El futuro del país se define en pocas semanas y los colombianos deben decidir, después de la amarga experiencia vivida con el Pacto Histórico, si cambian de un gobierno controlado por el M-19 a un gobierno dominado por las FARC o si, por el contrario, los votos de los electores sensatos y realistas permiten la llegada de un gobierno que respete la democracia, las libertades y favorezca la prosperidad de todos los ciudadanos.
Existe un numeroso abanico de aspirantes a congresistas para el período 2026-2030, lo cual se definirá en las elecciones parlamentarias del 8 de marzo; hay un total de 3.231 candidatos (1.124 para senado y 2.107 para cámara) que buscan llenar 103 escaños en el Senado y 183 en la Cámara de Representantes. Esta elección es fundamental para la elección presidencial del 31 de mayo, pues el peso de los electores dependerá de la gestión de los congresistas en funciones.
El heredero de los ‘progres’, delfín de la subversión y beneficiario de la confianza de alias Calarcá ha manifestado sus temas centrales ante un eventual gobierno, los cuales reflejan la continuidad de las nefastas políticas de la actual ideología ‘progre’, especialmente haciendo gala de una narrativa engañosa que esgrime, principalmente, la justicia social, la consolidación de la paz y la transformación del Estado; es el mismo discurso que ha empleado el actual Gobierno, pero que no ha logrado imponerlo.
Este personaje habla de una revolución ética donde destaca dos elementos centrales: la lucha contra la corrupción y el respeto por la vida, temas en los cuales el actual Gobierno se destaca como campeón de los escándalos y del saqueo de las arcas del Estado, así como en el fortalecimiento de los grupos narcotraficantes que minuto a minuto bañan de sangre a las familias colombianas. La violencia se disparó en 2025 y se reporta el asesinato de 202 uniformados y la ocurrencia de tres homicidios cada dos horas.
La izquierda insiste en implantar una nueva constituyente que le permita refundar el país, instaurar legalmente el comunismo, establecer un nuevo modelo económico, generar con el proletariado unas bases que soporten la nueva ideología política, crear unas nuevas Fuerzas Armadas totalmente politizadas para que protejan a las cúpulas políticas y rechacen cualquier manifestación contraria a la doctrina del partido.
Bajo el nuevo esquema político los zurdos impondrán a la fuerza las reformas sociales que se ha demostrado son contrarias al bien común como la pensional, la laboral y la de salud, posiblemente argumentando que buscan mayor equidad, pero no reconocen, por ejemplo, que el sistema de salud lo fracturaron con las colas interminables, las citas especializadas a los cuatro o cinco meses y las medicinas totalmente ausentes, al afectar especialmente a las enfermedades huérfanas y amenazar la vida de muchos pacientes.
La izquierda sigue esgrimiendo la paz total como caballito de batalla y, aunque el actual gobernante prometió acabar con el ELN en los tres primeros meses de su Gobierno o si no renunciaba, el pueblo colombiano sigue esperando que cumpla su promesa de dar un paso al lado, ya que, por el contrario, el ELN y otros grupos de bandoleros se fortalecieron y continúan asesinando, impulsando el narcotráfico y convirtiéndose en una amenaza para la seguridad del Estado.
Un nuevo Gobierno sin orientación comunista seguramente recuperará las capacidades de las Fuerzas Armadas para combatir eficientemente las amenazas a los colombianos, aprovechará la recuperación de Venezuela para impulsar el desarrollo, generar empresa y promover el empleo de forma tal que permita mejorar la calidad de vida en los 52 millones de habitantes, fortalecer la posición del país en los mercados internacionales y mejorar las relaciones exteriores.
Las urnas nos darán la libertad y el orden que se requieren para hacer de Colombia un gran país. No faltemos a nuestro deber de votar en las dos elecciones.










