OPINIÓN

Aurelio Suárez Montoya

Donald, Delcy y Petro, ¡cuac!, la nueva historieta

Lo que nadie imaginó es que el golpe a Maduro contara –fuera del despliegue guerrerista yanqui– con el colaboracionismo de la cúpula del Gobierno bolivariano.
17 de enero de 2026, 4:47 a. m.

En 1934, Walt Disney y Dick Lundy crearon a Donald, un pato animado, con características humanas, vestido de marinero. A este personaje cascarrabias en 1937 se sumó su pareja, Daisy. Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras el ratón Mickey ejercía cierto pacifismo, Donald era belicoso y fue mascota de varios regimientos, convirtiéndose en una “personalidad militar”. Historietas posteriores lo retrataron como turista norteamericano promedio en Suramérica, un “embajador” que miraba con curiosidad abajo del río Grande.  (https://es.wikipedia.org/wiki/Pato_Donald)

Es inevitable ligar este personaje con el Donald contemporáneo, el Trump del movimiento MAGA (Make America Great Again). Su objetivo es reforzar la hegemonía que Estados Unidos ejerce hace 45 años, enfrentando contrapoderes globales como China, Rusia y otros obstáculos menores.

Esa estrategia geopolítica exige consolidar un poderío hemisférico, regional, indispensable para el control planetario. Para ello, introduce el “corolario Trump” a la doctrina Monroe de 1823 (“América para los americanos”), que buscaba erradicar cualquier vestigio colonialista europeo en el continente. Bajo la bandera de la lucha “antidrogas”, se enfilaron baterías hacia Venezuela desde agosto de 2025, en la operación “Lanza del Sur”, que culminó su primera fase con la extracción a sangre y fuego de Nicolás Maduro, trasladado de Caracas a una prisión en Nueva York. Se le exhibe, igual que en 1989 con Manuel Noriega, como nuevo espécimen del zoológico de esa ciudad, según la descripción que entonces hiciera Francisco Mosquera.  

Era previsible el uso del poderío militar estadounidense, el mayor de la historia humana, con portaviones, y ojivas nucleares, miles de aviones de guerra y una poderosa armada. Se agregan misiles teledirigidos, tropas acantonadas en 254 bases externas en más de 40 países, en 114 instalaciones más pequeñas en otras 60 naciones y 46 financiadas en 14 países, la mayoría en América Latina (E. Revéiz, 2025). Asimismo, la superpotencia bélica cuenta en sus aventuras imperialistas con unidades especializadas de ataque como Delta Force y la actividad constante de la CIA, el FBI y tantas más agencias.

No obstante, lo que nadie imaginó es que el golpe a Maduro contara –fuera del despliegue guerrerista yanqui– con el colaboracionismo de la cúpula del Gobierno bolivariano. Decenas de comentaristas, de diversas tendencias políticas y nacionalidades, señalan la traición como el factor clave: palabra utilizada por todos, concretada en que las instituciones venezolanas no reaccionaron para protegerlo, a excepción de la guardia pretoriana de cubanos.

Las coincidencias son abrumadoras. En Colombia, María Jimena Duzán y Francisco Santos; en Caracas, los militantes de los “colectivos” hablan de “algo de traición” (https://correodelcaroni.com/author/el-nacional/, 10/01/26); el analista argentino Marcelo Longobardi define “una cadena de traiciones” (); Eva Golinger, activista chavista norteamericana, afirmó: “Trump operó sobre una traición” (elperiodico.es, 7/1/26); desde México, Miguel Ángel Godínez García, columnista de Excélsior, tituló “No hubo pacto de Maduro. Fue traición del Ejército” (9/1/26) y Jaime Bayly, peruano, denunció “traición interna”.

Los hechos confirman el pacto de la élite bolivariana con Trump. Delcy Rodríguez es reconocida como presidenta, se restablecen embajadas y PDVSA pasa al control de las compañías gringas. Se impone un TLC de hecho, por el que todas las importaciones de Venezuela provendrán de Estados Unidos; se libera a los presos políticos y, de acuerdo con declaraciones oficiales en Washington, se ordena la expulsión de grupos armados colombianos como el ELN.

La “democratización” política quedó en veremos y María Corina Machado con los “crespos hechos”, a pesar de la penosa subordinación demostrada con su visita a la Casa Blanca para regalar la medalla del Nobel de la Paz. Quienes celebraron esperanzados en parques y plazas en el mundo pronto vieron que la engañosa retórica de Trump sobre un cambio de régimen empezó por acceder a las reservas de petróleo que el chavismo, asentado en el poder, le dispensaría para apaciguar la coyuntura.

En esta nueva historieta de Donald, la antigua pareja Daisy se suplantó por Delcy, pero también surge como sucedáneo de los sobrinos, de Hugo o de Paco o de Luis, Gustavo Petro, quien, tras la conversación telefónica con Trump del 7 de enero, aspira a fungir como “canciller de USA” para Venezuela, al decir de Armando Benedetti. Se sabrá bien el 3 de febrero cuando se siente en la Oficina Oval con su súbito nuevo mejor amigo: el imperialista pato cascarrabias. n