OPINIÓN

Germán Calderón España

En deuda con Álvaro Gómez Hurtado

Dios, la vida y las circunstancias del actual momento histórico de nuestra patria hacen que esa misma prevención de quienes quieren que las cosas sigan como están o peor.
22 de enero de 2026, 11:00 a. m.

El país y la justicia siguen en deuda con la familia de Álvaro Gómez Hurtado, porque su legado fue tan grande que resulta difícil compensar el daño que le hicieron a la humanidad, al país y a la verdadera política, sin que a la fecha se conozcan los autores intelectuales de su magnicidio perpetrado el 2 de noviembre de 1995, hace 30 años, cuando yo estaba en una pequeña oficina de la carrera 15 con calle 73 redactando en máquina de escribir un memorial para radicar ante un juzgado, pues iniciaba mi ejercicio profesional de abogado litigante. El estruendo y la algarabía invadieron la escena y, cuando salí a la calle a constatar qué sucedía, me sumí en el dolor y el terror que causaba la escena en esa época, la de un atentado terrorista de tal dimensión.

En el año 2015, intentamos varios juristas que la justicia colombiana declarara ese crimen como de lesa humanidad y, aunque mi acción de tutela fue negada, en diciembre de 2017 se elevó a esa categoría, motivo por el cual es imprescriptible, es decir, que las autoridades judiciales deben investigar hasta encontrar a los verdaderos responsables penales y sus cómplices sin límite temporal alguno.

No olvidemos que Álvaro Gómez Hurtado fue un gran abogado, periodista y político. Fungió como representante a la Cámara, senador y candidato a la presidencia de la República en tres ocasiones (1974, 1986 y 1990); embajador en Italia, Estados Unidos y Francia; miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución de Colombia de 1991; intelectual y humanista, sin desconocerse sus capacidades para pintar. Estuvo secuestrado por el M-19, grupo guerrillero del presidente Gustavo Petro Urrego, durante 53 días en 1988.

Gómez Hurtado fue fundador del partido político Salvación Nacional, actualmente dirigido por su sobrino Enrique Gómez Martínez, quien no se le queda atrás por su intelectualidad y capacidad de comprender las realidades y las necesidades de nuestro dolido país. Y como Dios pone eslabones que unen la vida de los grandes, hoy, Enrique, es el jefe de debate de la candidatura presidencial de Abelardo De La Espriella, el hombre más opcionado para salvar la patria que este Gobierno desmoronó, desquiciando la institucionalidad y el orden constitucional.

Revisando varios documentos, encontré un artículo de la BBC News Mundo, las palabras que este medio reprodujo de El Heraldo, con las que Abelardo De La Espriella homenajeó simbólicamente a su maestro, pues estudió en la Universidad Sergio Arboleda: “Álvaro Gómez Hurtado no fue presidente de Colombia porque este es un país que no estaba preparado para tener, como máximo dirigente, a un hombre de esa estatura intelectual, humana y moral. (…) Así como lo oyen: Colombia era un villorrio acostumbrado a políticos del común y a prácticas politiqueras, en el que un estadista con visión global sobre la cosa pública y convicciones profundamente democráticas, además de una honestidad a toda prueba, generaba gran prevención entre aquellos que añoraban que las cosas siguieran como estaban”.

Dios, la vida y las circunstancias del actual momento histórico de nuestra patria hacen que esa misma prevención de quienes quieren que las cosas sigan como están o peor, se ejerza sobre la persona de Abelardo De La Espriella; pero al margen de distracción alguna, Dios, la vida y lo que viene en el contexto electoral le darán la oportunidad de reivindicar y homenajear material y realmente a su maestro cuando se posesione como presidente de los colombianos el próximo 7 de agosto, con el reinicio de una investigación exhaustiva y rigurosa para escudriñar hasta el último rincón de Colombia y encontrar a los criminales intelectuales del asesinato de un hombre que hubiera cambiado el rumbo del país y de nuestra sociedad.

Deberá desempolvarse el expediente y revisarse cuál fue la participación, las actuaciones, las omisiones y demás complicidades del homicidio, porque la familia y, especialmente, Enrique Gómez Martínez, jamás aceptará que fuese planeado y ejecutado por las Farc; toda persona que haya sido nombrada como presunto partícipe o cómplice deberá comparecer a la justicia y responder.

Ese es el verdadero homenaje que Abelardo de La Espriella le podrá ofrecer cuando sea presidente de la República de Colombia, porque el homenaje que nosotros, los ciudadanos de a pie, le podemos ofrecer es votar masivamente el 8 de marzo para que Salvación Nacional pueda tener cinco o más senadores y otro tanto de representantes para que desde el seno del Congreso implemente las políticas que Álvaro Gómez Hurtado le ofreció al país en su momento. ¡Todos a las urnas para pagar una deuda eterna e imprescriptible!