OPINIÓN

Claudia Varela

Deja la pereza

Nos da miedo que nos vea la gente siendo vulnerables y nos da pereza revisar decisiones que ya están tomadas.
25 de octubre de 2026 a las 10:10 a. m.

Hay un momento en la vida profesional en el que uno se da cuenta de que no está liderando, sino más bien administrando. Administrando procesos, gestionando egos y entendiendo excusas. Y hay algo bien incómodo y es aceptar que esa “estabilidad” que tanto defendemos no es estabilidad, sino más bien comodidad que, cuando se instala, tiene dos raíces que nadie quiere admitir: pereza y miedo.

Adam Grant lo dice sin anestesia: “La zona de confort no es un lugar, es una excusa”. Y cuando uno lo lee desde la silla de gerente, duele, porque la verdad normalmente duele. No es que el cambio sea difícil; es que nos da pereza empezar y miedo sostenerlo.

Creo que nos da pereza desaprender lo que ya dominamos y nos da miedo perder el control que creemos tener. Hace poco vi cómo una de mis mejores amigas vivía un cambio enorme porque su decisión fue hacerlo; dejó su rutina y de un día para otro era una mortal más después de creerse la más top en su pequeña burbuja profesional. Pero ahora no solo sobrevivió, sino que está feliz y la veo llena de energía. Pero el cambio le costó, la adaptación la sufrió.

Nos da miedo que nos vea la gente siendo vulnerables y nos da pereza revisar decisiones que ya están tomadas; nos da miedo que el futuro nos exija una versión de nosotros que todavía no sabemos ser.

Y pensé en Grant cuando insiste en algo que debería ser obligatorio en todas las juntas directivas: “No cambiamos cuando entendemos el futuro; cambiamos cuando nos incomoda el presente”. Y ahí está el verdadero punto de quiebre. Tal vez te haya pasado y es esa sensación de que ya no podemos seguir haciendo lo mismo, aunque hacerlo distinto nos mate del susto.

La transformación no es épica. Solemos verla como un plan de 40 páginas o un discurso inspirador y la verdad es que creo que la transformación empieza en un lugar mucho más íntimo y es aquel momento en el que uno se mira al espejo y reconoce que ha estado posponiendo decisiones importantes porque es más fácil quedarse quieto.

La verdad, creo que uno nunca está listo para cambios radicales. Y aun así, el cambio ocurre. Grant lo resume cuando afirma que “la identidad más peligrosa es la que nunca se cuestiona”. Y en el mundo corporativo, esa frase es una bomba. Porque muchos gerentes no están agotados por el cambio; están agotados por sostener una identidad profesional que ya no les queda. Una identidad que les exige parecer seguros cuando en realidad están confundidos. Una identidad que les pide controlar cuando lo que necesitan es aprender.

Transformarse es renunciar a esa identidad y aceptar que el liderazgo no es un pedestal, sino un proceso. Mi amiga lo tenía claro: ella no quería estar ahí y se quedó porque la inercia se la llevó por delante hasta que un día la vida (más bien Recursos Humanos) decidió por ella y ahí el salto al vacío fue con empujón.

La pregunta no es si estás listo para cambiar. La pregunta es si estás dispuesto a dejar de esconderte detrás de tu comodidad. No olvidemos que los años pasan rápido. Ahora, que yo ando en momentos de cambio, que no solo me incomodaron, sino que me tienen con unas ojeras de locos por el esfuerzo que ha generado un cambio tan radical, me doy cuenta de que lo fácil es seguir haciendo lo mismo y continuar en la rutina que te pone todo al frente, aunque ni notes lo fácil que es. Lo valiente es decidir y navegar el cambio; lo fácil es quedarse y renegar. Yo diría que si tienes dudas sobre dónde estás, empieza a pensar qué haces ahí.

Para cerrar, de nuevo una gran frase de Grant: “El potencial oculto no se revela con certezas, sino con valentía”.

Y la valentía, en el mundo real, empieza con una decisión simple, pero difícil: dejar de administrar lo que ya está muriendo y empezar a liderar lo que todavía no existe. Deja la pereza. No te quedes donde no eres feliz.