OPINIÓN

Jorge Enrique Vélez

La unión de la oposición por Colombia

El reto ahora es la unidad absoluta; solo un candidato único permitirá ganar en primera vuelta frente a un gobierno que hoy flaquea ante la inflación, el desempleo y la inminente alza de la gasolina por la crisis global.
11 de marzo de 2026, 12:00 p. m.

Los resultados del pasado domingo no pueden calificarse de otra forma que como históricos. La “Gran Consulta por Colombia” ha dado un golpe de autoridad, desestimando la narrativa de quienes, desde la soberbia y encuestas hoy desprestigiadas, la tildaron burlonamente como la “consulta del 1 %”. El ciudadano de a pie ha demostrado que los procesos de elección unipersonal no pertenecen a las estructuras tradicionales ni a las imposiciones, sino a la voluntad libre de presiones.

Esta victoria no es solo de la oposición, sino también una derrota contundente para el gobierno de Gustavo Petro y sus aliados, incluyendo los sectores representados por Roy Barreras y Claudia López. La participación superó con creces los procesos previos del Pacto Histórico, dejando un mensaje claro: Colombia busca una alternativa sólida para mayo.

El camino hacia la primera vuelta exige una reflexión profunda. Figuras como Abelardo de la Espriella, quien inicialmente se mostró escéptico, deben hoy sumarse a esta unión de oposición, honrando su palabra de apoyar a quien liderara la intención de voto.

El reconocimiento es para los nueve precandidatos, desde Paloma Valencia y Vicky Dávila hasta Juan Manuel Galán y Juan Daniel Oviedo, que supieron escuchar el grito silencioso del país. El reto ahora es la unidad absoluta; solo un candidato único permitirá ganar en primera vuelta frente a un Gobierno que hoy flaquea ante la inflación, el desempleo y la inminente alza de la gasolina por la crisis global.

Tras estos resultados, es imperativo reconocer el acierto estratégico del expresidente Álvaro Uribe. El Centro Democrático se consolida nuevamente como la mayor fuerza política del país, con un crecimiento exponencial que supera los 40 parlamentarios. La realidad le dio la razón a su tesis de “desde Abelardo hasta Fajardo”, una invitación a la unidad que hoy cobra más relevancia que nunca.

El panorama para quienes rechazaron esta coalición es crítico. Sergio Fajardo, al intentar distanciarse de los extremos, terminó cosechando una derrota histórica para su equipo, viendo cómo figuras como Jorge Enrique Robledo perdieron su espacio en el Congreso. Por otro lado, Abelardo de la Espriella debe asimilar que su apuesta independiente, junto a Federico Gutiérrez y Salvación Nacional, no logró la fuerza necesaria para aspirar a una victoria en primera vuelta.

La “encuesta de carne y hueso” del domingo obliga a replantear estrategias. El éxito de Paloma Valencia, hoy posicionada como la candidata más sólida para ser la primera mujer presidenta de Colombia, junto con el fenómeno electoral de Juan Daniel Oviedo en la vicepresidencia, marca el camino.

Sin embargo, para que esta “Unión Opositora” sea invencible, no se puede dejar fuera a Abelardo ni a Fajardo; la unidad ya no es una opción, sino una obligación de cara a mayo.

La creación de una “Unión Opositora por Colombia” debe ser el mensaje central para todos los ciudadanos que no nos sentimos representados por el gobierno de Gustavo Petro. Los resultados recientes del Pacto Histórico, marcados por la influencia de la “Paz Total”, no reflejan un voto libre y espontáneo, sino una voluntad condicionada que debemos contrarrestar con una alternativa sólida y transparente.

Es el momento de dejar a un lado las diferencias menores y priorizar el bien común sobre las aspiraciones individuales. Solo mediante la unión de fuerzas lograremos el objetivo de derrotar al actual gobierno en primera vuelta. Cada colombiano debe ser consciente de que el futuro de nuestra democracia está en sus manos; la unidad no es solo una estrategia electoral, sino el escudo que protegerá el destino del país.

Los resultados electorales del pasado domingo han dejado al descubierto una desconexión alarmante entre las proyecciones de las encuestadoras y la realidad ciudadana. Es imperativo hacer un llamado a la reflexión: las encuestas no son solo ejercicios matemáticos, son herramientas que influyen en la percepción democrática y, por ende, exigen una responsabilidad ética superior.

Para recuperar la confianza perdida, el sector debe someterse a una autorreflexión profunda. Esto solo se logra con una transparencia absoluta en las metodologías, claridad en las fuentes de datos y la eliminación de sesgos que nublan la imparcialidad. Los colombianos necesitamos análisis que vayan más allá de las cifras y que logren interpretar la verdadera temperatura política del país.

De cara a la primera y segunda vuelta, tienen la oportunidad de rectificar. Señores encuestadores: es hora de actuar con la integridad y el profesionalismo que la democracia colombiana les demanda.