La última encuesta de RCN confirma la realidad política en Colombia de cara a las elecciones presidenciales: la pelea es entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, nadie más. En una primera vuelta, Cepeda ganaría con un 30 %, seguido de Abelardo con un 22 % y luego Paloma Valencia con un 3 %. Aun sumados todos los de la consulta, Abelardo les saca 11 puntos, o sea el doble. En escenarios de segunda vuelta, Cepeda gana en todos, pero es Abelardo el que más se le acerca, y Paloma la que perdería por un mayor margen, lo cual es sintomático de la limitada capacidad que tiene de arrastrar los votos de su propia consulta.
Los datos son diferentes a la encuesta de Atlas Intel, que da como ganador a Abelardo, pero ambas encuestas coinciden en que la pelea es entre dos: Cepeda y Abelardo. Con una tendencia tan consolidada y unas diferencias tan abismales a estas alturas, hay que decir que las ilusiones de que Abelardo se desinflara, que motivaron la consulta, se marchitaron.
Hoy se confirma lo que muchos hemos dicho: los únicos que están derrotando a la extrema izquierda en el mundo son outsiders con unas características especiales, y Colombia no es la excepción.
Por eso ningún candidato del establecimiento crece, no importa si lo precede una brillante hoja de vida o si se apoya en un partido muy fuerte: las mayorías en su sabiduría saben que el establecimiento se aferra a viejas convenciones políticas que lo hacen vulnerable ante la extrema izquierda, por eso ha sido vencido, y la izquierda está en el poder. Las mayorías saben que el antídoto para el mal lo tiene Abelardo de la Espriella, que es el outsider.
Esa certidumbre sobre la superioridad electoral de Abelardo debería llevar a los candidatos de la consulta a replantear su posición frente a él, ya que todos, excepto Paloma, mostraron una hostilidad en su contra.
En una elección binaria hay una realidad inevitable y es que cualquier ataque a Abelardo significa un beneficio para Cepeda y viceversa. Por fortuna, estamos viendo cambios: Vicky Dávila ha depuesto su animosidad y ha dicho en una entrevista radial sobre a quién apoyaría en una hipotética segunda vuelta que “dejo constancia de que bajo ninguna circunstancia apoyaría a Iván Cepeda…”. Es sabido que a Vicky no le gusta Abelardo, pero ella es una mujer patriota e inteligente, y por eso apoyará a Abelardo.
A Juan Carlos Pinzón también lo veo votando por Abelardo, e incluso participando en un gobierno suyo. En cuanto a los demás, ojalá cambien y dejen de atacarlo y de equipararlo a Cepeda como un extremo peligroso; ellos saben que eso es mentira.
Su voto por Abelardo en segunda vuelta deben decidirlo no porque quieran elegir al mejor presidente, ellos claramente están muy lejos programática e ideológicamente de Abelardo, (Galán, por ejemplo, se opone a la fumigación de los cultivos de Coca, a Cárdenas la reforma pensional de Petro que expropia el ahorro le parece muy buena) sino por una razón mucho mas practica e interesada, y es por ellos mismos, por su propia vida y su propia libertad: ellos seguramente serán oposición al próximo gobierno, si el que gana es Cepeda, su destino será o la muerte como Miguel Uribe, o el exilio, o una sala de tortura en un helicoide colombiano.
Porque Iván Cepeda llega a completar lo que empezó Petro, que es la destrucción del Estado de derecho para implantar una dictadura comunista. Esta fase sería la de la represión total. Si Petro se rodeó de ex M-19, Cepeda gobernará con las Farc, cuyos métodos son mucho menos sutiles. No se engañen, sus devaneos con ideas estatizantes de izquierda no los salvarán; el Helicoide está lleno de chavistas light que se atrevieron a criticar al régimen.
En 2006, Daniel Ortega se presentó a las elecciones de su país con un objetivo claro: ganar para nunca más dejar el poder. Para conseguirlo solo necesitaba que la centro-derecha y la derecha de su país se dividieran, y el milagro se le cumplió.
El señor Eduardo Montealegre formó una disidencia al Partido Liberal Constitucionalista y se lanzó a la presidencia, y como era predecible, Ortega ganó sin tener las mayorías. El señor Montealegre se fue a la oposición hasta que la Corte Suprema, controlada por Ortega, le quitó su credencial de congresista. Montealegre luego huyó al exilio porque su destino era la cárcel.
El llamado a estos candidatos es que voten en una hipotética segunda vuelta, no para escoger quién gobernaría mejor al país, sino para escoger a quién le harían oposición, porque en ello les va la vida y la libertad.
Por mucho que no les guste Abelardo, saben que en 2030 con él Colombia tendrá elecciones libres y ellos garantías para hacer oposición, y si les parece que Abelardo haría un mal gobierno, pues cuanto mejor, porque en 2030 tendrían allanado el camino para la presidencia. Lo mismo se podría decir de esos medios que se han ensañado con el Tigre. ¿Serán conscientes de lo que pasaría con la libertad de prensa en un gobierno de Cepeda?
A muchos es difícil pedirles patriotismo; por eso, en este caso, solo les pedimos instinto de conservación.










