Clístenes (570-507 a. C.), el ateniense que se considera ‘padre de la democracia’ debe estarse torciendo en su tumba al observar las patrañas empleadas para mantener en el poder a una ideología política, pues estas atentan contra las libertades por las cuales él batalló; Nicolás de Maquiavelo se quedó en pañales cuando escribió El príncipe para Lorenzo de Medici, frente a argucias como la de incrementar el salario mínimo (SMLV) por encima de las posibilidades de los patronos buscando congraciarse con los trabajadores y comprar sus votos en las próximas elecciones, mientras que se atenta contra la economía y estabilidad de todo un país.
El incremento irresponsable y desmedido del SMLV es otro engaño de la izquierda que llegará con fuerza a ilusos e indiferentes, pues como dice el refranero popular ‘Esto es pan para hoy y hambre para mañana’, y lo triste es que quienes serán más afectados por las consecuencias de esta tarambana son los trabajadores, y en especial los más vulnerables, pues el costo de la vida se incrementará desaforadamente; los colombianos no se pueden dejar engañar, ya que este aumento de salario no busca favorecer al proletariado, sino que es una artimaña del progresismo para mantenerse en el poder comprando el voto de quienes hoy se creen favorecidos.
Fenalco decidió no participar en la mesa de concertación del salario mínimo que preside el Gobierno al considerar que no existían las condiciones que permitieran una deliberación con rigor técnico y responsable, lo cual se confirmó con lo que podría llamarse una ‘actuación teatral amañada’, pues el Ejecutivo declaró unilateralmente un aumento que hasta sobrepasa las máximas aspiraciones de las centrales obreras que rondaban el 16 %. Esta medida es muy similar a la que tomó Chávez en 2008, cuando ordenó el incremento del salario mínimo en un 30 %, produciendo un espejismo en sus seguidores y el descalabro de la economía del vecino país, empleando el mismo discurso que hoy impulsa el Gobierno hablando de justicia social y dignidad para el trabajador, pero realmente va en búsqueda de réditos políticos.
El instinto de supervivencia de la izquierda está invertido, pues las amargas experiencias de otros países afectados por el socialismo del siglo XXI, como Venezuela, no le sirven de ejemplo para buscar la superación de las dificultades de un proletariado que han conquistado con una dialéctica engañosa. Debido al incremento de 30 % del salario mínimo, Chávez tuvo que hacer una devaluación drástica del Bolívar, creando dos niveles de cambio: uno con más de 20 % de afectación y el otro con el 100 %; estas decisiones autoritarias afectaron de tal forma la economía de ese bello país, que para 2025 la devaluación es del 82,7 %. Parece que el progresismo busca hacer lo mismo con Colombia para dominarla por el estómago, por el hambre que va a causar la autocrática decisión de incrementar descomedidamente el SMLV.
El impacto de esta imposición política populista causará un descalabro en la economía del país, aumentará el déficit fiscal en muchos billones, crecerá la inflación, subirán los costos de producción y, por consiguiente, se dispararán los precios de la canasta familiar afectando a las familias de menores ingresos. Pero el mayor problema estará alrededor del empleo ya que se generarán muchos despidos, se incrementará el empleo informal, se empleará a muchos con salarios inferiores al SMLV, se afectará a miles de trabajadores en el servicio doméstico y en el sector de la vigilancia, disminuirá la producción, crecerá la pobreza y por consiguiente se impactará la calidad de vida de los colombianos.
Esta errada estrategia de la izquierda también influirá en un mayor precio de los combustibles, de las tarifas del transporte público y de carga, en el valor de los peajes, en las tasas de interés del Banco de la República, en el incremento del valor del crédito impidiendo que muchos tengan acceso a su propia vivienda. Parece que la estrategia es clara: empleando todas las formas de lucha, como reza el “catecismo comunista”, afectar la situación macroeconómica del país para generar el caos, declarar una ‘conmoción interior’ para justificar una asamblea constituyente que les permita refundar la República según los intereses del comunismo internacional, colocando en el poder al heredero ‘fariano’.
Con las decisiones arbitrarias del Gobierno, que solo buscan votos, se le está dando ‘un golpe rastrero’ a la democracia; es difícil comprender cómo muchos de los más vulnerables se venden por un plato de lentejas y se dejan convencer por un discurso populista lleno de odio, pronunciado por quienes realmente les están causando un daño irreparable. Frente a esta guerra ideológica impulsada por la izquierda se requiere mostrar al mundo los perjuicios y la opresión que causa el radicalismo del comunismo en cualquier nación. La democracia no es perfecta, pero no existe otra forma de mantener las libertades.









