OPINIÓN

Alberto Donadio

Honrar a tu padre

Hay un verdadero quién fue quién en Barranquilla en las páginas que escribió Antonio Celia Martínez-Aparicio, que fue presidente de Promigás de 1992 a 2018 y recibió la Cruz de Boyacá.
7 de febrero de 2026, 4:37 a. m.

Las fotografías son un centenar, en un libro de 300 páginas. Atraen al instante a los lectores de esta obra sobre la vida de Tonino Celia, escrita por su hijo Antonio Celia Martínez-Aparicio. Las estupendas fotografías, muchas de página entera, sobre una familia italiana que se asentó en Colombia hace más de 100 años, surten el mismo efecto de estar ante los viejos álbumes de la familia.

El abuelo del autor, también llamado Antonio Celia, inició Faitala en 1916, la Fábrica Italiana de Calzado, con Biagio Barletta. Ambos nacieron en Calabria, en un pueblo llamado Morano Calabro. La Faitala fue una de las empresas más importantes de Barranquilla en su época; producía 5.000 pares de zapatos al mes. El abuelo tuvo un hijo en 1932. Bautizado Cayetano Antonio Celia Cozzarelli, lo llamaban Tonino. Con toda razón, él sentó su protesta: “Yo no me explico por qué siendo el nombre de mi abuelo paterno Gaetano, un nombre armonioso, tuvieron que traducirlo al español y convertirlo en el horrible Cayetano”.

El momento estremecedor de la vida de Tonino ocurrió cuando tenía 8 años. Regresaba en enero de 1940 de un viaje a Italia con su hermana y sus padres en el transatlántico Orazio, que había zarpado de Génova hacia Suramérica. Frente a las costas francesas se produjo una explosión en el cuarto de máquinas, que provocó un pavoroso incendio. “A eso de las 12 de la noche, cuando regresábamos de ver cine, ya en los grifos no salía agua, sino un fuerte olor a quemado”, recordó Tonino. Los Celia y otros viajeros se refugiaron en el comedor, hasta cuando el piano se soltó de sus amarras y por los fuertes movimientos del barco empezó a embestir a los pasajeros. “El padre Bernardo Andrade, jesuita misionero en China, se lanzó heroicamente al fuego para salvar a un niño. Logró salvarlo, pero él pereció con su sotana envuelta en llamas”, rememoró Tonino. Bernardo Andrade Valderrama había viajado de China a Génova en barco y continuaba el periplo para celebrar en Bogotá el matrimonio de una sobrina. Tonino, su hermana y su padre fueron rescatados y llevados a Génova, pero no tenían noticia de su madre. Cinco días después llegaron a Génova los pasajeros rescatados y llevados inicialmente a Marsella. Recordó Tonino: “Vimos una señora vestida de negro y lentes oscuros. La traían prácticamente cargada dos marinos. Estaba de luto, pues decía haber perdido a toda su familia. Era mi madre”.

Después de estudiar en el Colegio Biffi, Tonino cursó en 1949 un año de Ingeniería Química en la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín. Allá, como en el Mediterráneo, también estuvo a punto de perecer. Una explosión de potasio lo lanzó al piso, exangüe. No perdió el ojo derecho por la intervención tempestiva de un profesor barranquillero, Augusto Karpf, que pasaba por el laboratorio. Abandonó la carrera y se marchó a estudiar administración de empresas en Columbia University en Nueva York. Al regresar a Barranquilla se dedicó a los negocios de calzado de su padre. Se casó en 1955 con Cecilia Martínez-Aparicio, hija del propietario del otrora periódico conservador de Barranquilla, La Prensa. De novios ella le pidió que no le escribiera cartas. No se quería decepcionar, pues tres pretendientes anteriores le escribían con faltas ortográficas. Aunque tenía buena ortografía, Tonino cumplió la orden.

Las fotografías son la seducción inicial de este volumen, pero las historias de otros italianos de Barranquilla –Volpe, Nicolella, de Caro, Marino, Faillace, Cambieri, Nascimbene–, de otros extranjeros, y el retrato de la ciudad a través de barrios, clubes, familias, colegios, estadios, médicos, cines, locutores deportivos, hacen de esta publicación un testimonio histórico que trasciende el propósito encomiable de honrar la memoria del padre, Tonino Celia. Hay un verdadero quién fue quién en Barranquilla en las páginas que escribió Antonio Celia Martínez-Aparicio, que fue presidente de Promigás de 1992 a 2018 y recibió la Cruz de Boyacá. Buen olfato periodístico revela el autor, porque los relatos y las viñetas están acompañados de abundantes detalles, bien sea que se ocupe de los paquitos o cómics, de las casas del barrio El Prado o de los sábalos, pargos, róbalos, toyos, jureles y sierras que Tonino pescaba cuando ya jubilado compró una casa frente al mar en el corregimiento de Salgar en Puerto Colombia. Estos pormenores acercan al lector a Tonino, que falleció en 2018. Todo tema da tema, decía Eduardo Santos, el director-propietario de El Tiempo. La máxima se cumple en este libro entrañable, que hará sucumbir en la añoranza del padre a más de un lector. Antonio Celia Martínez-Aparicio, A orillas del mar de Salgar, la vida de Tonino Celia (Editorial Maremágnum, 2024).