Valentina tiene 17 años. Cumple la mayoría de edad en este 2026. Hace apenas cinco meses nació su hijo Dominic, quien se convirtió en su motor, su principal motivo para salir adelante. Es bogotana y vive en la comuna 1 de Soacha junto con su mamá y sus abuelos. Es la mayor de tres hermanos.
Y si todo sigue como hasta ahora, en tres años se convertirá en la primera profesional de su familia, un objetivo que la ilusiona y la llena de orgullo.
Todo comenzó en diciembre de 2024, cuando recibió una noticia que le cambió la vida: fue seleccionada como una de las beneficiarias del programa Jóvenes a la E Regional, liderado por la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca junto a la Agencia Distrital para la Educación Superior, la Ciencia y la Tecnología (Atenea) y la Alcaldía de Soacha, un proyecto pensado para beneficiar a más de 200 jóvenes con educación gratuita en carreras afines a la seguridad alimentaria.
Gracias a esta oportunidad, Valentina cursa tercer semestre de Administración de Agronegocios en el Politécnico Gran Colombiano, pues su sueño es trabajar en una empresa o entidad que promueva el desarrollo en el campo. Ella espera colgar el diploma en la sala de su casa, junto a sus fotografías de grado del colegio.
Esta joven me recuerda que la educación es la mejor herencia que se les puede dejar a los hijos, proceso que debe ir de la mano con un acompañamiento constante colmado de valores y otras virtudes, todo desde el ejemplo.
La apuesta por la educación debe adecuarse a las necesidades de los jóvenes e incluir programas atractivos y acordes a la oferta laboral. En el caso de Valentina, la modalidad virtual de estudio le ha ayudado a cumplir su rol como mamá presente e, incluso, ya realizó las primeras pasantías en la Gobernación de Cundinamarca, experiencia que le servirá a la hora de conseguir trabajo.
Sin duda, la educación impulsa la inclusión social y el desarrollo económico y, en ese propósito, la unión de esfuerzos entre entidades territoriales, empresas, universidades e instituciones técnicas es fundamental. En todo el país, y en el caso de Bogotá y Cundinamarca, la promoción del acceso y permanencia en la educación posmedia, es decir, la que sigue después del colegio (incluye educación universitaria, tecnológica y técnica profesional), favorece el cierre de brechas, la generación de redes de conocimiento y la economía a partir de la potenciación de sectores estratégicos, como la agroindustria, el textil y el turismo, entre otros, promoviendo un crecimiento más diversificado.
Según el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) del Ministerio de Educación, en Colombia hay 316 Instituciones de Educación Superior, 286 de ellas en Bogotá. Y de acuerdo con el informe diagnóstico del estudio de caracterización de la educación posmedia en Cundinamarca, desarrollado en el marco del contrato con la Financiera de Desarrollo Nacional y ejecutado por UrbanPro para la Gobernación del departamento, se identificaron más de 31 Instituciones de Educación Superior, de las cuales el 38,5 % son privadas y el 61,5 % son públicas, con un total de 400 programas activos de educación superior que cubren en total 39 municipios.
El 53,5 % de los programas se concentra en las zonas de Sabana Centro y Occidente y la concentración de la oferta académica fuera de Bogotá está distribuida de la siguiente manera: 27,7 % en Chía, 12,4 % en Girardot, 10,6 % en Soacha, 8,5 % en Fusagasugá y 8,2 % en Mosquera. Dicha oferta se concentra en áreas como Administración y Derecho (42 %), seguida de Ingeniería, Industria y Construcción (15,6 %), Educación (8,3 %), Tecnologías de la Información y la Comunicación (7,5 %) y, por último, Agropecuario (6,8 %).
Lamentablemente, en materia de educación posmedia, no todos los jóvenes tienen la oportunidad de estudiar como Valentina, y las causas son múltiples, como la falta de recursos. Por eso, hay que apoyarlos.
Otro motivo de preocupación tiene que ver con aquellos que no continúan sus estudios. De acuerdo con un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), presentado el año anterior, para 2022 apenas el 16 % de los estudiantes universitarios se graduaban en el tiempo previsto (el promedio de los países de la Ocde fue de 43 %) y el 22 % abandonaban sus estudios en el primer año, frente al 13 % del promedio Ocde.
En el caso de Cundinamarca, según el Sistema para la Prevención de la Deserción de la Educación Superior (SPADIES) del Ministerio de Educación Nacional, para 2022 la tasa de deserción anual de educación superior en Cundinamarca fue de 6,1 %. En el caso del nivel universitario, esta tasa ascendió a 24,3 %, para nivel técnico a 28,4 % y para nivel tecnológico, a 15,6 % en ese mismo año.
Respecto de Bogotá, según el informe de Global Opportunity Youth Network (GOYN Bogotá), para 2021, el porcentaje de estudiantes que no finalizó los programas fue del 58,6 % en nivel técnico profesional; 60,1 % en tecnológico, y 46,9 % en universitario.
Estas cifras deben marcar el desarrollo de estrategias que contemplen ofertas de calidad y pertinentes, y que se adapten no solo a las dinámicas del mercado, sino al sentir de los jóvenes que necesitan orientación desde el colegio.
Por todo lo anterior, se hace urgente establecer una agenda conjunta para que los jóvenes puedan ingresar a la educación superior (más de 7.500 se graduaron como universitarios y más de 18.400 como tecnólogos en Cundinamarca en 2024, según el SNIES). Y desde la Región Metropolitana estamos trabajando para contribuir a este propósito con la formulación de un nuevo hecho metropolitano.
El objetivo es que más jóvenes, como Valentina, logren convertirse en los primeros profesionales de sus familias, pero no en los únicos.
