OPINIÓN

Luis Guillermo Giraldo Hurtado

Artemis II y Marte

No se trataría de convertir a Marte en habitable, sino de cambiar la constitución del organismo humano de tal manera que pueda habitar en el Marte de hoy.
15 de abril de 2026, 11:00 a. m.

Artemis II, misión relevante para hoy en las iniciales y audaces jornadas para allegarnos un pedacito del espacio exterior, en el futuro será considerada como un modesto comienzo en la conquista de unos milímetros de la inmensidad extraterrestre.

Es necesario pensar en esa colonización, porque, como residentes en este planeta, tenemos un plazo señalado para desalojarlo. En 5000 millones de años el sol, como estrella que es, explotará, encenderá la tierra y de esta solo quedarán cenizas.

Muy largo parece el plazo, pero a la luz de la evolución natural no lo es tanto, al considerar que la vida, incluida la nuestra en evolución, comenzó hace 3500 millones de años. Continuará evolucionando millones y millones más. Entonces, previsivamente, se comienzan a buscar otros posibles habitáculos. También la Tierra ya se siente estrecha para tantos humanos tan progresivamente exigentes de más y más bienes materiales. Añadamos que la historia de la humanidad ha sido la búsqueda y creación de espacios, la de abarcar más geografías, la de caminar con alegría hacia todos los posibles horizontes. Ahora lo es Marte, candidato a convertirlo en una colonia de la Tierra.

A la luz de la técnica de hoy, se considera imposible. Temperaturas de -50 grados centígrados, oxígeno casi que inexistente, suelo tóxico con percloratos, radiación cósmica cancerígena y una gravedad de un tercio de la terrestre. Sería todo artificial, alimentado desde aquí, con viajes con duraciones de seis meses de ida y seis meses de regreso.

Habría que recordar que, antes de que apareciera aquí la vida, nuestro planeta era completamente hostil a ella. Actividad volcánica generalizada, radiaciones mortales, atmósfera tóxica con ningún oxígeno. Hasta que hace esos 3500 millones de años surgieron unas bacterias, situadas en lo profundo de los océanos, ellas nuestros orígenes, que comenzaron a producir oxígeno, fueron cambiando la Tierra enemiga y la volvieron habitable para la vida.

Se podría pensar que la ciencia y la técnica, dentro de muchos años, podrían acelerar en Marte un proceso parecido al de la Tierra. Pero es un sueño de millones de años el volver siquiera una parte de ese planeta habitable. No se dispondría de los recursos suficientes para conseguirlo.

La otra manera de volver a Marte una colonia será más bella, al mismo tiempo más espeluznante, pero se puede afirmar que ha comenzado. No se trataría de convertir a Marte en habitable, sino de cambiar la constitución del organismo humano de tal manera que pueda habitar en el Marte de hoy.

Aunque difícil, hay varias premisas que permiten sostener la lógica de lo anterior.

Primera. No somos los últimos en la evolución; vendrán otras especies más adaptadas que nosotros, por no decir superiores. Segunda. La bioingeniería, el llamado cyborg, o ser humano con implantes tecnológicos que lo capacitarán para trascenderse física e intelectualmente. Tercera. La evolución cultural dirige la evolución natural y la acelera; la modifica y la mejora: manipulamos genes. En palabras de Harari, “la selección natural está siendo reemplazada por el diseño inteligente”. Cuarta. En documentado artículo, el experto en tendencias tecnológicas Peter Joosten cita varios casos. A Tristan Roberts, mediante terapia génica, lo hicieron inmune al VIH. A Emily Whitehead le modificaron el sistema inmunitario. Y el más diciente: el baterista Jason Barnes, quien perdió una mano; le injertaron una biónica y hoy es el baterista más rápido del mundo.

La colonización de Marte podría surgir de un llamado ético. Hasta ahora somos la única conciencia que tiene el universo para analizarse, comprenderse, mejorarse y guiarse. Aunque parezca soberbia, eso crea la obligación de buscar otros espacios estelares, que amplíen y protejan la continuidad de la humanidad, esa magnífica manifestación consciente del inmenso y misterioso cosmos.