El próximo 8 de marzo se celebrarán las elecciones más importantes de los últimos años en nuestro país. Desde el inicio de la campaña presidencial, los sondeos han mostrado una tendencia contundente: un empate sostenido en el primer lugar, tanto en primera como en eventual segunda vuelta, entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda.
No obstante, hay un elemento que parece claro a la luz de las más recientes encuestas: ninguno de los dos tendría la posibilidad de imponerse en primera vuelta. El escenario apunta a una segunda vuelta inevitable.
A esto se suma una decisión estratégica que llama la atención: ambas campañas han optado por concentrarse exclusivamente en sus bases más fieles, restándoles relevancia a las consultas y a los sectores independientes. En mi análisis, ese electorado es determinante para cualquier aspiración real de crecimiento.
Para superar el techo cercano al 30 % que hoy marcan las encuestas, cualquier candidato deberá ir más allá de su base tradicional y ampliar su mensaje hacia sectores independientes y nuevos electores. Solo construyendo puentes y sumando apoyos podrá romper la barrera del 40 % antes de marzo y consolidar una ventaja verdaderamente competitiva.
Quien aspire seriamente a llegar a la Presidencia debe comprender que la estrategia no puede limitarse al núcleo propio. El camino pasa por respaldar y articularse con las consultas de quienes pueden convertirse en aliados estratégicos: algunos desde la primera vuelta y otros, de manera decisiva, en la segunda. La construcción de mayorías comienza antes de la elección definitiva.
A ello se suma un elemento fundamental: la construcción de mayorías en el Congreso de la República, condición indispensable para garantizar gobernabilidad.
Quizás el dato más determinante de las últimas encuestas es el crecimiento del voto en blanco, nulo e indeciso. En un eventual enfrentamiento entre los dos líderes, esa franja ronda el 40 %, lo que demuestra que una gran parte del electorado aún no se identifica con ninguno y que la segunda vuelta es, hoy, prácticamente inevitable.
Por eso el 8 de marzo será clave: comenzará a definir el rumbo de la primera vuelta y quiénes llegarán fortalecidos a la definitiva en junio. Con el número de candidatos en el tarjetón y las tendencias recientes, acentuadas tras la decisión del CNE sobre la consulta de marzo, ningún aspirante alcanzaría la mayoría en primera vuelta.
Lo que sí reflejan con claridad las encuestas es que, en la elección del Congreso, las mayorías estarían del lado de los partidos de oposición al actual gobierno.
Paradójicamente, esas mismas mediciones señalan que el Pacto Histórico podría obtener el mayor número individual de curules, en contraste con el evidente debilitamiento de los partidos que integran la alianza que respaldó y llevó al poder al actual presidente, y que han acompañado las cuestionadas políticas de la llamada paz total, bajo cuyo liderazgo el país atraviesa una compleja situación social y económica.
La encuesta de Atlas Intel, publicada el fin de semana anterior, que no es otra cosa que la fotografía del momento actual, indica que la oposición no solo alcanzaría mayorías en el Congreso, sino que también se impondría en la gran consulta de centroderecha frente a la consulta de la izquierda, liderada por Roy Barreras y Claudia López. Ese escenario le garantizaría a Abelardo de la Espriella un lugar en la segunda vuelta.
Si se quieren convertir en votos reales las mayorías que hoy muestran las encuestas, los candidatos a la Presidencia y al Congreso que no han respaldado al actual gobierno deben ajustar su estrategia: convocar masivamente a la gran consulta y apoyar las listas de oposición.
Ese electorado será decisivo en segunda vuelta y definirá el resultado. Según la fotografía actual, el favorecido podría ser Abelardo de la Espriella. Incluso, dado el techo que hoy reflejan las encuestas para el candidato del gobierno, no se puede descartar una segunda vuelta entre dos aspirantes de oposición, en un país donde más del 60 % expresa una posición crítica frente al gobierno actual.
En los últimos días, he visto circular una frase recurrente entre seguidores de Abelardo de la Espriella: “No bote su voto votando por la gran consulta”. Ese mensaje podría convertirse en uno de los mayores errores estratégicos de la campaña del “tigre”.
Su candidatura ha sido exitosa precisamente por su condición de outsider y por haber logrado conectar con un electorado inconforme. Pero insistir en ese tipo de consignas transmite la idea de división y de falta de vocación unitaria de cara a una segunda vuelta, justo cuando las encuestas muestran que el escenario es altamente competitivo.
Si algo quedó claro de cara al 8 de marzo, especialmente después de la decisión que impidió que Iván Cepeda participara en la consulta del Frente por la Vida, es que el petrismo y sus aliados llegarán profundamente divididos a la primera vuelta. En el tarjetón aparecerán varios nombres que comparten electorado y que, en su mayoría, han sido aliados o funcionarios del actual gobierno, junto con otros dirigentes de izquierda y centroizquierda que buscarán los mismos votos.
Entre ellos estarán Iván Cepeda, Roy Barreras (quien podría imponerse en la consulta de la izquierda), Claudia López, Clara López, el excanciller Murillo, Luis Carlos Reyes, Sergio Fajardo, desde la centroizquierda; además de los exministros Mauricio Lizcano y Juan Fernando Cristo, y otros aspirantes que podrían inscribirse en los próximos días.
Esta fragmentación podría incluso poner en riesgo el paso de Cepeda a la segunda vuelta. Si Roy Barreras y su consulta superan el millón y medio de votos, un escenario perfectamente viable, el mapa electoral cambiaría significativamente. Vale recordar que, en las elecciones internas de octubre, con apenas cerca de 20 mil mesas instaladas, Cepeda alcanzó alrededor de un millón y medio de votos. En marzo habrá más de cien mil mesas, en una jornada abierta y concurrente con elecciones al Congreso, lo que amplía considerablemente el potencial de participación.
En este contexto, promover la abstención en la consulta en lugar de incentivar la participación podría terminar debilitando las opciones estratégicas de quienes hoy lideran las encuestas.
Una situación distinta es la que hoy muestran los candidatos de la oposición, especialmente quienes integran la gran consulta. Como lo han demostrado en los debates realizados a lo largo del territorio nacional, aun teniendo diferencias ideológicas, han logrado construir día a día una coalición sólida y cohesionada.
Esa actitud de diálogo y trabajo conjunto les ha permitido ganar credibilidad y respeto ante la opinión pública, al enviar un mensaje claro: están dispuestos a anteponer el interés del país a las diferencias individuales. Así lo reflejan también las últimas encuestas, que evidencian un crecimiento sostenido y una mayor atracción del voto indeciso, precisamente por ese espíritu patriótico de colaboración.
Hoy, quienes hacemos parte de la oposición debemos hacer un llamado a Abelardo de la Espriella, a los candidatos de la gran consulta y a las listas al Congreso que representan una alternativa al actual gobierno, para que trabajemos unidos por un mejor futuro para Colombia.
La unidad es la clave. Unidos podemos derrotar al actual gobierno y cambiar el rumbo del país. Unidos podemos ofrecer una alternativa real, seria y efectiva para los colombianos. Unidos podemos construir una nación más justa, próspera y segura.
Lo más claro hoy es que a la mayoría de los colombianos nos une el propósito de corregir el rumbo y superar el proyecto político que hoy gobierna. Las nuevas generaciones esperan coherencia, madurez y unidad. Y ese objetivo comienza a concretarse el 8 de marzo, con un triunfo contundente de las mayorías de la oposición en el Congreso y con un resultado histórico en la gran consulta.









