OPINIÓN

Julio Londoño Paredes

Dos experiencias para el futuro inmediato

Los eventos de Perú y de México hacen reflexionar a Colombia.
27 de febrero de 2026, 11:00 a. m.

La situación de Perú tiene asombrado al continente. En diez años, y por ahora, ocho presidentes. Lo curioso es que nadie hace nada porque no hay crisis económica y el país mantiene una situación financiera favorable. La pregunta es: ¿Hasta cuándo y en qué condiciones?

Ahora que en Colombia se avecinan las elecciones parlamentarias, donde algunos candidatos hacen todo tipo de propuestas, es importante mirar la situación que tenemos al lado.

Ante todo, durante el gobierno de Fujimori, todos aplaudían sus ejecutorias e incluso en Colombia, algunos decían “necesitamos un Fujimori”. Se le pasaron por alto la violación de los derechos humanos e incluso las actividades de su más cercano y poderoso asesor, Vladimiro Montesinos, que vendió 10.000 fusiles a las FARC.

Fujimori, embriagado de poder, hizo lo que muchos en varios países han propuesto: volver al congreso unicameral, con el pretexto de ahorrar al fisco recursos y hacer más expedita la expedición de las leyes, dejando al lado la tramitología.

Después se dieron cuenta de que fue un atentado contra la democracia y una triquiñuela para aumentar su poder. Sin embargo, el país, a pesar de la bonanza económica, paulatinamente se fue hundiendo. Se gestó una competencia y una corrupción sin precedentes entre los miembros del congreso unicameral, porque cada parlamentario adquirió un enorme poder.

El parlamento se convirtió en el teatro de una lucha en la que todos se dedicaban a conseguir prebendas. Umberto Jara, brillante periodista y abogado peruano, los calificó como “auténticos traficantes del poder”. De cada omnipotente congresista dependía la vida de un fugaz mandatario.

En Perú, la caída de Castillo, que tanto lamentó el presidente Petro, fue solo el final de un capítulo de una obra en la que tres personajes manejan los hilos del Congreso. Después de muchos esfuerzos se logró, a partir del mes de junio, reconstituir el sistema bicameral.

Algunos de la sucesión de presidentes, que resultaron involucrados en corrupción, especialmente por la fatídica Odebrecht, están en la cárcel. Los defensores de la figura de la vacancia presidencial afirman que si no existiera y los presidentes corruptos no estuvieran en la cárcel, estos seguirían controlando el poder desde la penumbra.

La escalada de violencia que se presentó en México a raíz de la muerte del cabecilla del cartel de Jalisco hace pensar que los que manejan, en realidad, al menos la mitad del país, son los narcotraficantes.

El lema del expresidente López Obrador sobre los narcos, “Abrazos, no balazos”, demostró una realidad oculta que ahora la presidenta Sheinbaum trata de mitigar con la ayuda de Estados Unidos.

Ojalá que “La Paz Total” no se vaya a constituir en algo similar, aunque cada baja de un cabecilla, cada extradición, cada decisión o la falta de ella, da lugar a verdaderas guerras, paros armados, bloqueos y retaliaciones en las que paga la población civil.