Entramos al 2026 sin que se haya producido ningún cambio en Venezuela, a pesar del cuasi bloqueo impuesto por la administración norteamericana al régimen madurista, que ha aprovechado la situación prebélica, para encarcelar y desaparecer a los opositores. Maduro y su combo han establecido un sistema en el que cada venezolano es un informante sobre la existencia de ‘traidores’, incluso entre sus familiares, amigos y vecinos.
Ni la invasión militar; ni la “operación quirúrgica”; ni las salidas para España, Rusia, o Turquía que se anuncian cotidianamente, se han presentado hasta el momento. Si la operación terrestre anunciada por Trump se limita al lanzamiento hace un mes de un dron sobre un embarcadero desconocido del ELN cerca de Maracaibo y aplaudido por Petro, las cosas no aparecen tan serias. En Colombia, los ataques con drones por Mordisco y otros grupos armados contra el Ejército y la Policía, afectando a la población civil, son cosa de todos los días y ahí seguimos.
Es curioso que “la acción terrestre” en Venezuela anunciada por el mandatario norteamericano antes de terminar el 2025, se hubiera hecho precisamente cuando se esforzaba para lograr la elusiva paz en la guerra entre Rusia y Ucrania, y en la de Israel contra Hamás. Como reza el dicho ‘algo es algo, peor es nada’.
Por ahora, fuera de los ataques contra lanchas en el Pacífico y en el Caribe, posiblemente en áreas marítimas colombianas y de ‘la guerra dialéctica’ entre Petro y el Trump, nada especial ha sucedido. Trump no va a lanzar un dron en el Cauca.
Entre tanto nuestro país sigue a la cabeza, no solamente de la producción de cocaína, si no de la presencia de grupos armados estrechamente vinculados con el narcotráfico y a la minería ilegal, que controlan importantes zonas del territorio nacional.
Mientras esa situación subsista, por más relevos de altos mandos que haya, por más aviones y equipos militares que se adquieran, por más negociaciones con grupos armados que se realicen, por más políticos mesiánicos que surjan, por más reformas a la Constitución y a los códigos que se introduzcan, la gran masa de la población colombiana seguirá estando contra la pared amenazada por la rampante inseguridad urbana y rural.
Igualmente, mientras tengamos en la vecindad gobiernos permisivos con la presencia de bandidos colombianos en su territorio, como sucede con Venezuela, no solo con Maduro, sino con Chávez, y como sucedió con Ecuador durante el gobierno de Correa, no podremos salir de este laberinto.
Además pareciera que nos hemos venido acostumbrando a la ilegalidad en diferentes modalidades. Es una responsabilidad acumulada de tiempo atrás, por la que estamos condenados a seguir sufriendo el castigo de Sísifo, rey de Corinto, por habilidosos y ‘avispados’.










