperativos no negociables.
El entorno político actual desafía los modelos tradicionales, exigiendo de los líderes su versión más estratégica, solidaria y colaborativa. En medio del ruido mediático y la incertidumbre, la clave no es la distracción, sino el monitoreo inteligente para la toma de decisiones. Con un déficit fiscal del 6 por ciento, falta de claridad en las reglas tributarias y retos persistentes en seguridad nacional y salud Colombia, surge la pregunta inevitable: ¿Debe un líder retroceder ante la crisis?
Al contrario, es precisamente en la adversidad donde se revela la verdadera casta del liderazgo. Aunque culturalmente nos hemos acostumbrado a la narrativa del pesimismo, Colombia ha demostrado una resiliencia histórica. Somos un país con una biodiversidad privilegiada, ubicación geoestratégica y, sobre todo, un talento humano excepcional. El cambio real comienza cuando decidimos transformar nuestra mentalidad para potenciar esas fortalezas.
El mito del optimismo ingenuo
Existe la falsa creencia de que ser positivo es sinónimo de estar mal informado. Sin embargo, el liderazgo positivo no ignora los problemas; los aborda desde una perspectiva de soluciones. Como señala Kim Cameron, el liderazgo positivo se enfoca en el ‘desvío positivo’, es decir, alcanzar un rendimiento que va mucho más allá de lo normal o esperado, incluso en condiciones difíciles.
No es coincidencia que instituciones como Harvard promuevan líderes que gestionan sus mentes para educar la mirada hacia las fortalezas. La inteligencia emocional no es suerte; es la capacidad de generar entornos de gratitud y colaboración que retienen el talento. La gente no renuncia a las empresas, renuncia a los jefes que sólo ven caos. Un líder positivo es un facilitador que elimina obstáculos para que su equipo alcance el 120 por ciento de su potencial.
Los pilares de la ejecución
Para que el liderazgo positivo sea efectivo, debe aterrizarse en tres puntos clave:
- Diagnóstico del problema: ¿qué ‘dolor’ específico estamos curando?
- Definición del producto/solución: ¿cómo lo resolvemos de forma única?
- Escalabilidad y valor: entender el sector, identificar oportunidades y colaborar para multiplicar el impacto.
El carácter de “hacerse cargo”
El segundo componente vital es la responsabilidad radical. Empoderar y delegar no significa ausentarse. Un líder debe supervisar y responder cuando las cosas fallan. El liderazgo no es un concurso de popularidad; es lograr que las cosas pasen.
Hacerse cargo implica tener el carácter para proteger la cultura organizacional. Ignorar los errores o posponer decisiones difíciles por el deseo de ser “querido” solo conduce a la fuga de talento y al colapso de la organización. La firmeza no contradice la positividad; la complementa a través de la coherencia.
Conclusión: La autenticidad como bandera
¿Cómo combinar la mano firme con la actitud positiva? La respuesta es la coherencia entre el pensar, decir y actuar. En un mundo que observa cada movimiento, desde el cargo más junior hasta el más senior, la autenticidad es el activo más valioso.
Invito a los lectores a liderar desde su esencia, con una actitud coherente y el carácter necesario para transformar realidades. Porque el liderazgo, al final del día, es el arte de hacer que lo extraordinario suceda.
Luisa Fernanda Jaramillo, CEO DE ProyectaT










