OPINIÓN

Marc Eichmann

La prueba catalana del petrosantismo

Colombia necesita alternativas serias, claridades programáticas y compromiso con la institucionalidad.
3 de febrero de 2026, 11:00 a. m.

La conexión catalana que mencioné en mi columna del 25 de febrero del año pasado vuelve a ocupar titulares. Quién, sino Roy Barreras, podría repetir itinerarios ya transitados por Gustavo Petro y Juan Manuel Santos al anunciar en un trino la renovación de su equipo: “He reforzado mi equipo de estrategas en esta recta final para ganar la consulta presidencial progresista el 8 de marzo. Al equipo que ha dirigido Ángel Becassino (Petro 2018/Rodolfo 2022) se suman a partir de hoy Antonio Solá (Santos II); Xavier Vendrell (Petro 2018 y 2022) y Marco Cartolano (estratega de comunicación digital, documentalista). Nos une a todos el propósito de frenar la ola de derecha autoritaria y garantizar un gobierno progresista en Colombia” (sic).

Antes de analizar esta noticia, conviene precisar que Barreras competirá —si lo permite el CNE— en la consulta del Frente Amplio junto a Iván Cepeda, la esposa de Daniel Quintero, Juan Fernando Cristo y Camilo Romero: una muestra heterogénea de la izquierda petrista, del santismo y del oportunismo político. Ante ese panorama, ¿quién puede negar la existencia de un petrosantismo? Mismos asesores, similar consulta y candidaturas que orbitan dentro de la misma corriente. Movimientos que prosperan a media luz, sin declaraciones claras ni responsabilidad pública, retornan al esquema del ‘tú me apoyas, yo te apoyo’ que ya vimos en la elección que llevó a Petro a la Alcaldía de Bogotá y en la reelección de Santos.

Aunque Santos y Petro se miren con recelo, comparten prácticas y decisiones cuestionables. Santos desafió el sentir mayoritario nacional con su plebiscito; Petro, con un endeudamiento público sin precedentes, exhibe políticas que presagian tormenta económica e institucional. Uno hipotecó el futuro de la justicia y la reparación; el otro amenaza la coherencia de nuestras instituciones.

Queda por dilucidarse en este juego de póker político, tan querido por el doctor Santos, qué mano le tocó a Sergio Fajardo, a quien conocí en su etapa como gobernador de Antioquia. ¿Será suficiente su sentido común, su énfasis en la gestión y su perfil moderado para construir un Estado eficiente, sin privilegios para pocos —como la cúpula guerrillera en el periodo de Santos o los grupos al margen de la ley bajo el influjo de Petro—? ¿Su juicio será firme o flaqueará ante las presiones políticas?

Lo que sí resulta patente es la tonalidad populista de varios postulantes del Frente Amplio: discursos confrontacionales que buscan capitalizar el descontento y fracturar el consenso nacional. Roy Barreras e Iván Cepeda han asumido un relato de resentimiento dirigido contra una supuesta ‘oligarquía criminal’; Gustavo Petro, por su parte, apela hoy al voto inmediato con reformas que, a la larga, podrían debilitar los controles institucionales.

Ante la disyuntiva de votar por Cepeda, Barreras o Cristo, me inclino por cualquiera menos el primero. No obstante, esa preferencia no borra el riesgo de que los demás representen más de lo mismo, si el petrosantismo, en efecto, es ya una realidad cohesionada.

Colombia necesita alternativas serias, claridades programáticas y compromiso con la institucionalidad. Sólo así podremos evitar que el país sea rehén de alianzas tácticas y de una gestión pública sometida a intereses particulares.