Hace pocos días se celebró el día de San Valentín, que es semejante al Día del Amor y la Amistad que celebramos en Colombia en septiembre. Dicho esto debo decir que Cupido se apoderó de mí e hizo de las suyas. Me hizo enamorarme mucho, mucho, de la Gran Consulta por Colombia, que tendrá lugar el próximo 8 de marzo.
Esta Gran Consulta me enamora, pues nos muestra que en Colombia tenemos unos liderazgos que deben ser reconocidos. Espero que de este grupo salgan unos liderazgos fortalecidos, pues todos en equipo, con su experiencia y dedicación así como por el inmenso amor que profesan por el país, harán una labor extraordinaria en beneficio de la nación, con absoluta certeza.
Espero que Colombia despierte y analice las propuestas de este muy interesante grupo de candidatos. Es importante que cada uno de nosotros estudie a profundidad y con responsabilidad las propuestas de cada uno, más allá de dejarse llevar por las emociones que pueden generar videos realizados por la inteligencia artificial y sus bots. Espero que los colombianos tomemos una decisión firme y responsable, reflexiva pero sobre todo bien informada.
Lo que está en juego no es nada más ni nada menos que el futuro de Colombia, por eso es tan importante utilizar las herramientas que en democracia nos hemos ganado en una de nuestras grandes conquistas como nación, como lo es la Constitución de 1991. Una de ellas es la consulta, como mecanismo de participación, la cual genera un debate político que tiene como finalidad elegir la mejor propuesta, fomentando que cada candidato haga lo suyo, se acerque a la ciudadanía, muestre sus programas, y asimismo, sea esta también una oportunidad para acercar distintos liderazgos a la ciudadanía.
Colombia está cansada del continuismo del Gobierno Petro, por esa razón su voto el 8 de marzo por La Gran Consulta será una demostración de ese malestar popular, del querer generalizado porque las cosas cambien para bien y así evitar la continuación de este desgobierno, que tanto ha dañado a nuestra democracia y que ha contribuido enormemente a la erosión de nuestras instituciones, así como al desfalco de nuestras finanzas públicas.
Los colombianos estamos cansados de la corrupción, mentiras y escándalos de la administración Petro. También de que en Washington reciban a nuestro primer mandatario por la puerta de atrás de la Casa Blanca, y que luego eso sea convertido en un éxito de la administración Petro. El rompimiento de relaciones diplomáticas con Israel es otro punto que hay que analizar, siendo esta unión crucial para robustecer a nuestras Fuerzas Militares y de Policía. Genocidios como el de Irán debe ser condenados, y no aplaudidos por el Gobierno, que con su silencio apoya esta clase de regímenes autoritarios.
Hay una luz de esperanza gigante, y es esa para mí la Gran Consulta, donde líderes de distintas facciones de Colombia se harán contar con el fin de que, luego de que se determine un ganador, luchen de manera conjunta con el fin de trabajar por un proyecto común, que no es otro que derrotar al petrismo en las próximas elecciones y hacer que Colombia retome el rumbo, uno que se perdió por cuenta de no tener un capitán al frente del barco.
Por eso, invito a todos los colombianos a enamorarse de esta consulta, a verla como una oportunidad única para hacer oír su voz y para contribuir a la construcción de un futuro mejor. La Gran Consulta es un llamado a la acción, a la esperanza y a la fe en que, juntos, podemos transformar a Colombia.
La Gran Consulta del 8 de marzo es mucho más que una fecha en el calendario electoral. Es un símbolo de la democracia viva, un mecanismo constitucional que nos invita a participar, a decidir y a soñar con un país mejor. Aprovechémosla con pasión y compromiso, porque en cada voto está el poder de construir la Colombia que todos anhelamos.
¡Enamórense como yo! ¡Volvamos a soñar! ¡Luchemos juntos por una Colombia más libre, más próspera y más justa!










