Enfrentamos un momento de escepticismo político, inducido por las campañas de desinformación alrededor de las elecciones presidenciales, lo que permite recordar una frase del Cardenal Richelieu, primer ministro francés del siglo XVII, quien, priorizando los intereses nacionales de su país, afirmó que “El hombre es inmortal, su salvación está en el más allá; el estado no tiene inmortalidad, su salvación es ahora o nunca”.
Estamos frente a una situación similar donde la democracia vive momentos de agonía y, por tanto, ganar en la primera vuelta debe ser el objetivo de quienes unidos quieran recuperar el país que todos amamos.
Probablemente, muchos funcionarios que ejercen cargos de poder y responsabilidad, nombrados por afinidad ideológica con el gobierno, no por meritocracia ni por ser dechado de virtudes personales y profesionales, desconocen que su labor debe estar orientada a contribuir al logro de los intereses nacionales del país, representados particularmente en la supervivencia del Estado, en la seguridad a todos los residentes, en favorecer la prosperidad económica de la nación y en generar las condiciones que permitan darle bienestar general a toda la población.
Parece que en el país hacen todo lo contrario; cuando se habla de la supervivencia de la nación, se hace referencia a la protección e integridad del territorio y al mantenimiento de la soberanía y autoridad del Estado, pero se observa con gran preocupación que las Fuerzas Militares, encargadas constitucionalmente de esta tarea, posiblemente en forma deliberada han sido debilitadas durante los últimos años; en cuanto a la soberanía del Estado, debido probablemente al ‘paternalismo ideológico’ del Gobierno, las bandas criminales se han multiplicado por toda la geografía nacional y ejercen ‘control territorial’, imponiéndose por la fuerza de las armas, especialmente a los residentes del campo.
Se ha perdido la soberanía de la Nación en un número importante de municipios, pero parece que el Gobierno sufre de ‘negacionismo patológico’, pues no quieren reconocer esta amenaza que afectó las pasadas elecciones y que, seguramente, afectará las próximas; si no se le pone freno a esta fechoría, pues abiertamente las cuadrillas narcoterroristas apoyan al ‘heredero de la izquierda’, como lo han manifestado públicamente, al igual que distinguidos integrantes de Fecode, según se obtiene de videos que hoy circulan por redes sociales desenmascarando a estos personajes.
La seguridad en el campo y las ciudades está por los suelos y el asesinato, el secuestro y la extorsión han sobrepasado las barbaries de los grandes carteles de droga hace 30 años; las masacres se han incrementado en muchos rincones del país y, cuando se captura a un cabecilla, el Gobierno lo nombra gestor de paz, mientras que cuando capturan a otros en flagrancia, ordenan liberarlos aduciendo que se encuentran protegidos por integrar mesas de negociación. Las apariciones en público de bandidos que sacan de las cárceles para acompañar en tarima al jefe de Estado, así como las probables bacanales en las cárceles, muestran la corrupción del sistema.
La prosperidad económica que debe apoyar el Gobierno está de capa caída; la corrupción desestimula la inversión; es triste ver que cada día se le cierran al país más puertas en el exterior por decisiones erradas del gobernante, por enfrentamientos ideológicos con otros gobernantes, por aparente falta de resultados frente a delitos transnacionales, o cuando se asume un ilusorio liderazgo internacional para la defensa de causas ajenas, poniendo en riesgo la seguridad nacional y descuidando los problemas internos del país, tarea para la cual ha sido elegido.
La manipulación de la información juega un papel vital en las actuales circunstancias; el historiador Harari ha planteado la tesis de que “la información es la base del poder político: quien controla los datos, controla el mundo”, a lo cual se puede adicionar que quien controla la información, o en este caso, la desinformación, controla la realidad. La inteligencia artificial (IA) es empleada por las famosas ‘bodegas’, que además de saturar las redes sociales con errores, mentiras y calumnias, están generando un ambiente hostil, de inseguridad e indecisión que impacta directamente en el electorado que aún no ha decidido a quién ofrecerá su voto.
Ya no se sabe si los mensajes recibidos son ciertos o falsos, así como se desconoce si algunas de las múltiples encuestas han sido manipuladas o direccionadas por intereses particulares, pues aparecen simultáneamente datos sobre un mismo tema con diferencias notables o con datos que parece han sido ‘sacados del sombrero del mago’; estamos viviendo la tórrida guerra de las encuestas.
Aún estamos a tiempo para salvar a Colombia de las garras del comunismo, derrotando en las urnas al ‘heredero de la izquierda’. La apatía, la indiferencia y la indolencia de algunos ciudadanos pueden dar al traste con el Estado de derecho, las libertades y la democracia. Los partidos del mundial de fútbol los podremos ver en la televisión, sin necesidad de salir del país, porque tenemos la responsabilidad de asistir masivamente a las mesas de votación; todo voto cuenta y faltar al deber ciudadano de votar puede contribuir a que suba la izquierda. Una vez enquistado el comunismo, se queda por décadas, como en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
