OPINIÓN

Alejandra Carvajal

Irán, Colombia, Hezbolá

¿Por qué no existe una condena explícita por parte del Gobierno colombiano frente a los atroces hechos ocurridos recientemente en ese país?
13 de enero de 2026, 10:57 a. m.

El régimen de Irán, las últimas semanas, se ha dedicado a masacrar miles de sus ciudadanos. Los hospitales no dan abasto y, de acuerdo a fuentes médicas, los muertos se cuentan por miles.

El problema de Irán no es solo que sea una dictadura, su problema radica en que cercena los derechos de sus ciudadanos, muy especialmente de las mujeres. Este Estado fundamentalista es comparable con una organización transnacional criminal, con múltiples sucursales.

Hezbolá, una facción fundamentalista terrorista islámica, es uno de sus principales emisarios. Se esparce con fluidez en Medio Oriente generando zozobra entre sus ciudadanos. Miles de asesinatos, atentados terroristas, así como el crimen organizado, se han desplegado desde sus comandos centrales.

En América Latina se han desplegado con relativa facilidad. Varios gobiernos amigos de la dictadura chavista en su momento les abrieron las puertas de par en par. Lo mismo sucedió posteriormente con la llegada de Maduro al poder.

Colombia era un país en el que Hezbolá no tenía presencia, hasta que Gustavo Petro llegó al poder. En Venezuela, sabemos que a miembros de esta organización criminal por años se les dio pasaporte diplomático, y gracias a él entraban a Estados Unidos con facilidad. En Colombia, el silencio de la Cancillería, aunado al de la Casa de Nariño, generan suspicacias, ¿ también se habrán emitido pasaportes a miembros de esta organización criminal desde Colombia?

Esta probado por parte de la inteligencia militar colombiana que han sido miembros de Hezbolá quienes entrenaron al ELN y las Farc en el uso de drones para atacar a nuestra Fuerza Pública. Decenas de policías, soldados y civiles inocentes, entre ellos niños, han fallecido como consecuencia del sofisticado entrenamiento en drones dado por esta organización criminal de origen iraní.

La policía y la inteligencia británica, así como la de otros países europeos, han logrado demostrar ampliamente los nexos entre esta organización terrorista fundamentalista islámica y el narcotráfico en Colombia, pues en nuestro territorio nacional iniciaba el viaje de toneladas y toneladas de cocaína que pasaban por Venezuela hasta llegar a Europa, cargamentos que estaban a nombre de Hezbolá. Sus arcas se han enriquecido por años gracias al narcotráfico.

En América Latina los movimientos delincuenciales del régimen iraní no han sido pocos. Se sabe que desde la Embajada de Irán en México se fraguaban asesinatos y atentados, lo cual fue revelado por la policía de ese país, junto a agencias de inteligencia estadounidenses.

En Venezuela, apoyaban la dictadura de Maduro; en Colombia, incluso tuvieron una sede abierta en Bogotá en el barrio Nicolás de Federman y se sabe que en Cundinamarca tienen presencia en varios municipios. Lo mismo sucede en la Costa Caribe, donde incluso tienen una ONG en la que manejan inmensos recursos. Todo esto ha sido documentado por la Policía, así como por periodistas, los cuales han sido amenazados en ciudades como Santa Marta por indagar y escribir en medios regionales sobre ello.

A propósito del aumento de la presencia de Hezbolá en Colombia, uno de los primeros actos de la Cancillería colombiana, al día siguiente de posesionarse el Gobierno Petro, fue el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Irán. Eso me recuerda cómo hace pocos meses, en una entrevista para la radio en Colombia, oí cómo un hombre en ese país informaba a la opinión pública haber escrito un libro sobre Petro, pues un amigo suyo iraní que vivía en Colombia le había hablado maravillas del presidente de la República. Por esos días, el presidente de Colombia se jactaba de la existencia de ese libro, diciendo además qué había vendido millones de copias, eso a pesar de que el autor del libro había manifestado en la entrevista en radio a la que me refiero, que no había empezado a venderse, pues apenas lo estaban diagramando.

Hasta el momento, el Gobierno colombiano no ha lamentado la muerte de miles de personas en las protestas de las últimas semanas en Irán. Para la Cancillería nada ha pasado. Es un hecho que no debe condenarse, al parecer esas vidas no representan ninguna utilidad en su espectro geopolítico, como si lo representó la captura de Nicolás Maduro.

¿Quién estará financiando los libros en honor a Petro en farsi? ¿Con qué fines lo hacen? ¿Lo harán los narcotraficantes de Hezbolá? ¿O quizás los terroristas que entrenan a las guerrillas colombianas en el manejo de drones para que asesinen civiles inocentes? O de pronto, ¿aquellos a los que se les dio pasaportes como si fueran colombianos?

La gran incógnita que sigue existiendo es ¿por qué el Gobierno colombiano sigue sin condenar la masacre en Irán de miles de civiles desarmados, entre los que se encuentran niños?

Ojalá pronto caiga la dictadura en Irán. Seguirán sus amigos en América Latina y en el mundo.