Engañaron a la madre de una manera tan despiadada que es difícil comprender el fin que persiguen. Porque resulta absurdo atemorizar a una comunidad con gestos crueles, para dejar claro quién manda, en un departamento donde nadie duda de su sanguinaria autoridad.
La historia comienza meses atrás, cuando le dijeron a la señora que liberarían a sus hijos, secuestrados en mayo de 2025, en cuanto hiciesen unas averiguaciones. Un tiempo después y según mis fuentes, la mujer acudió ansiosa a la cita para abrazarlos y volver a casa. Pero la guerrilla le dijo que los habían ejecutado y entregarían los cuerpos más adelante.
El día fijado para recibirlos, alegaron que llevaban varios meses muertos y la descomposición de los restos aconsejaba no trasladarlos.
Tal caudal de mentiras a una devastada mamá para un truculento final: el 10 de febrero aparecieron los cadáveres de Pedro y Juan Carlos Murcia, recién asesinados, en una vía de Fortul.
Naturales de El Botalón, feudo inexpugnable del ELN en Arauca, crecieron en el seno de una familia humilde a la sombra de la guerrilla. Si ya sorprendió a sus paisanos el secuestro y largo cautiverio, más aún sus muertes y el inhumano juego con la familia.
El doble crimen sucedió a escasos días de la matanza de los escoltas del senador Jairo Castellanos y a las 24 horas de que el vocero del Frente de Guerra Oriental solicitara, en un video, respetar los retenes viales para evitar inconvenientes y asegurara, con su congénito cinismo, que el ELN no interferirá en las elecciones. Pero la exacerbada violencia de la banda criminal de los falaces curas Camilo Torres y Manuel Pérez ha acrecentado la zozobra y el miedo.
Como este país tritura la memoria, ya se olvidó de que esos pistoleros del ELN atacaron en Saravena, con idéntica sevicia, a Luis Naranjo, político opositor que ha sufrido cuatro atentados. Si no lograron matar a nadie, aunque dos escoltas resultaron heridos graves, fue por ser nueve los guardaespaldas y Naranjo los acostumbró a jamás bajar la guardia.
Pero, en lugar de protegerlo mejor, la UNP le rebajó el nivel de riesgo, le quitaron dos escoltas, lo que le obligó a salir de Arauca para salvaguardar su vida y la de sus guardaespaldas. Otro signo de que este Gobierno desprecia los derechos de sus opositores.
También en Arauca sorprendió el crimen de los escoltas de Castellanos por considerar que el senador petrista contaba con la luz verde de la guerrilla para movilizarse, aval que solo disfruta un puñado de candidatos.
Las fuentes que consulté en mi reciente visita a dicho departamento afirmaron que, además de los petristas, el Partido Liberal suele disponer de dicho permiso, aunque en estos comicios el ELN, para favorecer a quienes son más de sus afectos, pone palos en la rueda a otros rojos, como Roso.
Pese a que los nombres de los amigos del ELN son conocidos por los araucanos, las ías no hacen nada, y eso que su apoyo delincuencial supone amedrentar a los campesinos para que voten por ellos en la zona rural y sean los únicos con licencia para hacer proselitismo en el territorio.
No es, además, la única manera de injerencia electoral del ELN. Empeñados en volatilizar a Salvación Nacional, de Abelardo de la Espriella, y a su eternamente odiado Centro Democrático, cuando no consiguen que sus candidatos renuncien a golpe de amenazas, presionan a las aspirantes para que se retiren. Las listas no son viables si no incluyen una mujer. Por tanto, si ninguna se atreve a figurar, el CD no podría presentarse.
También emplean el método de impedir testigos electorales de la oposición en incontables localidades a sabiendas de que a los jurados no les queda alternativa distinta a acatar la ley del silencio ante cualquier irregularidad.
Otro blanco fácil para torcer la voluntad popular son las urnas en poblaciones rurales de total control del ELN. En el último consejo de seguimiento electoral, Zaida Aguilera, candidata a una curul de paz, solicitó, con apoyo del Centro Democrático, trasladar las urnas de El Botalón a un pueblo cercano, donde el Ejército pueda garantizar mayor transparencia. Son 2.294 votos en juego, suficientes para inclinar la balanza a favor de sus aspirantes. Cabe recordar que Karen Manrique, salpicada en el escándalo de la UNGRD, ganó su curul con solo 2.501 sufragios.
Lo absurdo es que, de manera sospechosa o cobarde, todas las ías negaron la solicitud alegando que no existe posibilidad de manipulación.
Tampoco querrán enterarse del arribo de miles de venezolanos con cédula colombiana para votar por un avalado por el ELN a cambio de plata. Algunos candidatos pasarán a sus votantes comprados el mismo día de los comicios, por Barrancones, Monserrate y otros barrios capitalinos de absoluto dominio del ELN, a orillas del río y a un minuto en lancha de Venezuela.
La Armada debería patrullar puntos clave del río fronterizo para combatir tamaño fraude, y las entidades de control, evitar tal cúmulo de trampas. ¿Lo harán?










