OPINIÓN

Aurelio Suárez Montoya

“De Abelardo hasta Fajardo”

Tanta similitud puede causarle problemas al partido fajardista para declarar la oposición a De la Espriella, a no ser que, de entrada, se autocritique por lo que propuso y por lo que calló en la campaña presidencial.
18 de julio de 2026 a las 6:44 a. m.

Es seguro que, de haber sido elegido presidente de Colombia, Sergio Fajardo no habría nombrado ministra de Educación a Viviane Morales, dada su nula trayectoria en ese campo y sus diferencias de enfoque en conceptos esenciales sobre la educación pública. Fajardo predica desde 2010, con Mockus, que “con educación todo se puede”, una “obsesión axiológica”, como la calificó el académico José Fernando Ocampo. Sin embargo, lo cierto es que no puede decirse lo mismo de otros temas.

Por ejemplo, respecto al nombramiento de Miguel Gómez Martínez en el Ministerio de Hacienda. Él es un adepto a la ortodoxia económica, la orientación aperturista, la política monetaria de inflación-objetivo, el libre flujo de capitales, la restricción del gasto público y la “sostenibilidad” fiscal bajo la premisa de que “todos ponen”; es decir, del neoliberalismo.

Coincide en esa concepción con Juan José Echavarría, a quien Fajardo anunció como su eventual ministro de Economía. Echavarría delineó en un artículo un menú de propuestas de “ajuste” concurrentes con las que el Gobierno entrante avisa, cuantificadas en 4,5 por ciento del PIB para los próximos cuatro años, de 85 billones de pesos.

Echavarría propone una nueva regla fiscal en la que los gastos de funcionamiento no superen la inflación para afinar el “Estado insostenible”, así como una reforma tributaria que elimine “beneficios” (que ubica, en su mayoría, en el IVA y en las personas naturales). El paliativo para ampliar el IVA sería devolverlo a los grupos sociales vulnerables, y, aunque afirma que “las tarifas a las empresas son anormalmente altas” –sin discriminar entre grandes y pymes–, ve “poco espacio para reducir impuestos en los próximos años”, entre los que menciona el ICA, el 4 x 1.000 y los aplicados sobre la nómina.

Asimismo, Echavarría remite la evasión o la elusión tributaria de los más ricos y de las compañías transnacionales a la gestión de la Dian. Está de acuerdo con Gómez Martínez en “que viene la resaca” y con quienes no ponen en duda ni al superávit primario –para dar holgura al pago cumplido de la deuda pública–, ni a las “recomendaciones” de la Ocde, ni a los TLC, ni a las inicuas APP.

(https://razonpublica.com/estado-grande-ineficiente-e-insostenible-distribuye/).

Igual ocurriría con el Ministerio de Ambiente. El abelardista Fabio Arjona, recién designado, se declaró militante del “desarrollo sostenible”, el mismo credo ambiental de Brigitte Baptiste, a quien Fajardo propuso para esa cartera si fuera presidente. “Evitar, mitigar o compensar” es el lema para remover los obstáculos a cualquier iniciativa económica que amenace los ecosistemas, con lo que el principio básico de precaución quedaría relegado.

Baptiste –miembro del board de Aris Mining, la minera canadiense que merodea por Santurbán y maneja la explotación aurífera de Marmato y Segovia– casa con Arjona en avalar el “fracking responsable”, la delimitación aprovechable de los páramos, el negocio financiero de bonos de carbono y la valoración de la biodiversidad. Ambos acogen los preceptos de Conservación Internacional (CI), la ONG global que tira línea para los “negocios verdes”.

Las concomitancias programáticas entre fajardismo y abelardismo van más allá. La supresión de la paz total petrista a partir del 7 de agosto de 2026 estaba en las dos agendas de seguridad, así como el “fortalecimiento de la fuerza pública” y la aspersión aérea con herbicidas sobre los cultivos de hoja de coca. Esto, que Fajardo propuso en la presentación de su Plan Guardián, va en consonancia con la membresía de Colombia en la Otan, algo que no rechazan ni el uno ni el otro. Armonizan en detalles como la “auditoría forense” que De la Espriella persigue en el empalme, con el “libro blanco fiscal” que se escribiría si Dignidad & Compromiso hubiera puesto presidente.

Tanta similitud puede causarle problemas al partido fajardista para declarar la oposición a De la Espriella, a no ser que, de entrada, se autocritique por lo que propuso y por lo que calló en la campaña presidencial. Desechar, verbigracia, la idea de Fajardo de acudir a un préstamo del FMI para rescatar la salud, máxime si, como parece, Colombia puede ser impelida a un Acuerdo Extendido con el Fondo del que emanarían recursos para aliviar la estrechez fiscal, pero que, a cambio, impondría rígidas disposiciones en áreas clave de la vida nacional.

No en vano Álvaro Uribe abrió el compás cuando habló “de Abelardo hasta Fajardo”, y concordó en ello Dignidad & Compromiso al dejar en libertad al millón de fajardistas para votar por cualquier opción en la segunda vuelta, incluido el Tigre. Una decisión partidaria unánime que Jorge Enrique Robledo y los demás dirigentes de esa organización consideraron “sabia”.